La relación de Estados Unidos con Colombia iba en deterioro.
Hace apenas cinco meses, el presidente Donald Trump amenazó con emprender una acción militar contra el país. Llamó a su presidente de izquierda “un hombre enfermo” y lo acusó de dirigir “fábricas de cocaína”. La alianza de décadas con el tercer país más poblado de Latinoamérica —un actor clave en la guerra antidroga de Estados Unidos— parecía estar brevemente a punto de desmoronarse.
Entonces llegaron las elecciones presidenciales del domingo en Colombia.
Con la aparente victoria de Abelardo de la Espriella, un candidato de derecha sin experiencia política respaldado por Trump que ha prometido acabar con los narcotraficantes mediante la fuerza militar, Colombia está a punto de volver a ganarse definitivamente el favor de Trump.
El triunfo de De la Espriella, el más reciente episodio en una ola de resurgimiento conservador y descontento contra los gobernantes en funciones que recorre Latinoamérica, le da a Trump un aliado clave de la derecha en su intento por ampliar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental.
Esto ha demostrado, una vez más, que el inusual respaldo de un presidente estadounidense en unas elecciones latinoamericanas puede ayudar a impulsar una ola populista. Y todo ello en una región marcada por décadas de intervención de Washington, pero también harta de la violencia relacionada con las drogas.
Ahora, Trump tendrá un aliado entusiasta al mando de Colombia, el mayor productor mundial de cocaína y un actor clave en la batalla cada vez más militarizada del presidente de Estados Unidos contra el narcotráfico.
La presidencia de De la Espriella plantea la posibilidad de que las fuerzas estadounidenses se involucren más profundamente en la lucha contra las organizaciones de drogas ilegales de Colombia, mientras Trump clama por enviar soldados estadounidenses a combatir a los cárteles en lugares como México. Aunque De la Espriella se ha pronunciado con firmeza a favor de preservar la soberanía de Colombia y ha descartado una “incursión” liderada por Estados Unidos, apoya un mayor intercambio de inteligencia y apoyo operativo.
Esta nueva iniciativa ha sido bien recibida por muchos colombianos desilusionados, pero ha suscitado inquietud entre los críticos, que temen que un enfoque puramente militar provoque más derramamiento de sangre sin lograr reducir de forma significativa los flujos de droga.
El presidente saliente de Colombia, el izquierdista Gustavo Petro, se enzarzó abiertamente con Trump, incluso cuando muchos de sus vecinos sudamericanos se han alineado con él.
Después de derrocar al expresidente Nicolás Maduro en enero, Estados Unidos ahora tiene una influencia desmesurada sobre Venezuela, donde la semana pasada mató al líder de una banda transnacional en una operación conjunta. El Pentágono ha iniciado recientemente operaciones militares conjuntas contra las pandillas de narcotraficantes en Ecuador, el mayor centro de tránsito de cocaína del mundo. Y Bolivia ha vuelto a dar la bienvenida a agentes antidroga estadounidenses en su territorio por primera vez tras dos décadas de gobiernos de izquierda.
De la Espriella “probablemente acabará siendo el mejor aliado de Estados Unidos en Latinoamérica”, dijo en una entrevista el senador Bernie Moreno, por Ohio, un republicano nacido en Colombia.
Trump parecía eufórico por su victoria: “¡Ganó, EN GRANDE!”, escribió en Truth Social el domingo por la noche.
Siguiendo el ejemplo de El Salvador, De la Espriella ha prometido construir megacárceles en zonas remotas y ha pedido un ataque militar sin cuartel contra los grupos de narcotraficantes, lo que ha suscitado la preocupación de que su enfoque de mano dura pueda mermar las libertades civiles y provocar bajas entre la población civil.
“No existe libertad sin seguridad”, dijo durante su discurso de victoria el domingo. “No existe democracia sin autoridad”.
De la Espriella ha elogiado los ataques conjuntos en Ecuador como un posible modelo a seguir. Quiere que Colombia se una a una coalición creada recientemente entre Estados Unidos y otros países latinoamericanos para combatir a los cárteles.
Además, De la Espriella ha aplaudido los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones sospechosas de traficar drogas, los cuales han causado la muerte de más de 200 personas en aguas sudamericanas y, según diversos expertos jurídicos, constituyen ejecuciones ilegales y extrajudiciales. De la Espriella dijo que su propio ejército derribaría aviones y embarcaciones que transportaran drogas frente a las costas de Colombia.
“El gobierno estadounidense buscará un enfoque centrado en la acción”, dijo Kevin Whitaker, exembajador de Estados Unidos en Colombia entre 2014 y 2019. “No se centra en la aplicación de la ley ni en lograr resultados judiciales, como era cada vez más la política de Estados Unidos y Colombia”.
Estados Unidos ayudó a reforzar el ejército colombiano al invertir casi 15 millardos de dólares en el país durante más de 20 años, para comprar helicópteros de combate, equipos de inteligencia y ayudar a las regiones rurales a dejar de depender de la coca, la planta que se mezcla con productos químicos para fabricar cocaína.
