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El Diario 17 Jun, 2026 16:05

Las negociaciones de Trump con Irán están a la sombra del acuerdo de Obama

Solo unos minutos después de empezar una llamada con un periodista de The New York Times para explicarle el acuerdo que acababa de cerrar con Irán, el presidente Donald Trump pasó a hablar de un tema que claramente le molesta: las comparaciones con el acuerdo que el presidente Barack Obama firmó con Teherán en 2015.

El acuerdo de Obama, dijo el domingo por la noche, repitiendo una frase muy usada, fue “un desastre”.

“Era un camino hacia un arma nuclear y el nuestro es un muro contra un arma nuclear en el sentido más verdadero de la palabra”, dijo Trump. “Así que empecemos por ahí”.

Es fácil entender por qué a Trump le molesta tanto esto. Ya en 2015 hizo campaña en contra del acuerdo de la era Obama y, al final, le puso fin durante su primer mandato, a pesar de las objeciones de muchos de sus principales asesores de seguridad nacional. Por aquel entonces, tenía una larga lista de quejas sobre sus fallos. El acuerdo de 2015 “levantó las sanciones económicas devastadoras contra Irán a cambio de límites muy débiles sobre la actividad nuclear del régimen”, dijo Trump en un discurso de 2018, y “ningún límite en absoluto sobre el resto de sus comportamientos malignos”, especialmente su apoyo a actividades de terrorismo en Medio Oriente.

El miércoles, al concluir la cumbre del Grupo de los Siete en Francia, Trump volvió a criticar con dureza el acuerdo de 2015 y a su predecesor, entre otras cosas por descongelar 1.7 millardos de dólares de fondos iraníes depositados en bancos extranjeros, algo que su propio acuerdo pendiente prevé a mayor escala. “¿Y sabes lo que hicieron los iraníes?”, preguntó a los periodistas. “Se rieron de Obama y dijeron que era un estúpido”.

Ahora ha llegado la hora de la verdad para Trump. Se encuentra atrapado en lo que se podría describir como el dilema del acuerdo de Obama.

El acuerdo que describió el domingo no es más que un alto al fuego y un compromiso para abrir por completo el estrecho de Ormuz durante 60 días. Obliga a ambas partes a empezar a negociar sobre el futuro del programa nuclear. Así que, por ahora, no hay forma de comparar el acuerdo antiguo con el nuevo; son de naturaleza completamente diferente.

Sin embargo, Trump sabe perfectamente que tiene que mejorar considerablemente los resultados de Obama para justificar el enorme costo humano y económico que ha supuesto llevar a Estados Unidos a la guerra durante los últimos tres meses.

Como resultado del acuerdo de 2015 se sacó del país alrededor del 97 por ciento de las reservas nucleares que Irán tenía en aquel momento. El destino de las reservas actuales, mucho más peligrosas, sigue sin estar claro, y el martes Trump dio la impresión de que no tenía ninguna prisa por sacar el material nuclear del territorio iraní. No hay ninguna resolución sobre cómo abordar las futuras actividades de investigación y enriquecimiento nuclear dentro de Irán, ni sobre si se cerrarán todas sus principales instalaciones nucleares. Todavía no se ha debatido nada sobre las restricciones a sus misiles ni sobre la reanudación del apoyo a lo que queda de las milicias a las que respalda, como Hamás, Hizbulá y los hutíes.

El vicepresidente JD Vance ha reconocido la envergadura de las tareas que tienen por delante, que empiezan el viernes en Suiza en cuanto él y el máximo representante parlamentario de Irán firmen de forma ceremonial el memorando de entendimiento. Trump insiste en que no será tan difícil. “Ya tenemos nuestro acuerdo con Irán”, dijo Trump el martes en el Grupo de los Siete. “Ahora pasa a una segunda fase, que creo que será incluso más fácil”.

Puede que solo él piense así. El acuerdo de 2015 tardó 18 meses en negociarse. Tiene más de 150 páginas, repletas de criterios específicos de progreso y anexos técnicos, incluidas páginas sobre cómo se iba a supervisar e inspeccionar el programa nuclear.

“Lo que tiene que hacer es incluso más difícil que lo que tuvimos que hacer en 2015, porque entonces no tuvimos que lidiar con unas reservas de uranio cercanas a las necesarias para fabricar un arma nuclear”, dijo Wendy Sherman, quien dirigió el equipo de negociación de 2015. Además, argumentó Sherman, el gobierno de Trump aún tiene que formar el tipo de equipo que necesitará: “Se necesitan abogados, expertos en hacienda, expertos en energía y expertos en inspecciones”.

De hecho, en los días previos a las negociaciones de 2015, los hoteles donde se estaba negociando el acuerdo estaban repletos de tales expertos. Entre ellos se encontraban Ernest Moniz, el secretario de Energía, quien también era experto en armas nucleares; el jefe de inteligencia sobre Irán de la CIA, y estadounidenses que habían trabajado con equipos de inspección del Organismo Internacional de Energía Atómica.

Con una carrera de 60 días por delante, a partir del viernes, para llegar a un acuerdo, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, se han apresurado claramente a formar un equipo similar. Hace unas semanas visitaron el Laboratorio Nacional de Oak Ridge durante un día con expertos nucleares para tratar temas tan especializados como qué tipo de equipo se necesitaría para recuperar el uranio enriquecido al 60 por ciento y “rebajarlo”, o diluirlo. Se espera que estén cerca cuando empiecen las negociaciones en Suiza.

