-Domina el narco, pero no por miedo de la presidenta
-Resignado el secretario a bajar bandera
-La (¿inexplicable?) denuncia contra Susana
-La Reserva Federal le baja los humos a Trump
De los 67 municipios que integran el estado de Chihuahua, los 67 tienen una enorme presencia de grupos del narcotráfico. Más aún, dichos grupos ejercen un control total en una gran cantidad de ellos, sobre todo en los ubicados en la región serrana y en los que limitan con Durango, Sonora y Sinaloa.
Sería absurdo y bastante demagógico negar la también imponente influencia que el narco tiene en las principales poblaciones del estado: la capital, Chihuahua; Delicias; Cuauhtémoc; Camargo; Jiménez; Ojinaga; Parral y, desde luego, Ciudad Juárez, sede del principal cártel criminal de la entidad.
Todo el país sufre la misma pesadilla. Todo. Ejecuciones, extorsiones, venta de droga al menudeo —pero al por mayor en escuelas y todo tipo de centros sociales—, secuestros, innumerables desapariciones de personas, asaltos y robos de vehículos.
Tiene gran parte de verdad, entonces, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al seguir reiterando el poder que ejercen los cárteles organizados en el país. Negarlo sería absurdo, por mucho que haya una disminución en las estadísticas en materia de homicidios.
No es creíble que la presidenta esté asustada, como afirma el mandatario norteamericano. Más bien, desconoce hasta dónde llegan los vínculos del crimen en los espacios de poder público, en las corporaciones policiacas municipales, estatales y federales, en las corporaciones militares y en los grandes consorcios empresariales.
Esa es la titánica tarea que tiene por emprender la Presidencia de la República: desactivar esos vínculos, lo cual se antoja una misión casi imposible, porque las redes no se crearon de la noche a la mañana.
No se formaron desde AMLO hacia acá con La Barredora y el Cártel de Sinaloa, por poner ejemplos actuales. Vienen desde décadas atrás y su debilitamiento requiere, necesariamente, del respaldo total de alcaldías, estados y del sistema financiero nacional. Casi una utopía... para solaz de Trump.
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Entre lunes y martes habría ocurrido el último gran intento de Gilberto Loya para reforzar su imagen, con mucha publicidad en redes, pero sobre todo mediante panfletos distribuidos casa por casa, en su intención de hacerse de la candidatura a gobernador por el Partido Acción Nacional (PAN).
De no conseguir algún incremento en números porcentuales decentes con ese último esfuerzo, el secretario de Seguridad Pública del Estado terminará por dejarle el camino libre, en ese sentido, al ciertamente más aventajado —muy, muy aventajado— Marco Antonio Bonilla, alcalde de Chihuahua.
Loya recibió todo el visto bueno de su jefa, la gobernadora Maru Campos, para buscar la postulación; colocó espectaculares a lo largo y ancho del estado, invirtió un buen dinerito en redes sociales, pero nomás no prendió.
Desde Palacio de Gobierno le insistieron en que buscara la candidatura a la alcaldía de Juárez; él respondió invariablemente que pretendía la gubernatura. Buscó la nominación por meses, casi años.
Sabemos que finalmente optó por la resignación. Si entre lunes y martes no subió ni un puntito, la próxima semana anunciará su retiro y, obvio, su adhesión a Bonilla. Con esa decisión, ya no habrá nada que se interponga en el camino del alcalde para ser entronizado como candidato del PRIAN a la gubernatura, pues todo indica que el PAN irá en alianza con el tricolor.
Así que por ese frente quedará todo definido rumbo a 2027. Ahora solo faltaría... Morena, con sus aliados PT y Verde.
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Mientras la aguerrida abogada y exdiputada morenista Susana Prieto Terrazas buscaba el hilo de la denuncia en su contra que trascendió en los últimos días, en el gremio laboralista de la frontera no alcanzaban a explicarse por qué habría sido presentada en su contra una querella ante la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno.
La juarense que impulsó la reforma para la reducción de la jornada laboral —a la que Morena y la 4T le cerraron de una patada la puerta en la cara— publicó su reacción en redes sociales para burlarse de la información y achacársela a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), a Caterpillar o al influyente sector maquilador fronterizo del país, que siempre le ha traído ganas.
Valdría la pena preguntarse si, además de los aludidos por la abogada de tan florido lenguaje, la denuncia en esa dependencia pública tiene hilos que conduzcan hasta Palacio Nacional o al partido que en algún momento la acogió y la hizo diputada.
Según Prieto, tanto la anquilosada CTM como la empresa o el sector privado podrían tener motivos para atacarla con una denuncia, porque dejada nunca ha sido y les ha recetado de forma reiterada algunas derrotas, desde Baja California hasta Tamaulipas.
Pero más allá de su obvia reacción ante todo lo que desató la nota en su contra, a los abogados laboralistas les llama la atención cierta ausencia de formas jurídicas en la información sobre la denuncia, lo que devela, quizá, algo políticamente más profundo.
De entrada, nadie sabe qué tendría que ver la Secretaría Anticorrupción, diseñada para perseguir las transas en el gobierno. Además, según la información conocida, la acusan de perder un caso, como si los abogados solo ganaran; o de fracasar en la huelga de Caterpillar, como si ella fuera la autoridad que lo determinara y como si no siguiera vigente el conflicto laboral en esa empresa.
Total, la sonora denuncia y las acusaciones contra la abogada juarense generaron muchas sospechas sobre el origen y la intencionalidad real del golpeteo público, porque jurídicamente, en apariencia, están tan flojas como la derrama de utilidades del sector privado en estos días. Pero quién sabe qué más tenga de fondo y qué tan alto lleguen los hilos.
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Puede entrar una persona muy bule a una cantina o a un bar, exigir los mejores whiskies y todavía atreverse a decir: “Sírvanles a todos”; pero, a la hora de pagar, el cantinero le informa que la tarjeta no pasó y que, además, el efectivo en la cartera no alcanza para tanto.
Así que esa persona le baja dos rayitas al ego y a la altanería, y se ajusta a la realidad.
Así le pasó ayer a la administración Trump con la decisión de la Reserva Federal —el cantinero—, que le hizo ver su suerte.
“No podemos bajar las tasas porque tu guerra en Medio Oriente presionó de más los precios y ahora la inflación sigue sin contenerse”. Todo un golpe al ego, pero de no hacerlo, la situación podría traducirse en una hecatombe para el mundo.
Ayer mismo, el presidente Trump dijo que, de haber continuado la guerra, el mundo habría entrado en una depresión.
Así que el primer mensaje de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal no fue un movimiento de tasas, sino un cambio de tono. La Fed mantuvo sin cambios el costo del dinero, pero eliminó la señal que apuntaba hacia futuros recortes y elevó sus expectativas para la tasa de referencia al cierre de 2026.
El mercado pasó de debatir cuándo llegarían nuevas bajas a preguntarse si la economía estadounidense seguirá mostrando suficiente fortaleza como para justificar otro incremento.
Para regiones exportadoras como Ciudad Juárez, una economía norteamericana resiliente es una buena noticia, aunque unas tasas altas durante más tiempo también pueden traducirse en una menor creación de empleo e inversión en los sectores más sensibles al crédito.