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Noticias de Querétaro 22 Jul, 2026 05:35

SANTA MARÍA DE GUADALUPE NOS TRAE LA PAZ

  1. Prisciliano Hernández Chávez, CORC. Querétaro

 

Contexto contemporáneo bajo el signo de la violencia

La historia de la humanidad ha estado bajo el signo de la violencia; enfrentamientos de toda índole, conquistas y guerras, entre clanes, linajes, familias y entre naciones.

Nuestro tiempo no es la excepción: dos guerras mundiales y éstas que sufre la humanidad por la prepotencia de los tiranos y radicales de diverso cuño, la ‘tercera guerra mundial a pedazos’, según el Papa Francisco.

México sufre el genocidio denunciado por la ONU. Familias destruidas, heridas por la injusticia y por la impunidad, bajo  una narrativa que ignora la realidad patente.

Problemas de toda índole minan una paz que parece inalcanzable. Desbasto en temas urgentes de salud y de alimentos. Inflación progresiva. Opacidad en megaproyectos a todas luces inoperantes y costosísimos. La corrupción galopante. Inseguridad. El flagelo de los feminicidios y las desapariciones forzadas, evidenciadas por las numerosas fosas clandestinas descubiertas en gran medida por las madres buscadoras. La deuda pública de billones que parece impagable por ineficacia y por políticas nefastas que contradicen la ética y la buena administración. La impunidad dolorosa ante tantos crímenes y un grupo exento de juicios pertinentes y de la procuración de justicia. Los impuestos de los criminales. Una erosión democrática por pretensiones autócratas de partido. Ecocidios en el mar por la derrama del petróleo y en la selva. Huachicol fiscal, nepotismos en los sistemas de gobierno. Destrucción de hogares. A la baja cultural por la ideologización de la enseñanza. Vacíos existenciales aunados al crecimiento de la drogadicción y el alcoholismo, entre jóvenes de ambos sexos. La pérdida de una identidad en la condición de personas y un largo etcétera. 

En suma, padecemos una sociedad rota y carente de esperanza ante tantos males, desafíos en un entorno problematizado y sin rumbo.

Marco Referencial o Situacio?n Vital de los Vencidos 

El pueblo mexica o de los antiguos mexicanos posee una cosmovisio?n de cara?cter co?smico religiosa donde inscribe su ser y su quehacer. Entiende la vida como una misio?n de cara?cter trascendente para mantener el equilibrio del universo. Es la razo?n de los sacrificios humanos, de sus guerras floridas. En una palabra, sus sacrificios se fundamentan para mantener el equilibrio del universo; constituyen el ‘ethos’ o el nu?cleo de identidad de su cultura y de su razo?n de ser como pueblo.  

Ante los horrores de la Conquista perciben la inutilidad de su entrega; habra?n de expresar en su lamento, su caos interior “déjenos  morir, ya no queremos vivir”, según el Nican Umpehua, o La Viosón de los Vencidos.

Los sabios o tlamatinime son voceros del sentir general de su pueblo. Se derrumban sus creencias, pues a pesar de todo, el Sol sigue saliendo; entonces todo fue un engan?o, todo fue inu?til. Mueren por epidemias devastadoras, se destruyen sus templos, se destruye su tradicio?n: entienden que un pueblo sin historia no es pueblo. 

Incluso algunas madres matan a sus hijos para que no sufran la misma vergu?enza; otros, se ahogan en el ochtli-pulque. Experimentan la ma?s terrible pesadilla. Se acabo? ‘la flecha y el escudo’, es tanto como decir: dejo? de existir el pueblo mexica. 

A diez an?os de tomada la Ciudad de Me?xico-Tenochtitla?n las conversiones al cristianismo son mi?nimas, pues los misioneros tan bondadosos, como hijos de su tiempo, fraguados en la Reconquista de Espan?a, ofreci?an una evangelizacio?n con sesgos radicales y por tanto excluyentes a un proceso gradual de inculturacio?n evange?lica, por una parte; y por otra, los indi?genas humanamente les era imposible renunciar a la regla de sus mayores que para ellos era lo ‘nelli’ lo verdadero, lo que tiene arraigo y ante lo nuevo era tanto como aceptar lo falso. Adema?s, los misioneros les hablaban de Dios-Cristo que murio? para salvarnos y los indi?genas se sienten ‘macehualli’. los que nacieron por la penitencia de Quetzalco?atl y de la ceniza de los antiguos hombres: nobleza obliga. 

