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Mundiario 08 Jun, 2026 08:06

La lenta desaparición del comercio local

La Federación de Comercio de A Coruña homenajeó el jueves pasado a su ex presidente, Miguel Agromayor, que luchó durante muchos años por el comercio de proximidad. Fue un acto entrañable que reunió a numerosos comerciantes y amigos para reconocer el trabajo de una persona que dedicó buena parte de su vida a defender un sector esencial para nuestras ciudades y pueblos.

El homenajeado conoció de primera mano la realidad del sector porque él mismo estuvo al frente de un establecimiento comercial. Por eso sabía de jornadas interminables, de preocupaciones por llegar a fin de mes, del esfuerzo para pagar a proveedores y empleados y de la incertidumbre que acompaña a quien arriesga su patrimonio para mantener un negocio.

Durante décadas, las calles de nuestras ciudades y villas estuvieron llenas de pequeños comercios. Tiendas de alimentación, mercerías, librerías, ferreterías, negocios de confección, bares y restaurantes formaban parte y daban vida al paisaje urbano. Detrás de cada escaparate había hombres y mujeres que no solo vendían productos o prestaban servicios, también creaban empleo, sostenían familias y contribuían a la cohesión social.

Su divisa era el trato cordial, la cercanía, el consejo experto y la confianza. Los comercios locales eran lugares de encuentro donde se tejían relaciones personales y de vecindad. En ellos se encontraba algo que ninguna gran superficie o plataforma digital puede ofrecer.

Pero desde hace unos años el sector se enfrenta a amenazas cada vez mayores. Las grandes áreas comerciales, el crecimiento de las compras on line, la presión fiscal, la complejidad burocrático-administrativa, los cambios en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional dificultan su supervivencia. Muchos negocios cierran cuando llega la jubilación de sus propietarios porque nadie está dispuesto a continuar una actividad que exige sacrificios crecientes y aporta beneficios menguantes.

Competir con gigantes globales que operan las veinticuatro horas del día, disponen de un catálogo prácticamente ilimitado y pueden permitirse estrategias comerciales agresivas resulta casi imposible para los pequeños establecimientos. Por eso, abrir y mantener hoy un comercio es una tarea de gigantes que exige gran dosis de valentía.

El homenaje a Miguel Agromayor fue, en realidad, mucho más que el reconocimiento a una persona comprometida con el sector. Fue un homenaje a todos los comerciantes que iluminaron nuestras calles, dieron vida a nuestros barrios y contribuyeron al bienestar colectivo y a los que aún resisten ahora. Una campaña publicitaria recuerda que cuando compramos en el comercio local las calles se llenan de luz, de actividad y de personas. Y es verdad. Porque cuando cierra un comercio no desaparece solo un negocio, también se extingue una pequeña parte de la vida de la ciudad. @mundiario

 

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