La sesión parlamentaria que Pedro Sánchez afrontó en el Congreso para dar explicaciones sobre los numerosos casos judiciales que afectan al PSOE, a antiguos miembros de su Gobierno y a personas de su entorno político y familiar ha marcado un punto de inflexión en la legislatura. Más allá de las palabras, el debate dejó una conclusión política difícil de ignorar: el presidente conserva formalmente la mayoría que le invistió, pero ha perdido buena parte de la confianza política que hizo posible aquella alianza.
El dato más revelador no se encuentra tanto en las votaciones como en los discursos. PP, Vox, Junts, PNV, Podemos, UPN y Coalición Canaria coincidieron, desde posiciones ideológicas muy distintas, en que la continuidad del Ejecutivo atraviesa su momento más delicado desde 2023. Sumados, esos grupos representan 188 diputados, una mayoría absoluta de la Cámara Baja que cuestiona abiertamente la viabilidad política del proyecto de Sánchez.
Sin embargo, la paradoja de la política española actual reside precisamente ahí: existe una mayoría crítica con el presidente, pero no una mayoría alternativa capaz de sustituirlo.
Sánchez compareció con el objetivo de cerrar filas, defender la continuidad del Gobierno y eludir cualquier presión a un adelanto electoral. Lejos de abrir la puerta a una dimisión o a una convocatoria anticipada de elecciones, reivindicó la legitimidad de continuar hasta el final de la legislatura y reiteró su intención de ser candidato en 2027.
El discurso del líder del PSOE se apoyó en los pilares de siempre como de la defensa de la gestión económica, la apelación al riesgo que supondría un Gobierno de PP y Vox, la reivindicación de las medidas de regeneración impulsadas por el Ejecutivo tras la moción de censura contra Mariano Rajoy y la insistencia en que los casos investigados afectan a personas concretas y no al conjunto del proyecto socialista.
No obstante, incluso algunos de sus socios parlamentarios admitieron que la estrategia defensiva basada en el “y tú más” frente al PP muestra síntomas de agotamiento. Gabriel Rufián, portavoz de ERC y uno de los aliados más sólidos del Ejecutivo durante la legislatura, verbalizó un malestar creciente cuando reclamó al presidente menos gestos de victimismo y más explicaciones. El dirigente republicano cuestionó abiertamente hasta qué punto Sánchez desconocía las actuaciones de quienes durante años fueron figuras centrales de su Gobierno y de su partido.
Junts propone la vía Starmer
La intervención más inesperada llegó desde Junts. Su portavoz, Míriam Nogueras, lanzó una propuesta que altera sustancialmente el debate sobre una moción de censura o de una cuestión de confianza. La dirigente independentista pidió a Sánchez que emule al dimisionario primer ministro británico Keir Starmer, dé un paso atrás y permita que la actual mayoría parlamentaria elija a otro presidente del Gobierno sin necesidad de convocar elecciones.
La iniciativa, inédita en la presente legislatura, vuelve a situar a Junts en una posición equidistante en la que no hace parte del bloque de investidura, pero tampoco se sienta en la misma trinchera dentro de la oposición, ya que esa alternativa evitaría una llegada de PP y Vox al poder. El recado del partido de Carles Puigdemont ha sido, además, trasladar a Sánchez la idea de que su figura se ha convertido en un obstáculo para la supervivencia de la mayoría.
Especial relevancia tuvo la posición del PNV. Los nacionalistas vascos evitaron romper con el Gobierno, pero su portavoz, Maribel Vaquero, dejó uno de los mensajes más severos de la jornada al afirmar que la actual mayoría parlamentaria es ya “negativa”. La expresión resume el estado de ánimo de un socio que sigue sosteniendo al Ejecutivo, pero que empieza a cuestionar abiertamente la utilidad política de esa continuidad. El PNV ha fijado ahora una frontera en la presentación y eventual aprobación de unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. Si ese objetivo fracasa, el partido considera razonable abrir el melón dee un adelanto electoral.
El PP no logra arrastrar a Junts
La debilidad parlamentaria de Sánchez no implica automáticamente su sustitución. La prueba quedó patente en el Senado. La Cámara Alta aprobó una moción del PP instando al presidente a disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas. Sin embargo, el resultado distó mucho del golpe político que Alberto Núñez Feijóo esperaba escenificar.
La iniciativa salió adelante gracias a los votos de PP, Vox y UPN, además de la abstención de Coalición Canaria. Pero Junts decidió no participar en la votación y el PNV votó en contra. La decisión de los independentistas catalanes resulta especialmente significativa. Aunque consideran agotada la legislatura y reclama elecciones o un relevo en la Presidencia, sigue rechazando cualquier estrategia que implique alinearse con Vox o facilitar una mayoría encabezada por Feijóo.
La formación de Puigdemont dejó claro que comparte el diagnóstico sobre el deterioro político del Gobierno, pero no la alternativa que propone el PP.
El presidente mantiene los apoyos suficientes para sobrevivir parlamentariamente, pero cada vez dispone de menos margen. Sus aliados continúan evitando la ruptura porque tampoco desean una convocatoria de elecciones antes de que toque. Sin embargo, las advertencias públicas se multiplican y la paciencia parece agotarse. @mundiario