Los iraníes tampoco llegan sin estar preparados. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien es el principal interlocutor de Witkoff, fue el segundo responsable iraní en las negociaciones de hace 11 años. En aquella época, solía informar a los periodistas, y era evidente que tenía un conocimiento enciclopédico de la infraestructura nuclear de Irán, desde las operaciones de extracción de uranio hasta las instalaciones de enriquecimiento de Natanz y Fordo, pasando por las operaciones críticas de Isfahán, donde Irán estaba desarrollando la capacidad de convertir el uranio en su forma metálica —que podría moldearse para fabricar una ojiva—. (Este fin de semana se cumple un año desde que las tres instalaciones fueron alcanzadas por misiles o bombas antibúnker estadounidenses en la “operación Martillo de Medianoche”, que dejó bajo escombros muchas de las instalaciones nucleares más importantes de Irán).

Al menos en público, el equipo de seguridad nacional de Trump rebosa confianza en que, cuando empiecen las negociaciones, tendrán en la mano cartas de las que el equipo de Obama nunca dispuso.

“Obama, le suplicaron a Irán que llegara a un acuerdo”, argumentó el domingo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el programa Face the Nation de CBS News. “Bombardeamos Irán y luego impusimos un bloqueo”, dijo, y se reanudaron los bombardeos hace una semana “para garantizar que se sientan a la mesa para obtener un gran acuerdo”. Insistió en que el ejército estadounidense se mantendría en alta mar para asegurarse de que los iraníes “cumplan lo que dijeron que harían”.

“No contaban con la amenaza de la fuerza militar como nosotros”, dijo Hegseth en referencia al equipo de Obama.

Trump retomó ese tema en su llamada del domingo, en la que dijo: “Creo que ya han tenido suficiente”, y señaló que los iraníes habían sufrido dos oleadas de ataques estadounidenses. “Íbamos por la grande”, dijo, y añadió: “Y llegamos a un acuerdo inmediatamente después de eso”.

Lo que Trump y Hegseth omitieron en su relato es que los iraníes tienen ahora muchas cartas propias de las que carecían hace 11 años. Han descubierto un superpoder diplomático: la capacidad de bloquear el estrecho de Ormuz con solo lanzar unas cuantas minas y unos cuantos drones. Eso basta para que los dueños y capitanes de barcos lo piensen dos veces antes de arriesgarse a atravesar ese estrecho canal. Los iraníes también han demostrado que pueden alcanzar y destruir plantas desalinizadoras, sistemas de radar estadounidenses y plantas petroquímicas por toda la región.

Y allá por 2015, el material nuclear más potente que poseía Irán tenía un enriquecimiento de solo el 20 por ciento, lo que habría requerido semanas o meses de enriquecimiento adicional para poder usarse en una bomba. Ahora tienen combustible enriquecido al 60 por ciento, que puede convertirse en material apto para bombas en cuestión de días o semanas, si es que logran sacarlo de entre los escombros de Isfahán sin que los descubran.

En su entrevista, Trump retomó una y otra vez el acuerdo de Obama, y afirmó erróneamente que les habría “permitido enriquecer hasta alcanzar el nivel necesario para un arma nuclear”. De hecho, limitaba el enriquecimiento al 3,67 por ciento, que se usa para reactores, no para armas atómicas. Pero uno de los defectos del acuerdo de Obama, como señaló Trump en la campaña presidencial de 2016, es que permitía a los iraníes seguir trabajando en centrifugadoras de última generación y llevar a cabo un enriquecimiento muy limitado.

Además, el acuerdo de Obama estaba diseñado para expirar en 2030. Trump habló en la entrevista sobre la posibilidad de acordar una suspensión de entre 15 y 20 años de las actividades de enriquecimiento en las próximas negociaciones, lo que significa que el acuerdo, en esencia, levantaría las restricciones entre 2041 y 2046. Eso daría algo de tiempo. Pero ganar tiempo era también la estrategia del acuerdo de Obama.

El verdadero reto para Trump puede ser dejar atrás su propia retórica, incluido ese discurso de 2018 en el que criticó el acuerdo de Obama por lo que no había conseguido.

El acuerdo de 2015 tenía muchos defectos. Los iraníes se negaron a negociar el tamaño y el alcance de su arsenal de misiles. Al parecer, el nuevo memorándum de entendimiento no dice nada al respecto, así que habrá que abordar el tema en la próxima ronda de negociaciones.

El acuerdo de 2015 no impidió que Irán financiara a grupos terroristas. Al parecer, tampoco hay nada en el memorando sobre ese tema, ni sobre el trato que reciben los manifestantes y disidentes a quienes Trump prometió, a principios de este año, que “la ayuda está en camino”. (En una publicación en redes sociales del 13 de enero, también los instó: “tomen sus instituciones”).

En su llamada del domingo, Trump insistió en que Irán solo obtendría un alivio de las sanciones si cambiaba su comportamiento, lo que incluye abstenerse de disparar a los manifestantes. Pero también dejó claro que no tenía prisa por confiscar ese uranio ni sacarlo del país. Señaló que no supone ninguna amenaza inminente bajo los escombros.

Así que la gran pregunta es si habrá acuerdo alguno de seguimiento. “No ha llegado a la segunda parte de nada, ni en Ucrania ni en Gaza”, dijo Sherman, quien luego fue subsecretaria de Estado bajo el mandato del presidente Joe Biden.

Pero si llega hasta el final, si consigue negociar con éxito todas las concesiones que, según insiste, los iraníes ya están dispuestos a hacer a cambio de incentivos económicos, entonces podría muy bien conseguir un acuerdo que vaya mucho más allá del de 2015.

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