Los conquistadores, a quienes en un principio crei?an ‘tehules’ o dioses, por lo anunciado en los dichos de los mayores y por las acciones sorprendentes, como extraer azufre del Popocate?petl, por las fechas significativas del ‘Tonalpohualli’ o calendario del destino astrono?mico-astral y por los signos funestos. Posteriormente los catalogara?n amargamente como ba?rbaros, pues prefieren el oro excremento-desprendimiento de los dioses, a las plumas que son las sombras de Dios; destruyen su cultura ‘tolteca?yotl- mexicayotl,’ cuyo fondo es su propia mi?stica, expresio?n de su drama co?smico-divino en el cual se senti?an necesariamente involucrados. 

Se dira? de ellos que si amaran al verdadero Dios, seri?an santos: tal es su entrega. Por otra parte el gran etno?logo de Ame?rica Fray Bernardino de Sahagu?n, afirmara? que los indi?genas “aman a un tal Omete?otl,-el Dios dual, que es un demonio.” 

La pesadilla de la Conquista, sera? la verdadera muerte de un pueblo cuyo u?nico delito fue vivir su religio?n co?smico-astral con la pasio?n del que vive de convicciones profundas, ante el choque arrasador de quienes tambie?n viven la conviccio?n de la religio?n revelada: un pueblo, el espan?ol, fraguado en la mentalidad de la Reconquista de su patria del poderi?o de los musulmanes hasta llegar a la intolerancia del monotei?smo contra la visio?n plural indi?gena de las fuerzas antago?nicas, en oposicionalidad no excluyente, que hacen posible la existencia del mundo, sus dioses. 

La placa develada en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, redactada por el gran conocedor de las cosas indi?genas y nahuatlato, Miguel Leo?n Portilla, da cuenta epigra?fica de lo acontecido: 

El trece de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhte?moc, cae Tlatelolco en poder de Herna?n Corte?s. No fue triunfo ni derrota; fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el Me?xico de hoy. 

Si queremos apreciar en su justa medida el hondo significado del Acontecimiento Guadalupano, sera? necesario involucrarse en el contexto histo?rico y en la situacio?n vital de estas dos culturas, de estos dos pueblos profundamente diferentes entre si?: el pueblo mexica y el pueblo espan?ol, y que en el proyecto de Dios, son complementarios de cara a una misio?n universal. 

San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, vivió en un contexto de desastre por el encuentro violento de dos culturas. El Padre Pedro Alarcón Méndez,SM,señala un aspecto trágico cuando indica que los europeos fracasaron al no reconocer la “otredad” del indígena: Cristóbal Colón no conoce al indígena y no lo ama; Hernán Cortés conoce al indígena en forma refinada  y no lo ama; Fray Bartolomé de Las Casas ama al indígena pero no lo conoce; los misioneros etnógrafos aman y conocen al indígena pero les invade el pesimismo ante la conversión del indígena. Solo la Aparición de la Virgen de Guadalupe da inicio a una verdadera evangelización inculturada (cf  ALARCÓN MÉNDEZ, Pedro “El Amor de Jesucristo Vivo en la Virgen de Guadalupe, pág 50 a 61). La pena de la Conquista, amén de algunas acciones injustas, penosas y dolorosas, la evangelización estaba bajo el predominio de una cristiandad confundida con el poder temporal. Como señala el Padre Pedro Alarcón, que las apariciones de la Virgen a Juan Diego confirmadas por la Tilma milagrosa  conducen a la superación de esta  ambigüedad. La Virgen de Guadalupe funda la fe desde el respeto al indígena, como igual, -no idéntico, diferente,-no inferior. Desde Guadalupe se tiene un modo nuevo de vivir la fe; conduce a una nueva conciencia eclesial y social. Se da ese verdadero proceso de inculturación del evangelio desde la palabra y la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe. Desde este encuentro se tiene el paradigma del encuentro de todo ser humano con el Dios vivo, el Dios por quien se vive desde y con la Santísima Virgen María. La comunidad indígena desde su cultura devastada y su filosofía pulverizada se convierte en la primera comunidad que recibe este mensaje, (cf ibidem),  como señaló el Papa Francisco, “el mensaje de la Virgen de Guadalupe, es mi mensaje y el mensaje de toda la Iglesia”. Ningún Papa había expresado tan puntual, profunda y sintética afirmación sobre el alcance del mensaje de la Virgen del Tepeyac.

