Se ha hecho una sana costumbre en esta primera fase de la Copa del Mundo ver cómo las selecciones teóricamente modestas se rebelan contra la jerarquía histórica de los gigantes. Si hace unos días fueron combinados como Cabo Verde o Irán los que demostraron que los favoritismos solo sirven sobre el papel, esta vez el turno de dar la campanada fue para Ghana. Su víctima fue nada menos que Inglaterra, un coloso que sufrió en carne propia la insurrección de un rival combativo y tácticamente impecable, capaz de romper todos los pronósticos.
Con este resultado, la Selección de Inglaterra ha dejado escapar una oportunidad inmejorable para consolidar su hegemonía en este Mundial 2026. El combinado de los Three Lions no pudo pasar de un gris empate sin goles frente a las Estrellas Negras, que estuvieron perfectamente capitaneadas desde la pizarra por el viejo zorro portugués Carlos Queiroz. Este inesperado reparto de puntos no solo frena el ímpetu británico, sino que abre de par en par el abanico de posibilidades en un grupo que ahora arde de cara a las próximas jornadas.
El Gillette Stadium de Boston, engalanado con una atmósfera puramente británica gracias al masivo desplazamiento de más de 67.000 aficionados, terminó siendo el escenario de una frustración gigante. Las gradas teñidas de blanco esperaban un festín, pero presenciaron una versión sumamente tibia del elenco dirigido por Thomas Tuchel. Los atacantes de la escuadra inglesa se mostraron espesos e incapaces de generar peligro real en el área rival, completando un compromiso para el olvido que aplaza su clasificación matemática.
Para esta segunda cita en territorio norteamericano, Tuchel había introducido modificaciones de calado en la retaguardia buscando paliar la fragilidad defensiva evidenciada en el debut. Los zagueros Marc Guéhi y Spence ingresaron en el once inicial en detrimento de John Stones y O’Reilly, un movimiento que ciertamente funcionó al erigir al central del Crystal Palace como el mariscal indiscutible de la línea de contención. Sin embargo, de poco sirve blindar la propia portería cuando el colmillo ofensivo está completamente desafilado.
El acierto defensivo inglés se topó de frente con la muralla ghanesa, una propuesta sumamente física, ordenada y disciplinada en las coberturas que personificó a la perfección la rebelión de los modestos. La pizarra de Queiroz maniató por completo los circuitos del juego europeo, al punto de dejar a Jude Bellingham totalmente desconectado y desquiciado en la creación. Con Anthony Gordon sacrificado en defensa pero triste en ataque, Ghana demostró que con orden, orgullo y valentía, David sigue estando plenamente capacitado para secar a Goliat.
El planteamiento de Queiroz y los lamentos finales de Kane
El delantero centro del Bayern de Múnich, Harry Kane, tampoco vivió su velada soñada en el recinto deportivo de los New England Patriots de la NFL, una de sus grandes pasiones personales. El ariete se vio aislado entre los centrales africanos ante la alarmante falta de balones con ventaja. La única aproximación reseñable de la primera mitad nació de las botas de Declan Rice, quien acarició la escuadra mediante un potente disparo de larga distancia.
Tras el paso por los vestuarios, el combinado africano llevó el desarrollo de la contienda exactamente hacia el escenario que más le favorecía. Ghana juntó sus líneas defensivas en campo propio, liderada por un magistral Thomas Partey que controló la contrapresión con jerarquía. Los ghaneses coquetearon con dar la sorpresa en varias transiciones rápidas comandadas por André Ayew, obligando a Guéhi y a Ezri Konsa a emplearse a fondo para evitar una desgracia mayor.
La desesperación comenzó a hacer mella en la expedición europea, propiciando que el técnico de los Three Lions retirara del césped a Bellingham a mediados del segundo acto para dar entrada a Morgan Rogers. La recta final del choque escenificó el absoluto infortunio de la ofensiva británica mediante una doble ocasión inverosímil. O’Reilly estrelló un soberbio remate de cabeza en la madera tras un centro medido enviado al segundo palo por Reece James.
El rebote de la madera cayó directamente en los pies de Harry Kane en el corazón del área chica, con todo a favor para certificar el triunfo agónico. De forma incomprensible, el atacante enganchó el esférico defectuosamente por debajo, enviando la pelota por encima del travesaño ante la incredulidad de la grada. El pitido final del colegiado certifica las dudas en el seno de Inglaterra de cara al decisivo e inminente duelo frente a Panamá en este Mundial 2026. @mundiario