Recuerdo que cuando tenía 23 años pasaban cosas maravillosas en la televisión; sin embargo, por trabajar en ella, no las podía disfrutar. Fue en 2003 cuando HBO estrenó una producción revolucionaria que abordaba el tema del sida en los años 80. Me refiero a Angels in America, una miniserie encabezada por un elenco de primer nivel: Al Pacino, Meryl Streep, Patrick Wilson, Emma Thompson, Mary-Louise Parker, Jeffrey Wright y Justin Kirk. Este proyecto marcó un parteaguas en la producción televisiva, terreno en el que esta compañía fue pionera, y en su momento nos cautivó a todos. Lo que yo no sabía entonces es que la historia nació en el teatro, estrenándose originalmente en 1991 en San Francisco.
Aún conservo la serie en DVD —la neta es una joya—, pero siempre me quedé con las ganas de vivir la experiencia teatral. ¡Y qué creen! Este 2026 se acaba de estrenar en México Ángeles en América Parte I: El milenio se aproxima. No se imaginan la brutalidad de texto, actuaciones, dirección y escenografía; es un 10 perfecto. El día de la función había una gran cantidad de actores entre el público, todos ansiosos por ver a sus compañeros Enrique Arreola, Carolina Politi, Vicky Araico, Pablo Marín, Assira Abbate, Aldo Guerra, Jesús Delgado y Lucio Giménez Cacho rompiéndola sobre el escenario.
En cuanto me enteré de que Cristian Magaloni era el director, me dije: “¡Superjalo!”. Los trabajos de este gran director siempre me sorprenden; están llenos de una magia que te hace vivir en carne propia lo que el personaje está sufriendo, disfrutando o riendo. Afortunadamente, no me equivoqué. En cuanto me senté en mi butaca, sentí que regresaba en el tiempo. Al levantarse el telón, la obra me atrapó por completo. Los diálogos se sienten tan vigentes que parece que los acaban de escribir; es asombroso lo atemporal que resulta la pieza, a pesar de estar situada durante el mandato de Ronald Reagan.
La emoción llegó a su punto máximo en una escena musical donde explican la divinidad. Les confieso que se me salieron las lágrimas ante la belleza de la dirección de Cristian, -y no paré de llorar hasta que termino- la entrega de los actores es inexplicable y lo hermoso de la producción. ¡Y eso que sólo vi la primera parte! Eso sí, les advierto que tiene una duración de tres horas, pero la verdad es que ni las van a sentir. Este es el tipo de teatro que me apasiona en demasía, el que se te queda grabado en el alma y donde sabes que ninguna función será igual a la anterior.
Si tienen oportunidad de ir a verla, vayan; no la dejen pasar porque la temporada termina el 12 de julio.
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¡Nos vemos la próxima semana!