En ese contexto drama?tico, la Santi?sima Virgen Mari?a se aparecio? en el cerro del Tepeyac o en la nariz del cerro, -que forma parte del a?rea montan?osa situada al norte de la Ciudad de Me?xico-Tenochtitla?n que se introduci?a en el lago de Texcoco, al indio san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, natural de Cuauhtitla?n, al venir de Tulpetlac donde teni?a por entonces su residencia compartida con su ti?o Juan Bernardino, hacia Tlatelolco para asistir a la santa misa y al catecismo, el 9 de diciembre de 1531. 

La Santi?sima Virgen le manifesto? en lengua Na?huatl, sus deseos de que ahi? le edificaran su casita-templo. Mando? la celestial Sen?ora a Juan Dieguito para que le expresara su voluntad al obispo electo de Me?xico-Tenochtitla?n, Don Fray Juan de Zuma?rraga; e?ste con la caridad pastoral, la prudencia y el celo de un inquisidor, -que lo fuera en Espan?a antes de su nombramiento de obispo y luego lo seri?a en Me?xico hasta 1543-, aunado a su formacio?n erasmiana, se mostro? incre?dulo, lo mando? volver y le pidio? una sen?al. 

En una nueva aparicio?n, la Santi?sima Virgen le dio la prueba para el Obispo: unas flores-rosas de Castilla (preciosas) que florecieron en lo alto del cerrillo del Tepeyac. 

Es de notar que en esa e?poca del an?o no se daban las flores y menos en ese lugar a?rido y salitroso. San Juan Dieguito corto? las flores, Santa Mari?a las toco?, y cuando aque?l estaba en la presencia del Padre Obispo, al desplegar su tilma-ayate donde las llevaba, se estampo? en ella la sacrosanta imagen de la Santi?sima Virgen Mari?a. Es de notar que la tilma es el signo o prolongación de la persona y las flores signo o prolongación de la Virgen Santísima; ‘flores que vienen del cielo en las cuales gorjea el ave quetzal’,-según Netzahualcoyotl. Al unirse la tilma y las flores, en la paideia o sistema educacional de los mexicas,-palabras, gestos, dibujos o signos, expresan esta alianza de comunión de dos en un solo ser, de dos en una vida de dos en una historia, y en san Juan Diego, nosotros que aceptamos y vivimos nuestra comunión con la Santísima Virgen María de Guadalupe. Así, además se da por la santa imagen, el acta de fundación del México nuevo en el cual son llamados todos los pueblos, para ser en María, cencalli, una misma casa-hogar, o como dice el texto del Nican Mopohua…’tuya (Madre) y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno,- …in tehuatl ihuan in ixquitichtin in nican tlalpan ancepatlanca’.

Adema?s Juan Bernardino, ti?o de San Juan Dieguito, quien yaci?a moribundo por el ‘hueycocoliztli’, la gran enfermedad de la viruela o probablemente sarampio?n, mortal en ese tiempo, fue sanado por la intercesio?n-presencia de la Santi?sima Virgen Mari?a, le dio a conocer su nombre de “Guadalupe” con el cual deseaba ser conocida, amada y honrada. 

 

Santa María de Guadalupe, una Madre que nos acoge en su Corazón-Hogar-Persona, Portadora de la Paz

Ante una sociedad rota, por las heridas afectivas, por la toxicidad de la hipercultura, por la inmediatez de los problemas y de la vida; ante una carencia de identidad trascendente como personas, la Santísima Virgen María de Guadalupe , se acerca permanentemente a nosotros, a todos y a cada uno en lo individual y en lo comunitario,  para darnos ‘un rostro y un corazón’,  a quienes son víctimas, pequeños y vulnerables,es decir, inicia el proceso maternal y evangelizador de recobrar nuestra condición de hijos muy amados. Ella nos manifiesta con su palabra y con su imagen de Madre, el ‘rahamim’ de Dios, las entrañas de Madre de nuestro Padre Dios, en Jesús su Hijo muy amado, hoy. Ella es una cercanía tierna y maternal ‘¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?’ Ella es el Rostro Materno del Padre, el transparente de Dios Amor, de Dios Ternura, de Dios Amor. En palabras del S.E.R. Mons. Ramón Castro y Castro, Obispo de Cuernavaca y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, en la conclusión del Congreso Teológico-Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano (26, II, 2026): ‘El núcleo del acontecimiento guadalupano no es una mariología aislada sino una cristología  mediada  por la maternidad espiritual’.

