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Radar Inteligente
Mundiario 24 Jun, 2026 19:18

La política se mira al espejo mientras crecen los problemas reales

Circula por la red la imagen de una pareja sentada en el sofá del salón viendo en el televisor el desfile de una interminable sucesión de nombres de políticos presuntamente corruptos y noticias de cloacas y tramas para delinquir, rescates empresariales injustificables, mordidas, prostitución, nepotismo… y más escándalos que ocupan todo el espacio público. Al finalizar el informativo, el hombre rompe el silencio con una pregunta sencilla y demoledora: “Sí, vale, pero ¿y nuestros problemas?”. La mujer le responde con amarga ironía: “Primero tendrán que resolver los suyos, ¿no?”.

La viñeta retrata una sensación muy extendida entre los ciudadanos: la política vive encerrada en sí misma, atrapada en un mar de escándalos, luchas partidistas, apego al poder y tácticas electorales, mientras los problemas reales del país y las preocupaciones de la gente están ahí sin respuesta.

Rara vez ocupan el centro del debate político cuestiones como el cambio de modelo productivo; la espiral de gasto y deuda pública; la sostenibilidad de las pensiones; el mantenimiento de las infraestructuras de transporte, esenciales para la seguridad, la cohesión territorial y la competitividad económica; las cifras reales del paro; el coste de la vida, que golpea la cesta de la compra; la precariedad laboral y salarial; o el problema de la vivienda, que impide a muchos jóvenes emanciparse y a muchas familias acceder a un hogar digno. Tampoco ocupan debates reales la situación de la sanidad, con listas de espera crecientes y falta de profesionales, ni la enseñanza, que sigue formando para un mundo que está desapareciendo, cuando debería ser prioritario preparar a la sociedad ante la irrupción de la inteligencia artificial, que cambiará nuestra forma de aprender, trabajar y relacionarnos. Junto a estas cuestiones aparecen otras igualmente necesarias de debate, como la inmigración, el envejecimiento de la población o la soledad no deseada.

Existe, además, un problema institucional que lo agrava todo: el deterioro del clima político y, con él, de la democracia. La crispación, la polarización social y la confrontación como estrategia de acción política imposibilitan el diálogo que requieren los grandes desafíos del país y, sin diálogo ni consensos básicos, los problemas se enquistan y las soluciones no llegan.

La cuestión no es solo la existencia de todos los problemas citados, sino la creciente sensación de que nuestra dirigencia, absorbida por sus escándalos y enfrentamientos, no les presta la atención debida, al estar más ocupada en sobrevivir políticamente que en gobernar España.

Por eso los ciudadanos, igual que el hombre de la viñeta, les recuerdan “desde el sofá de su casa” sus problemas y exigen respuestas. Porque la política solo recupera su sentido cuando deja de mirarse al espejo y vuelve a mirar a la sociedad a la que debe servir. @mundiario

 

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