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Yucatan 21 Jun, 2026 02:00

Columna 7 Por Héctor Arturo Alvarado Gamas (*) El primo que invierte más

Con frecuencia leemos el mismo titular alegre: una empresa anuncia que llega a Yucatán, con miles de empleos y millones de pesos. Yo mismo he celebrado esos anuncios en esta columna. Pero entre anunciar y aterrizar hay un trecho largo, y los números obligan a mirarlo de frente.

La Secretaría de Economía lo dice sin adornos: en todo 2024, Yucatán captó 148 millones de dólares de inversión extranjera directa. Suena bien hasta que uno compara: ese año el estado quedó en el lugar 25 de 32, con apenas medio punto de toda la inversión que llegó al país. Y hay un espejo más íntimo. En 2025, las remesas que enviaron los yucatecos desde el otro lado sumaron 343 millones de dólares, más del doble que la inversión de las grandes empresas del mundo. Dicho en corto: hoy le entra más dinero a Yucatán por el cariño de un familiar en Estados Unidos que por las salas de juntas del extranjero.

¿Por qué se frenó el capital? Aquí conviene repetir lo que dijeron los expertos, no inventar culpables. En el reciente Foro IMEF en Mérida, Víctor Herrera, del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, fue claro: la inversión en máquinas, transporte y construcción lleva 18 meses cayendo en todo el país. Le puso fecha al enfriamiento —agosto de 2024—, cuando un paquete de reformas constitucionales movió reglas que los inversionistas creían firmes.

A eso se sumaron las agencias calificadoras internacionales, que encendieron los focos amarillos —casi rojos— sobre las finanzas públicas, y la duda de siempre con Estados Unidos: ¿seguirá en pie el tratado comercial? Cuando las reglas se mueven, el dinero no se va: se queda quieto, esperando.

Pero sería cómodo culpar solo a lo que ocurre en la capital. Los propios empresarios yucatecos, en ese mismo foro, se pusieron el espejo enfrente: “todavía no estamos preparados”. Y señalaron tarea que no depende de ningún partido: falta de talento técnico y de inglés, una red eléctrica que se va justo cuando más la necesitamos, y una mentalidad que, por tradición, le tiene afecto a que nada cambie. Yucatán crece por encima del promedio nacional, cierto, pero crece a pesar de esos frenos, no porque los hayamos resuelto.

Esa es la conversación que está pendiente.

Celebrar cada anuncio está bien, pero un anuncio no es una fábrica y un titular no es un empleo. Mientras el país aclara sus reglas, lo que sí está en nuestras manos es la tarea de casa: energía confiable, escuelas conectadas con las empresas y la humildad de aceptar que crecer también es cambiar. Para que el día en que el mundo decida invertir en serio, Yucatán ya esté listo. Y no tengamos que volver a pedirle el favor al primo.

Doctor en análisis estratégico y desarrollo sustentable por la Universidad Anáhuac Mayab

Mientras el país aclara reglas, lo que está en nuestras manos es la tarea: la humildad de aceptar que crecer también es cambiar

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