El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, aparece en medios de comunicación en los que anuncia una medida para liberar a los pasajeros que arriban al aeropuerto de Guadalajara del yugo monopólico de los concesionarios. En los aeropuertos vetan a los taxis de plataforma, es decir, Uber y DiDi, con el apoyo de la Federación. Ellos y solo ellos se despachan con tarifas discrecionales y a placer, todo a cargo del ciudadano. No hay que hacer muchas cuentas: los taxis concesionados por el Gobierno y los aeropuertos cuestan el doble que un Uber y más del doble que un DiDi.
Pedir un Uber o un DiDi está prohibido porque quienes lucran con el monopolio no tienen interés en el cliente. Lo tienen del pescuezo, y la Guardia Nacional o la policía, pagadas por los ciudadanos, que vigilan los aeropuertos tienen la orden de reforzar el abuso. Lemus encontró la fórmula para darle la vuelta en el Aeropuerto Miguel Hidalgo de Guadalajara: instaló una zona de embarque fuera del perímetro federal y puso camiones gratuitos para llevar al pasajero desde la terminal.
En estos días de mucho tráfico y turismo por el Mundial, la gente agradece que no la obliguen a pagar 800 pesos o más por un taxi “oficial” para llevarla a Zapopan, por ejemplo. Los de la plataforma cobran la mitad. Para el Gobierno del Estado de Jalisco no es un gran gasto. Tres o cuatro camiones que llegan a intervalos de cinco minutos logran escapar del monopolio del GAP, Grupo Aeroportuario del Pacífico, empresa que tiene la concesión de Guadalajara, Puerto Vallarta y Guanajuato. Es una idea que muestra sensibilidad ante el abuso. En casi todos los aeropuertos del mundo hay zonas de plataforma dentro de la terminal. Conviven con los autos que tienen taxímetro; compiten por el pasaje y dejan en libertad al pasajero para que escoja lo que mejor le convenga.
En nuestro Aeropuerto Internacional de Guanajuato también se puede hacer lo mismo. La secretaria de Turismo puede animar a la gobernadora Libia García a prestar ese servicio. El concesionario no puede impedir el arribo a la terminal en cualquier vehículo con placas, pero sí impide que los pasajeros pidan su Uber en la aplicación de su teléfono. En la CDMX, el problema llegó a tal punto que los pasajeros tuvieron que caminar con sus maletas hasta las afueras de las terminales. Un insulto a quienes hacen posible, con sus impuestos, la existencia de todo servicio público.
Según la plataforma Perplexity, en Madrid el servicio del aeropuerto de Barajas al centro de la ciudad cuesta 30 euros; sin embargo, puede contratarse un taxi de plataforma en un estacionamiento especial por un precio menor. En Houston hay un sitio en cada terminal que dice “Ride App”, al que llegan los de Uber sin problema para recoger pasajeros. Aquí les vale un comino la comodidad y la conveniencia del viajero. Mientras ganen las empresas y el Gobierno, que les dio la concesión, que carguen sus maletas hasta la orilla del aeropuerto o hasta su casa.
Puede ser una buena iniciativa para Miguel Salim, nuestro representante en el Congreso, para liberarnos del monopolio. Él logró que las aerolíneas pagaran a sus clientes por las demoras y las cancelaciones de vuelo. Conoce bien el medio y no estaría mal que saliera en defensa de los millones de viajeros que sufren los abusos de los monopolios.