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Vanguardia 23 Jun, 2026 06:30

NosotrAs: Las feministas Killjoys

Desde hace algunos meses me he interesado por el trabajo de la inglesa Sara Ahmed, una investigadorA, escritorA y feministA, de madre inglesa y padre pakistaní. En sus textos reflexiona sobre lo incómodas que somos las feministas para la alegría del patriarcado, acuñando el término feminist killjoys, algo así como las asesinas de la diversión.

Me sumo a las ideas de Ahmed, pues no hace mucho el arzobispo de Durango, Faustino Armendariz, llamó sicarias a varias integrantes de colectivas feministas que manifestaron su descontento hacia las y los diputados duranguenses por no validar la despenalización del aborto, por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Por su parte, Julieta Camargo, de la Colectiva Sí hay mujeres en Durango, rebatió al arzobispo y expresó lo preocupante que es que una figura como la que él representa, compare a las mujeres que luchan a favor de los derechos sexuales y reproductivos con el crimen organizado, en especial en una entidad con tantos problemas causados por el narco.

Ahmed, en su blog, invita a que muchas mujeres reflexionemos sobre las incomodidades que causamos, y señala cómo el patriarcado responde a esas molestias tratando de anularlas, o bien, criminalizarlas.

Si eres asiduA(o) a leer la columna de nosotrAs, te darás cuenta de que regularmente nos percibimos como “incómodAs”. IncómodAs en nuestro trabajo, incómodAs en los espacios con amistades y familia, incómodAs para el sistema e incluso incómodAs para el feminismo blanco. Incomodamos por nombrar lo injusto, por señalar las formas de violencia que nos atraviesan, por dar nombre a aquello que nos enferma y mata y, aún así, al señalar todas estas situaciones, a quienes buena parte de la sociedad percibe como problemas, es a nosotras, no a las violencias que sufrimos. Parece que algo no cuadra en esa narrativa, ¿será momento de cambiarnos el adjetivo?, ¿o será el momento de reivindicar la incomodidad?

Sara Ahmed comenta que la idea de la “felicidad” está basada en que algunas personas callen, toleren y lleguen adaptarse a la injusticia. Pero cuando alguien (feministA) alza la voz, y nombra lo que sucede, rompe la armonía, entonces el problema deja de ser la injusticia y quien nombra se vuelve la enemiga y el problema.

Por eso quiero agradecer a quienes han incomodado, desde este espacio, al patriarcado y han nombrado cada una de las injusticias que nos atraviesan día con día. A quienes sostienen conversaciones incómodas en su trabajo, con su familia, en las escuelas e incluso dentro de sus colectivas. Gracias a quienes ponen las etiquetas, nombran el problema y exigen una solución.

Recordemos siempre que nombrar no es solo incomodar y matar la alegría del patriarcado, también es una herramienta poderosa para el autocuidado y cuidado colectivo, para la búsqueda de equidad, justicia y reparación de daños.

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