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Quadratin 22 Mar, 2026 09:18

Dignómetro, frente a la deuda de las trabajadoras del hogar

OAXACA, Oax. 22 de marzo de 2026.- Inscripción al IMSS, contrato por escrito, pago puntual y salario justo, aguinaldo, vacaciones y prima vacacional, horario fijo y respetado, pago de horas extra, poder comunicarte con tu familia, no realizar tareas peligrosas… parece un sueño -y lo es- para muchas trabajadoras del hogar, que aún no alcanzan el nivel que el Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar (CACEH) clasifica como trabajo plenamente digno. La escala está incluida en el dignómetro, una herramienta pedagógica que busca medir las condiciones reales de trabajo en los hogares, explica Marcelina Bautista, directora y fundadora de este centro con más de dos décadas de lucha.

“A diferencia de instrumentos centrados solo en la violencia, este modelo coloca la dignidad en el centro”, subraya Bautista, quien ofrece una visión crítica del estado que como sociedad México ha alcanzado en el reconocimiento del valor del trabajo en el hogar: de los 2.3 millones de personas trabajadoras del hogar en el país (90% son mujeres), apenas entre 50 y 60 mil están afiliadas al Seguro Social. “Es prácticamente nada”, subraya. La resistencia de empleadores, la falta de contratos escritos y la normalización de acuerdos informales continúan marcando el sector.

Los logros, expone en entrevista, han sido determinantes: después de 19 años de lucha se logró la modificación de la Ley Federal del Trabajo para incluir los derechos de las y los trabajadores del hogar; tras una década de insistencia, México ratificó el Convenio 189 de la OIT; la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos definió el piso mínimo de pago para esta labor y, desde 2023, los patrones están obligados a inscribir al IMSS a las y los trabajadores desde el primer día. Hoy, no obstante, la ley existe en el papel, pero la informalidad sigue siendo la norma.

Entre el trabajo digno y la explotación

El primer nivel de cuatro del dignómetro describe el estándar mínimo: contrato por escrito, salario justo, seguridad social, descanso y trato respetuoso. “Es lo legal y lo humano”, afirma Bautista. El segundo nivel refleja condiciones parcialmente dignas: puede haber pago puntual o buen trato, pero sin derechos básicos como el IMSS o prestaciones.

A partir del tercer nivel, la violencia se vuelve evidente: cambios de tareas sin consulta, gritos, discriminación o vigilancia constante. El cuarto nivel representa escenarios extremos: agresiones físicas, acoso sexual, retención de documentos o salarios, e incluso trabajo forzado. “Aquí la integridad está en riesgo y se requiere apoyo urgente”, advierte.

El dignómetro no solo clasifica, también interpela: ¿en qué nivel se encuentra el trabajo del hogar que sostenemos como sociedad?

La raíz del problema, sostiene Bautista, es cultural. Durante décadas, este trabajo fue visto como “ayuda” y no como empleo. “Se normalizó traer a mujeres, muchas veces en situación de vulnerabilidad, y pagarles lo que se podía, no lo que corresponde”, explica. Esa percepción sigue influyendo tanto en empleadores como en trabajadoras.

Cuánto vale el trabajo digno

Para enfrentar esta desigualdad, CACEH actualizó en 2026 un tabulador salarial que distingue categorías según habilidades, riesgos y responsabilidades. La intención es doble: visibilizar el valor económico del trabajo doméstico y evitar la sobrecarga de funciones en una sola persona. “No se puede contratar a alguien para ‘todo’ con un solo salario”, enfatiza.

El tabulador también incorpora el costo de la seguridad social, lo que ha generado tensiones. Muchas empleadoras argumentan no poder asumir el gasto completo, mientras que algunas trabajadoras enfrentan despidos al exigir sus derechos. “Si te doy seguro, te bajo el sueldo”, es una práctica frecuente, denuncia.

En este contexto, la organización también impulsa una agenda nacional 2024–2030 que busca traducir los avances legales en condiciones reales de trabajo. Entre sus ejes centrales está el reconocimiento pleno de los derechos laborales: contrato, salario justo y seguridad social, así como la implementación efectiva del capítulo XIII de la Ley Federal del Trabajo y de los convenios internacionales 156, 189 y 190 de la OIT.

La agenda también plantea garantizar el acceso integral a la seguridad social, que incluye servicios de salud, riesgos de trabajo, maternidad, retiro, guarderías y hasta el derecho a la vivienda. A ello se suma la necesidad de generar condiciones laborales dignas dentro de los hogares, como espacios habitables adecuados, alimentación suficiente y entornos libres de riesgo.

Agenda institucional, ausente

En estados como Oaxaca, donde muchas mujeres migran hacia el trabajo doméstico, la precariedad se intensifica. La falta de información, redes de apoyo y políticas públicas sostenidas agrava la vulnerabilidad. “No hay una agenda institucional clara para atender este sector”, señala.

A ello se suma la ausencia de inspección laboral en los hogares. Aunque la ley reconoce estos espacios como centros de trabajo, en la práctica no existen mecanismos efectivos de supervisión. Esto facilita abusos que van desde despidos injustificados hasta delitos graves sin sanción.

Frente a este panorama, Bautista insiste en que el cambio no será solo legal, sino social. “Ya logramos las leyes, pero falta transformar la mentalidad”, afirma. La difusión de herramientas como el dignómetro y la capacitación tanto de trabajadoras como de instituciones forman parte de esa estrategia.

“El trabajo del hogar mueve a México”, concluye. “Cuida, sostiene y permite que otras actividades existan. Reconocerlo con dignidad no es opcional, es una deuda histórica”. Una deuda que, por ahora, millones de trabajadoras siguen pagando con precariedad.

El artículo Dignómetro, frente a la deuda de las trabajadoras del hogar apareció primero en Quadratín.

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