La Copa del Mundo de 2026 ha arrancado para el Grupo F con una auténtica exhibición de poderío ofensivo y una de las historias más singulares en lo que va de campeonato norteamericano. Suecia presentó sus credenciales como una de las posibles revelaciones del torneo al pasar por encima de Túnez con un contundente 5-1. Este resultado la coloca provisionalmente al frente de un exigente sector que comparte con las potencias de Japón y Países Bajos. Sin embargo, los focos del encuentro en el imponente escenario mundialista no solo apuntaron a su dupla de ataque galáctica, sino a la figura de Yasin Ayari.
El centrocampista del Brighton firmó el primer gran impacto de la tarde al cazar un rebote dentro del área tras una buena combinación entre Alexander Isak y Viktor Gyokeres. Ayari conectó un violento derechazo que se coló en las mallas de la portería africana de forma inapelable. Lo verdaderamente llamativo ocurrió justo después del impacto, cuando el futbolista decidió reaccionar de una manera muy particular. Lejos de estallar en júbilo y correr hacia el banderín de córner, el jugador de la Premier League alzó las manos solicitando el respeto de la grada rival.
La explicación a este curioso suceso se encuentra directamente en los orígenes familiares del talentoso mediocentro escandinavo. Ayari, de madre tunecina, fue intensamente tentado por la federación de las Águilas de Cartago para defender sus colores en el plano internacional durante los últimos años. Sin embargo, su nacimiento en Solna y su posterior formación en las categorías inferiores del AIK decantaron su balanza definitiva, regalando en esta cita una disculpa más propia del fútbol de clubes que de un torneo de combinados nacionales.
El mazazo anímico del primer tanto descomposo por completo el entramado defensivo de Túnez, que ya arrastraba pésimas sensaciones desde sus compromisos amistosos previos. La debilidad del bloque africano quedó retratada pocos minutos después con una nueva contra letal que desnudó por completo las carencias de su zaga. Alexander Isak, tras recibir una asistencia muy precisa, protagonizó una cabalgada descomunal por toda la banda que terminó batiendo al guardameta Malek Chamakh, quien pudo haber hecho mucho más para frenar el balón.
Con el transitorio 2-0 en el marcador electrónico, el planteamiento táctico de tres centrales ideado por Graham Potter parecía navegar viento en popa hacia una tarde plácida. No obstante, la notable falta de control en la medular sueca permitió a Túnez estirarse y conectar con sus piezas más creativas antes del descanso. Hannibal Mejbri aprovechó la pasividad defensiva para servir un centro medido que Karim Rekik cabeceó al fondo de la red, devolviendo la emoción al partido de cara a la segunda mitad.
La conexión letal de la Premier League dicta sentencia
Cualquier atisbo de rebelión por parte del combinado tunecino quedó sepultado de forma inmediata en la reanudación del choque tras un error grosero en la salida de balón. El mediocentro Ellyes Skhiri arriesgó en exceso en una zona prohibida, precisamente cuando los futbolistas que acechaban la presión eran dos de los delanteros más en forma de Europa. Isak, ariete del Liverpool, castigó la osadía robando el esférico con total limpieza para asistir en bandeja de plata a su compañero de vanguardia.
Viktor Gyokeres no perdonó desde el corazón del área chica y fusiló al portero para establecer el 3-1 que terminó por hundir los brazos de Túnez. Esta gran acción colectiva confirmó las palabras previas del capitán escandinavo Victor Lindelöf, quien había advertido con orgullo que desde la mítica época de Henrik Larsson y Zlatan Ibrahimovic el país no disponía de una delantera con semejante potencial. La sociedad de la Premier League demostró que está llamada a cotizar muy alto en este torneo.
El tramo final del compromiso se transformó en un auténtico festival de juego asociativo por parte de los pupilos de Graham Potter ante un oponente entregado. Mattias Svanberg, centrocampista que milita en las filas del Wolfsburgo alemán, aprovechó su primer minuto sobre el terreno de juego para cazar un balón desviado de forma sutil por Isak. El recién ingresado solo tuvo que empujar la pelota a las mallas para certificar el cuarto gol de la tarde y desatar la fiesta en el banquillo.
La guinda del pastel y la comunión definitiva con la grada la colocó nuevamente Yasin Ayari en las postrimerías del tiempo reglamentario. El centrocampista penalizó otra pérdida clamorosa de la zaga tunecina para adentrarse en el área y certificar su doblete particular con una maravillosa definición. En esta segunda ocasión, con el partido ya completamente resuelto y la euforia desatada entre sus compañeros, el mediocentro del Brighton decidió no pedir perdón y celebró el tanto con total normalidad.
Este rotundo triunfo por 5-1 deja a Suecia en una situación inmejorable para afrontar las próximas jornadas de la fase de grupos en territorio norteamericano. Bajo el nuevo formato de competición implementado por la Fifa, donde acceden a la siguiente fase los mejores terceros, una goleada de este calibre encarrila de forma casi definitiva la clasificación a las rondas eliminatorias. Las Águilas de Cartago, por su parte, deberán mejorar drásticamente su rendimiento defensivo si no quieren armar las maletas antes de tiempo. @mundiario