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El Financiero 23 Jun, 2026 06:36

Entre susurros y graznidos

“Una vez que se entienden las reglas, lidiar con la prensa mexicana es un juego relativamente sencillo, aunque los buenos resultados son siempre escurridizos”. Quien eso asegura fue embajador de Estados Unidos en México. Y ahora que estamos por la labor de hablar de memorias de diplomáticos de EU, conviene revisar las de Jeffrey Davidow*, que fue representante de Washington entre 1998 y 2002.

El domingo Reforma publicó extractos de un libro por aparecer del exembajador Ken Salazar**. La nota más chismosa (no encuentro mejor término) es que un empresario le contó, cuando ya AMLO lo había vetado de Palacio, que López Obrador estaba irreconocible (“es un hombre diferente”), y que tal cambio lo habría causado la entrega de Ismael Zambada al vecino del norte (julio 2024): “‘Está muy preocupado por la información que EU pueda obtener de El Mayo’, me dijo. Como si el poderoso y arraigado capo del narcotráfico pudiera ‘soltar la sopa’ sobre cualquier cantidad de funcionarios públicos mexicanos”.

Por partes: 1) Salazar no revela la identidad del empresario, que no sería cualquiera sino uno capaz de ayudarle a ver a AMLO en una sesión extensa, la primera, el 29 de diciembre de 2021, o sea tres meses después de haber llegado. Como se convirtiera en alguien que le chismeaba sobre Palacio, el diplomático nacido en Colorado le terminó apodando el “susurrador”. Todo muy literario. 2) Claro que es noticia que en su libro el exrepresentante de Joe Biden divulgue algo así, pero ya vendrá la gira de presentaciones (y algunas entrevistas, es de suponerse) para que abunde no sobre la identidad de su fuente, sino sobre lo implícito del testimonio. Es decir, como alguien que por años tuvo información privilegiada de la seguridad bilateral, qué le llevó a incluir ese chisme: o, con lo que Salazar conocía, ¿él cree que hay espacio para dar crédito al supuesto temor de AMLO por El Mayo? Sí, no, por qué; y, 3) por más que en público fue un embajador teatral, siempre con chistes con su sombrero y con porras a Esteban Moctezuma (tan inopinadas, pues nadie le echaba una flor nunca al hoy embajador destituido), en privado sabía muy bien lo que hacía: se prestó para que organizaciones mexicanas de la sociedad civil dejaran de recibir apoyos de la todavía existente USAID, plegándose a Andrés Manuel sin chistar. Y eso mucho antes de que llegara Trump a la Casa Blanca.

De forma que arrancamos la semana entre los susurros que comparte Ken Salazar en su libro y los graznidos de un pato de visita en Palacio Nacional.

“Aprendí unos cuantos trucos con la prensa”, cuenta Davidow en su citadas memorias. “Generalmente podía conseguir un encabezado con una declaración que alabara a México. Por otra parte, cualquier comentario que podía convertirse en una crítica a Estados Unidos era rápidamente aprovechado”.

El problema, dice el embajador en la transición Zedillo-Fox, es que él “no siempre” fue “perfectamente cuidadoso”, como cuando –páginas adelante se explaya– declaró ante exalumnos de la universidad del Sur de California que “los cuarteles del mundo del narcotráfico están en México”. Davidow respondió así a una pregunta en cuyo fondo “estaba un pesaroso sentimiento, ampliamente compartido en México, de que el problema de la droga se produce en Estados Unidos (…) sin la demanda norteamericana no habría surtido mexicano”.

Las declaraciones, recuerda Davidow, provocaron una tormenta mediática: “nada menos que el vocero de Estados Unidos, el consumidor de drogas, echándole a México la culpa de los problemas de su país. Una muestra más de agresión yanqui”.

Davidow se dijo dolido por ser sacado de contexto luego de que durante “parte considerable” de su tiempo a su juicio la pasó “poniendo la mejor cara posible ante las acciones, inacciones y errores de junio del gobierno mexicano para beneficio del público de Washington. Me sentí herido y abandonado por un país al que había defendido”.

En el caso de Ken Salazar, y a la espera de revisar el centenar de páginas que dedica a México según el autor de la exclusiva, el corresponsal José Díaz Briseño, surge por último otra duda. ¿Cuál es la motivación para deslizar el chisme del susurrador?

Es decir, si de criticar los “abrazos y no balazos” se trataba, pues no hay novedad: eso mismo dijo Salazar el 13 de noviembre de 2024, a la semana de ganar Trump, cuando en conferencia denunció que EU ofreció ayuda y no fue aceptada, y cuando para ilustrar que México vivía en inseguridad habló de Sinaloa. Sí, de ahí, sin aclarar nada del rapto de El Mayo.

¿Qué motiva a Salazar a repetir sus críticas a AMLO? ¿También está dolido? Cuac.

*El oso y el puercoespín. Una visión personal sobre la compleja relación México-Estados Unidos (DeBolsillo 2005).

**Tierras fronterizas: mi lucha por un Estados Unidos incluyente”.

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