Las imágenes llegadas desde Venezuela y Japón han mostrado dos realidades completamente distintas frente a un mismo fenómeno natural. Mientras el doble terremoto que golpeó territorio venezolano provocó el derrumbe de numerosos edificios, cientos de fallecidos y miles de personas heridas o desaparecidas, Japón afrontó un potente seísmo sin lamentar pérdidas humanas y con daños muy limitados.
La comparación resulta inevitable. Ambos países conocen perfectamente lo que significa convivir con el riesgo sísmico, pero la capacidad de respuesta ha sido radicalmente diferente. El contraste refleja hasta qué punto la preparación previa puede marcar la diferencia entre una emergencia controlada y una catástrofe nacional.
La prevención, la gran ventaja del modelo japonés
Japón lleva décadas preparándose para un gran terremoto. Su ubicación sobre la convergencia de varias placas tectónicas convierte al país en una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta, una circunstancia que ha obligado a desarrollar una estrategia permanente de prevención.
Las autoridades cuentan con uno de los sistemas de alerta temprana más avanzados del mundo. Millones de teléfonos móviles reciben avisos apenas unos segundos antes de que lleguen las ondas sísmicas, tiempo suficiente para detener trenes de alta velocidad, paralizar procesos industriales y permitir que la población adopte medidas de autoprotección.
Pero la tecnología solo representa una parte del sistema. Las normas de construcción exigen que edificios, hospitales, colegios, puentes y grandes infraestructuras sean capaces de soportar terremotos de enorme intensidad. A ello se suma un mantenimiento constante y una inversión continuada que reduce considerablemente el riesgo de colapso.
The Japan Meteorological Agency says the magnitude 6.9 quake occurred off the coast of Iwate Prefecture and had an intensity of upper 6 on the Japanese scale of zero to 7 in the hardest-hit areas in the hardest-hit areas of Aomori Prefecture. https://t.co/bZpiKm94yl pic.twitter.com/dnuBDdKgKK
— NHK WORLD News (@NHKWORLD_News) June 25, 2026
Una cultura que se aprende desde la infancia
En Japón, la preparación frente a los terremotos forma parte de la educación cotidiana. Los niños participan regularmente en simulacros de evacuación y aprenden desde pequeños cómo actuar cuando se produce un seísmo.
Muchas familias mantienen preparados kits de emergencia con alimentos, agua, linternas, medicamentos y otros elementos básicos para sobrevivir durante varios días sin ayuda exterior. La población conoce los protocolos y sabe cómo reaccionar prácticamente de manera automática cuando se activa una alerta.
Los expertos insisten en que este entrenamiento permanente resulta tan importante como la tecnología, ya que los sistemas de aviso ofrecen apenas unos segundos de margen.
La situación venezolana presenta un escenario completamente distinto. El doble terremoto encontró a numerosas ciudades con infraestructuras envejecidas, edificios especialmente vulnerables y una limitada capacidad de respuesta inmediata.
Las labores de rescate se han visto dificultadas por los daños sufridos en carreteras, hospitales y servicios básicos, mientras miles de vecinos han tenido que pasar varias noches al aire libre por miedo al derrumbe de los inmuebles que permanecen en pie.
La ausencia de sistemas de alerta comparables a los japoneses y las dificultades para mantener programas permanentes de prevención han incrementado considerablemente el impacto humano de la tragedia.
El dinero también marca diferencias
Especialistas en gestión del riesgo recuerdan que la preparación sísmica requiere inversiones multimillonarias sostenidas durante décadas.
Modernizar edificios, reforzar hospitales, instalar miles de sensores, mantener centros de vigilancia, desarrollar sistemas de comunicación y formar a la población supone un esfuerzo económico que no todos los países pueden asumir con la misma facilidad.
Por ello, aunque la amenaza sísmica exista en ambos territorios, la capacidad para minimizar sus consecuencias depende en buena medida de los recursos disponibles y de las políticas públicas mantenidas durante años.
POR QUÉ EL TERREMOTO GOLPEÓ TAN FUERTE A VENEZUELA
— Clarín (@clarincom) June 25, 2026
Más del 80% de la población venezolana vive en zonas de alta amenaza sísmica, pero la construcción informal, la falta de mantenimiento y el deterioro de la infraestructura agravaron el impacto de los terremotos. Aunque el país… pic.twitter.com/ivaq7kumHH
Lejos de confiarse tras el último seísmo, Japón mantiene la vigilancia permanente. Los científicos continúan monitorizando la intensa actividad registrada en la costa noreste del país y siguen advirtiendo sobre la posibilidad de que, en el futuro, pueda producirse un gran terremoto en la fosa de Nankai, uno de los escenarios que más preocupa a las autoridades.
Los expertos recuerdan, no obstante, que los terremotos siguen siendo imposibles de predecir con exactitud. Precisamente por ello, la estrategia japonesa consiste en asumir que volverán a producirse y preparar a toda la sociedad para responder de la forma más rápida y eficaz posible.
La comparación con Venezuela deja una conclusión clara: cuando la naturaleza golpea con la misma fuerza, la diferencia entre una tragedia y una emergencia controlada suele depender mucho más de la prevención, la planificación y la resiliencia de un país que de la intensidad del propio terremoto. @mundiario