Aunque dichos fondos ayudaron a debilitar al que en su día fue el mayor ejército guerrillero de Colombia, que obtenía ganancias con las drogas, no lograron desarticular el tráfico mundial de cocaína a largo plazo, según los expertos.
Seguidores de De la Espriella el domingo en Barranquilla
La producción de cocaína, impulsada por la demanda mundial, ha alcanzado ahora máximos históricos. Las redes de contrabando transportan la cocaína en lanchas rápidas, submarinos o contenedores de carga hacia México, Estados Unidos y Europa. Y los grupos que controlan el tráfico de drogas se han fortalecido durante la última década.
De la Espriella se ganó el apoyo de los colombianos, preocupados por el deterioro de la situación de seguridad bajo el mandato de Petro.
Petro, cuya política antidroga se centraba en incautar cocaína e incentivar a los agricultores para que sustituyeran la coca por cultivos legales, se resistió en gran medida a la presión de Trump para que adoptara medidas más duras. Eso llevó a Trump a acusarlo de permitir que el narcotráfico prosperara y a imponerle sanciones económicas.
Se espera que eso cambie con De la Espriella, un abogado penalista sin experiencia previa en el gobierno que, según los resultados oficiales preliminares, venció al que iba a ser el sucesor de Petro en una de las elecciones más reñidas de la historia de Colombia.
“Probablemente, el tono general será el de una relación mucho más positiva, en la que Estados Unidos exija o pida cosas, y Abelardo esté dispuesto a dárselas”, dijo Kyle Johnson, cofundador de la Conflict Responses Foundation, un grupo de investigación sin fines de lucro de Colombia.
Por un lado, De la Espriella se ha comprometido a utilizar aviones para aplicar herbicida a miles de hectáreas con el fin de eliminar las plantas de coca, una táctica que Trump ha impulsado después de que Colombia abandonara la fumigación aérea en 2015 por motivos de salud y una prohibición judicial.
También podría haber un cambio en la política de extradición de Colombia.
Petro, escéptico respecto a las extradiciones, solía enviar sobre todo a traficantes de nivel bajo y medio a Estados Unidos para ser interrogados, procesados y para reunir pruebas contra el contrabando transnacional.
De la Espriella podría complacer a Trump al darle prioridad a la captura de narcotraficantes de alto rango o extraditar a aquellos imputados por Estados Unidos que se encuentran en cárceles colombianas, según los analistas.
Pero Whitaker, el exembajador, advirtió que dar prioridad a los líderes del narcotráfico sin abordar las estructuras financieras subyacentes de los grupos solía ser una solución rápida para un problema más complejo.
“Si eliminas a los mandos superiores, hay gente por debajo que, en realidad, es bastante capaz”, dijo. “La organización no se debilita”.
Es probable que Trump vuelva a certificar a Colombia como socio en la lucha contra las drogas después de que, en septiembre, revocara la certificación por primera vez en casi 30 años. El retiro de la certificación puso en peligro millones de dólares en ayuda antinarcóticos para Colombia y deterioró las relaciones diplomáticas.
Los analistas también dijeron que era probable que Estados Unidos proporcionara información de inteligencia y apoyo operativo al ejército colombiano, que ha sufrido una elevada rotación de personal bajo el mandato de Petro.
“Esa es un área donde el trabajo conjunto sería absolutamente fundamental”, dijo Carolina Barco, exembajadora de Colombia en Estados Unidos entre 2006 y 2010.
De la Espriella ha hablado con grandilocuencia sobre hacer valer el poderío militar, con drones e inteligencia artificial, pero ha dado pocos detalles y ya se ha echado atrás en su promesa más ambiciosa.
Dijo que recuperaría el control territorial de los grupos armados en regiones con escasa presencia del gobierno en un plazo de 90 días, un lapso que también incluyó en su plataforma, pero que la mayoría de los analistas consideraron poco realista.
En una entrevista reciente, se retractó de ese plazo de 90 días, alegando que se trataba de una “noticia falsa”, y en su lugar dijo que capturaría o mataría a 10 líderes del narcotráfico en un plazo de 90 días.
Los críticos de De la Espriella han calificado su enfoque militarista de cortoplacista, después de décadas de intentos fallidos, tanto por parte de Estados Unidos como de Colombia, de eliminar por completo la producción de droga. Les preocupa que esta táctica pueda dar lugar a abusos contra los derechos humanos y fragmentar a los grupos del narcotráfico, lo que provocaría más violencia sin frenar la demanda de cocaína.
Johnson, el analista de seguridad, dijo que el apoyo de De la Espriella a los ataques letales de Trump contra embarcaciones —que no han demostrado frenar el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos— no era más que teatro político.
“No es eficaz para combatir el narcotráfico, pero sí para enviar un mensaje y decir que se está luchando contra las drogas, contra estos terroristas, y que se protege al pueblo estadounidense”, dijo.