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El Diario 08 Jun, 2026 13:20

¿Es posible morirse de pena?

La muerte por “tristeza” de la historietista y cineasta Marjane Satrapi, autora de Persépolis, ha desempolvado una cuestión recurrente en el imaginario colectivo y ampliamente estudiada en el mundo científico: ¿Es posible morirse de pena? Independientemente de cómo hayan sido las circunstancias personales de Satrapi —que por el momento se desconocen—, la ciencia apunta al sí, aunque reencauzando la idea romántica hacia una explicación biológica detrás de la expresión. Por ejemplo, que el duelo intenso, esa tristeza prolongada asociada a la pérdida de un ser querido, puede empeorar la salud mental, espolear problemas cardiovasculares y, en última instancia, elevar el riesgo de muerte. La familia de Satrapi ha comunicado este martes que la autora ha fallecido “de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”. No ha dado más detalles.

Juan Carlos Pascual Mateo, psiquiatra, desdeña la épica que acompaña a eso de morir de pena o de amor, y señala una interpretación biológica del fenómeno: “Los estados emocionales repercuten a nivel físico. Hay una afectación a nivel del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (un sistema neuroendocrino que regula la respuesta del cuerpo al estrés), aumenta el cortisol y puede tener repercusión en el sistema inmune, que esté más deprimido y vulnerable. Todo eso te predispone más a fallecer por alguna enfermedad. No te mueres de tristeza, sino de otra causa médica”.

Pasa, por ejemplo, con acontecimientos que favorecen una clínica depresiva, como es el duelo. Ese cuadro, a la vez, puede provocar otras enfermedades —la depresión se asocia con peor salud cardiovascular y metabólica, obesidad, alteraciones del sistema inmune— y también eleva el riesgo de suicidio, ejemplifica Pascual Mateo.

‘Síndrome del corazón roto’

La muerte de un ser querido es, en sí misma, una situación altamente estresante. Y la carga emocional de todo ello también puede tener otras repercusiones orgánicas más allá del impacto en salud mental. En cardiología, por ejemplo, hay una dolencia muy asociada a momentos vitales de gran impacto: es el síndrome de Tako-Tsubo, conocido coloquialmente como el síndrome del corazón roto. Según explica la Fundación Española del Corazón, esta dolencia tiene la apariencia de un infarto de miocardio, pero, a diferencia de este, no hay arterias obstruidas en el corazón que expliquen la disfunción cardíaca.

“El 85% de los casos reportados son mujeres postmenopáusicas (en esta etapa han perdido la protección cardiovascular que dan los estrógenos), con estrés emocional o físico repentino e inesperado, causando una liberación excesiva de adrenalina, que puede dañar temporalmente el corazón de algunas personas”, explica la organización científica. Algunos desencadenantes suelen ser noticias sobre una muerte inesperada de alguien querido, un diagnóstico médico aterrador o situaciones estresantes como actuar en público, un divorcio o desastres naturales. Pascual Mateo admite que en tres décadas de carrera profesional, él solo se encontró con un caso.

Hay muchas trayectorias del duelo y la mayoría son adaptativas, recuerdan los expertos. Lahera subraya, de hecho, que, en la mayoría de los casos, ese momento vital no hay que tratarlo con fármacos o terapia, solo atravesarlo, transitarlo: “El duelo no es un proceso lineal, ni una serie de fases que se puedan tachar como casillas, ni una depresión transitoria causada por mero desbalance bioquímico. Es un trastorno del tiempo y del cuerpo”.

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