La legislatura de Pedro Sánchez atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad política desde el inicio de su mandato. Aunque la Mesa del Congreso impidió que prosperara una votación para instar al Gobierno a convocar elecciones anticipadas, el debate parlamentario celebrado este miércoles dejó una fotografía política difícil de ignorar. PP, Vox y Junts coincidieron en reclamar el final de la legislatura y la convocatoria de elecciones generales.
La iniciativa, que inicialmente surgió en el marco de una moción consecuencia de interpelación presentada por el Partido Popular sobre la situación de “extrema debilidad” del Ejecutivo, terminó convirtiéndose en un termómetro del estado de las alianzas parlamentarias y del creciente aislamiento político del Gobierno.
La decisión de la Mesa del Congreso, controlada por PSOE y Sumar, de inadmitir las enmiendas que reclamaban la disolución de las Cortes evitó una votación con un fuerte contenido simbólico que retrataría a todos los grupos parlamentarios y, en última instancia, demostraría que el Gobierno ha perdido la mayoría de Parlamento. Sin embargo, el veto de la dirección presidida por Francina Armengol no logró impedir que el debate de la moción de este miércoles sirviera para visualizar una convergencia parlamentaria que hace apenas unos años habría parecido imposible.
La imagen más significativa de la jornada fue la coincidencia discursiva entre PP, Vox y Junts. Aunque cada formación mantiene estrategias y objetivos distintos, las tres compartieron como mensaje central que consideran agotada la legislatura y creen que la ciudadanía debería pronunciarse en las urnas.
La portavoz popular, Ester Muñoz, defendió que el Ejecutivo ha perdido la confianza parlamentaria necesaria para seguir gobernando y acusó a la Mesa de impedir un debate político legítimo. Desde Vox, el discurso fue aún más contundente, insistiendo en que el Gobierno atraviesa una crisis institucional y política de gran magnitud, pero también cargo contra los populares por no tramitar una moción de censura que, al menos desde Génova, sigue luciendo inviable.
Por su parte, Junts volvió a marcar distancias con Sánchez. El diputado Josep Maria Cruset insistió en que la legislatura se encuentra “muerta” y sostuvo que los compromisos adquiridos con Cataluña no se han cumplido en los términos esperados por su formación. La coincidencia de mensajes alimentó inevitablemente las especulaciones sobre una posible aproximación entre populares y posconvergentes. Sin embargo, tanto en el PP como en Junts siguen rechazando la posibilidad de una moción de censura conjunta.
La moción de censura sigue lejos
Pese a la presión creciente sobre el Ejecutivo, los números continúan siendo el principal obstáculo para cualquier intento de apear a Sánchez.
Junts mantiene que no contempla facilitar una mayoría alternativa encabezada por Alberto Núñez Feijóo, especialmente si dicha mayoría dependiera también de Vox. La formación de Carles Puigdemont insiste en que la solución debe pasar por unas elecciones y no por una operación parlamentaria que desemboque en un Gobierno provisional de signo conservador.
En Génova tampoco perciben condiciones reales para activar una moción de censura. La dirección popular considera que el desgaste del Ejecutivo continúa aumentando por sí solo y entiende que una iniciativa de ese tipo podría desviar la atención del foco político actual.
La estrategia del PP sigue centrada en trasladar la idea de que el Gobierno carece de una mayoría estable y que la legislatura se sostiene únicamente por la ausencia de una alternativa viable en el Congreso.
El papel decisivo del PNV
Si la coincidencia entre PP, Vox y Junts fue uno de los elementos destacados del debate, la posición del PNV puede acabar siendo igual de relevante para el futuro de la legislatura.
Los nacionalistas vascos evitaron sumarse a la ofensiva frontal de la oposición, pero elevaron notablemente el tono de sus advertencias al Ejecutivo. Su portavoz, Maribel Vaquero, volvió a exigir al presidente que presente unos nuevos Presupuestos Generales del Estado y dejó claro que la continuidad de la legislatura dependerá en gran medida de esa capacidad de negociación.
Los jeltzales parecieron plantear un plebiscito. Si el Gobierno no consigue sacar adelante unas cuentas públicas que acrediten que mantiene una mayoría funcional, debería plantearse la convocatoria electoral.
La posición del PNV resulta especialmente significativa porque históricamente ha actuado como uno de los socios más pragmáticos del bloque de investidura. Que ahora vincule de forma tan explícita la continuidad del mandato a la aprobación de los Presupuestos refleja el creciente escepticismo de parte de los aliados parlamentarios, incluso en el caso de los peneuvistas, que gobiernan en coalición con los socialistas en Euskadi y necesitan mantener sus votos lejos de los de EH Bildu allí y en Navarra.
Sánchez resiste mientras aumenta la presión
Frente a este escenario, Sánchez mantiene públicamente su intención de agotar la legislatura. El presidente sigue defendiendo que existen objetivos políticos pendientes que justifican la continuidad del Gobierno, entre ellos la culminación de la ejecución de los fondos europeos y el desarrollo completo de los acuerdos alcanzados con los socios parlamentarios.
Sin embargo, el problema para La Moncloa ya no es únicamente aritmético. La presión judicial y política que rodea al PSOE, unida a las crecientes tensiones con algunos de sus aliados, está alimentando un clima de incertidumbre que condiciona cada iniciativa parlamentaria.
El Gobierno insiste en que todavía dispone de margen para reconstruir acuerdos y aprobar nuevas medidas. Pero cada votación compleja se convierte en una prueba de resistencia para una mayoría que muestra síntomas evidentes de desgaste. @mundiario