El método de evangelización inculturado por la Santísima Virgen de Guadalupe, es de la Madre y de Maestra: acoge con amor y ternura de Madre y después envía; la Casita sagrada,-‘neotechaltzin’, es ella- Hogar, Hogar de Dios y nuestro Hogar; en ella tenemos también que es Hogar de Dios y Hogar para nuestros hermanos, las personas. Por tanto el toque de toda pastoral de la Iglesia, de toda parroquia, diócesis, oficina, rectoría, nación, convento, seminario, congregación, de todo movimiento eclesial tiene que ser en y desde Guadalupe, la única e imprescindible categoría del Hogar. En ella, por ella y con ella, como todos ‘cencalli’, todos de Casa. De aquí la importancia del diálogo y de la sinodalidad,-no monólogos impositivos y unilaterales, que realicen la empatía, que se viva la simpatía, la decisión del amor concreto, afectivo y efectivo,-no teórico, en una palabra, vivir, celebrar, gozar y construir el ‘nosotros’ de la y por la Civilización del Amor.

Con este espíritu y aliento guadalupanos, podemos asumir el estilo del Papa León XIV, quien en su primer mensaje nos compartió el núcleo de su propia identidad: ‘Sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante…Ayúdennos también ustedes a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz’.

El estilo de Santa María de Guadalupe, es una invitación a superar el eficientismo, la inmediatez neurótica y la desfachatez de lo provisional, temporal, como lo absoluto e inamovible; en ella abrazamos el amor eterno y paciente de Dios, cómo es paciente, ella Nuestra Madre. Tiene tiempo de escucha y acogida para todos; ella crea ese ámbito de paz, ámbito de Hogar-Hoguera de nuestra vida y verdad.

Si la Santísima Virgen de Guadalupe le dice a san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, ve y dile al obispo’, hemos de colegir no solo nuestro obispo de la Iglesia particular o diócesis, sino al Papa, para ser guiados por él, en plena comunión con él, ‘con Pedro y bajo Pedro, con el obispo y bajo el obispo’.

Por eso asumimos el mensaje de comunión y de paz del  Papa León en la misma línea del deseo y de la voluntad de la Santísima Señora: ‘Quisiera que éste fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierte en fermento para un mundo reconciliado’.

El Santo Padre,como la Santísima Virgen, no pretenden una ‘paz armada’, si quieres la paz prepara la guerra’,- si vis pacem, para bellum, del Imperio romano, ni la pacificación desde la fuerza, sino la Paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios. Dios que nos ama a todos incondicionalmente’.

Para procurar la paz implica el reconocer las propias heridas, las debilidades y vulnerabilidades, para ser sanados por la Madre y poder colaborar en la sanación que alcanza la paz más profunda, interior y la paz en los hermanos dañados y heridos, para superar las traiciones, que quizá son las que más nos han herido y permanecen latentes en lo profundo del corazón.

Ante nuestra Madre hemos de conservar la autoconciencia de nuestra debilidad y pobreza, ante las instancias autocráticas y las ínfulas del poder. Lejos de nosotros la propaganda del poder, la prepotencia de los que se sienten buenos y autorreferenciales, de dominio y superioridad.

Desde la Virgen Santísima Procuradora de la Paz, no se puede admitir la paz teórica de aquellos regímenes económicos, bélicos y poderosos que pretenden alcanzar la paz con medios inhumanos, con las manos manchadas de sangre.

 Si queremos conseguir la paz que nos propone la Virgen desde el Acontecimiento del Tepeyac, debemos ponernos del lado de las víctimas, de los pobres, de los que sufren, de los que lloran, desde los que son perseguidos.

Finalmente, el Papa León, a tenor de la Santísima Virgen de Guadalupe, Madre y Procuradora de paz, nos dice que el camino hacia la paz ‘requiere corazones y mentes entrenados y formados en la atención al otro y capaces de reconocer el bien común en el contexto actual’ (mayo 30, 2025). 

En Santa María de Guadalupe, hemos de encontrar nuestro estilo de ser cristianos, de ser Iglesia, de ser personas.

Hemos de formarnos bajo este modo de ser, de sentir y de actuar; con ella hemos de orar en comunión de corazón, en alianza de amor.

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