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Mundiario 08 Jun, 2026 08:15

Mesopotamia, de Olivier Guez: el error que cambió Oriente Medio

Hay territorios que parecen condenados a ser el escenario de las ambiciones ajenas. Lo que hoy conocemos como Irak es, en esencia, un invento de despacho, una línea trazada sobre el mapa de la antigua Mesopotamia por manos europeas tras la Gran Guerra. Sobre este tablero de ajedrez geopolítico despliega Olivier Guez su última obra, Mesopotamia (Tusquets), un relato donde el rigor histórico y el pulso narrativo se dan la mano para explicar por qué Oriente Medio sigue ardiendo hoy.

Guez, autor y periodista francés ya consagrado por su habilidad para diseccionar la historia a través de la ficción —como hizo en La desaparición de Josef Mengele—, pone el foco esta vez en los acuerdos franco-británicos de la primera posguerra. Tras la caída del Imperio otomano, Londres y París jugaron a ser dioses, repartiéndose influencias y creando naciones de la nada.

Uno de los resultados fue Irak: un experimento que pretendía crear un Estado moderno, pero que nació con los pies de barro. Lo que Guez nos deja claro es que aquello fue un intento fallido de organizar el mundo. Se ignoraron etnias, religiones y tradiciones en favor de intereses coloniales.

El gran acierto de Guez es articular toda la narración a través de una figura colosal: Gertrude Bell. Recuperar su figura es un acto de justicia literaria, y el autor lo hace sin descuidar el lado más humano y contradictorio de la protagonista.

Bell no era una aventurera cualquiera. Guez nos describe sus orígenes como hija de una de las familias más acaudaladas y poderosas de Inglaterra (su abuelo era un magnate del hierro). Sin embargo, esa cuna de oro y esa educación privilegiada en Oxford no fueron suficientes para colmar una vida marcada por la soledad.

El libro bucea con delicadeza en su vida personal y sus amores trágicos, como su romance con el diplomático casado Charles Doughty-Wylie. Guez logra transmitir cómo esa mujer que era capaz de negociar con feroces jeques árabes o discutir de tú a tú con ministros en Londres cargaba con la melancolía de quien nunca encajó del todo en las rígidas estructuras sociales de su época. Esa dualidad —la heredera millonaria que prefiere la austeridad de una tienda de campaña en el desierto— es lo que hace al personaje inolvidable.

Si Lawrence de Arabia fue el brazo armado y romántico, Bell fue el cerebro y la brújula. Era el "perejil de todas las salsas" en la región, una mujer fascinante que, a pesar de su innegable visión imperialista británica, conocía el terreno mejor que nadie. Guez la retrata con sus luces y sombras. Era respetada por los líderes árabes y consultada por figuras como Winston Churchill. Como mujer en un mundo de hombres —tanto orientales como occidentales—, sufrió el desprecio de quienes la veían como una entrometida, que lo era, pero ignoraban su profundo conocimiento de la región y sus gentes. Fue ella quien se empeñó en coronar a Faisal en el trono del recién creado Irak. Una monarquía que apenas duró cincuenta años y que terminó en tragedia.

Por las páginas de Mesopotamia desfila la aristocracia política de la época. Vemos a un joven y ambicioso Churchill y a un T. E. Lawrence que, entre batalla y batalla, logró asentar la semilla de la familia Saud en la península arábiga.

Pero más allá del retrato de época, el libro es un documento valioso para entender el presente. Guez nos recuerda que las dificultades actuales de Oriente Medio no son nuevas; son la metástasis de aquellos mapas mal trazados, agravadas tras 1948 con la creación del Estado de Israel.

Mesopotamia no es solo una novela; es un retrato descarnado de una región y un texto exquisitamente escrito. Olivier Guez logra que nos asomemos al abismo de la diplomacia de salón, recordándonos que, cuando se juega con las fronteras sin entender a la gente que vive en ellas, el fracaso es solo cuestión de tiempo. @mundiario

 

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