Tal parece que a los dirigentes panistas otra cosa que los tiene preocupados, además de que ya no controlan la estructura territorial de León, es el hecho de que muchos de sus militantes vayan a perder su trabajo en la Administración Municipal, y por ello han estado acudiendo al Comité Municipal del PAN, para denunciar que supuestamente les están exigiendo cambiar de partido so pena de darlos de baja de la nómina.
Lo anterior ha provocado que tanto el presidente del PAN municipal, el C. Antonio Guerrero, así como algunos de sus ediles en el Ayuntamiento, hayan manifestado públicamente que no permitirán que se atente contra los derechos laborales de sus militantes.
Todos sabemos que en general la burocracia gubernamental se convierte en refugio y/o premio para miles de militantes de partidos políticos que apoyan a sus candidatos en elecciones, y que a cambio reciben un acomodo en las nóminas públicas, lo que hace que estas se conviertan en cotos de poder que, por cuidar su trabajo y sus ingresos, se utilizan como fuerza política para fortalecer a los grupos que controlan los partidos, o para favorecer la permanencia de los gobernantes que emanen del partido que les da trabajo.
El problema viene cuando muchos de esos militantes que cobran del erario, están ahí precisamente por sus lealtades al partido o por su trabajo en las campañas, pero no por sus capacidades laborales o por sus habilidades o conocimientos de los temas que se atienden en las diversas dependencias a los que son asignados.
En el PAN de León esta práctica casi que se había institucionalizado. Recuerdo una vez que en sesión del cabildo azul, ese que se reúne previo a las sesiones del Ayuntamiento, en donde realmente se toman las decisiones que marcan el rumbo de la ciudad y al que acude el presidente del partido; llegó este último con una lista de las personas que el partido solicitaba que se dieran de alta en la nómina municipal, y peor aún, llegó también con la petición de que cuando se fuera a dar de baja a una persona de la nómina, que fuera militante panista, primero se diera aviso al partido y se lograra su visto bueno. Solo le dimos el “avión”.
Es decir que las nóminas municipales se han convertido en verdaderas agencias de colocación de empleos, y una buena forma de enrolarse a ellas, es a través del partido, el cual solicita y hasta da órdenes a la mayoría panista, encabezada por el alcalde o la alcaldesa en turno.
Evidentemente en este esquema las únicas que ganan son las personas que se ven cobijadas o protegidas y lograr obtener un puesto remunerado en el Municipio, así como el PAN que fortalece su presencia entre sus militantes, pero los grandes perdedores somos los ciudadanos, quienes por estas prácticas, tenemos que padecer la atención deficiente de muchos funcionarios incompetentes, a quienes solo les interesa proteger los intereses de su partido, y dejar en segundo término las necesidades de la sociedad en general.
Suena difícil de creer que verdaderamente haya una amenaza a trabajadores para forzarlos a cambiar su militancia política en el PAN y sumarse al nuevo partido de la alcaldesa, y que de no hacerlo perderán su trabajo. Más bien esto parece una búsqueda de protección de empleados municipales que saben que están ahí más por su panismo que por su eficiencia, y que sienten que pueden ser despedidos por incompetencia.
El presidente del PAN primero pide que se incluyan en la nómina municipal a panistas sin competencias laborales, y ahora busca protegerlos por su militancia.