
La historia la hemos atestiguado tantas veces que ya podemos “predecir” lo que ocurrirá con la mancha urbana de Saltillo en cada temporada de lluvias. Dos efectos, sobre todo, produce la precipitación pluvial: inundaciones al norte de la ciudad y la multiplicación de los baches por todas partes.
Estamos hablando, desde luego, de los efectos indeseables de la lluvia. Porque en nuestra Región vivimos en la paradoja perpetua: añoramos que llueva lo más posible, pero maldecimos los efectos que en la zona urbana provoca el cumplimiento de nuestros deseos.
Pero justo esta paradoja es la que nos plantea el reto fundamental que debemos atender. Porque si las lluvias son no solamente inevitables, sino indispensables, lo que deberíamos hacer es decidirnos a aminorar sus efectos negativos.
Y esto no solamente es un deseo, sino que se trata de una estrategia perfectamente factible. Pero para conseguir tal objetivo, lo que hace falta es que, como a cualquier otro problema de carácter estructural, se le aborde con seriedad y la intención de resolverlo de fondo.
Las inundaciones en la mancha urbana, se ha dicho hasta el cansancio, tienen una causa muy clara que está a la vista de todos: la falta de rigor de sucesivas administraciones municipales ha permitido que los cauces naturales por los cuales ha discurrido históricamente el agua de lluvia se hayan ido cerrando. Además, se ha soslayado por completo la implementación de acciones para retener la precipitación.
Lo anterior no solamente implica que el agua busque nuevos caminos, sino que los cauces sean cada vez mayores porque el agua se va concentrando conforme avanza hacia el norte de la mancha urbana, generando inundaciones que pudieron evitarse.
La solución al problema no solamente se encuentra en la reapertura de los canales naturales, sino también en la implementación de una serie de soluciones que impidan que toda la lluvia sea drenada.
En cuanto a los baches, parece evidente que no contamos con un sistema de mantenimiento de vialidades que tenga en cuenta los eventos climatológicos. Y ello es así porque claramente no estamos preparados para actuar en cuanto la lluvia se presenta.