En un momento marcado por la volatilidad de los mercados internacionales, la presión del cambio climático y la creciente competencia global, el sector vitivinícola gallego ha vuelto a mirar hacia uno de sus activos más sólidos: el territorio. Esa ha sido, en esencia, una de las principales conclusiones del XIV Foro del Albariño y de la sexta edición del curso de verano de la Universidade de Santiago de Compostela celebrado en Meis (Pontevedra), que durante dos jornadas convirtió el Val do Salnés en un espacio de reflexión sobre el presente y el futuro del vino gallego.
Bajo el título Simbiosis con el entorno y enoturismo frente al nuevo escenario global, el encuentro reunió a académicos, bodegueros, empresarios y especialistas con un objetivo compartido: analizar cómo las bodegas pueden reforzar su competitividad internacional precisamente a través de aquello que las hace diferentes, su arraigo territorial, su cultura y su capacidad para generar comunidad.
La iniciativa, organizada por la Universidade de Santiago de Compostela en colaboración con Adegas Terra de Asorei y la Asociación Adegas do Salnés, ha consolidado un modelo singular de transferencia de conocimiento entre universidad y sector productivo. No en vano, el Foro del Albariño alcanza ya su decimocuarta edición desde su creación en 2008, mientras que la colaboración con los cursos de verano de la USC suma seis convocatorias consecutivas.
El sector vitivinícola gallego apuesta por reforzar el vínculo entre vino, paisaje y comunidad. El enoturismo de identidad emerge como una estrategia diferencial frente a la globalización
El presidente y consejero delegado de Adegas Terra de Asorei, Xosé Ramón Durán, Roque Durán, subrayó precisamente la relevancia de este espacio de encuentro en un momento de especial incertidumbre para el sector. La combinación de expertos universitarios, empresarios vitivinícolas y referentes de Galicia y Cataluña ha permitido, según destacó, abordar los desafíos actuales desde perspectivas complementarias y con vocación práctica.
La reflexión compartida durante las jornadas partió de una premisa cada vez más extendida en las regiones vitivinícolas europeas: la bodega ha dejado de ser únicamente un espacio de producción para convertirse también en un agente de dinamización económica, social y cultural del territorio. En este sentido, el codirector del curso, Hugo Campos Romero, defendió la necesidad de entender el sector del vino como un ecosistema en el que paisaje, patrimonio, actividad económica y comunidad forman parte de una misma realidad.
Curso la USC dedicado al vino en Meis (Pontevedra). / @lluistolosa
La apuesta por el denominado "enoturismo de identidad" ocupó un lugar central en el debate. Frente a modelos de turismo masificado y estandarizado, los participantes reivindicaron experiencias vinculadas a la autenticidad, la historia y la cultura local como uno de los principales elementos diferenciales del vino gallego en los mercados internacionales.
La codirectora del curso, Elisa Durán Rubí, defendió que una bodega comprometida con la calidad y con el origen puede reforzar su posición internacional precisamente desde lo local. En un contexto económico global caracterizado por la incertidumbre, la identidad territorial deja así de ser un elemento exclusivamente cultural para convertirse también en una estrategia empresarial.
Presencia de Lluís Tolosa
El programa académico se estructuró en torno a cuatro grandes ámbitos: los desafíos globales del sector, con especial atención al impacto del cambio climático y la volatilidad comercial; la función de la bodega como espacio comunitario y motor de desarrollo local; las oportunidades del enoturismo de identidad; y la innovación aplicada a la recuperación de técnicas y valores tradicionales de elaboración. Entre los ponentes estuvo Lluís Tolosa, autor de más de 30 libros de vinos y enoturismo, Premi Millor Prescriptor del Vi de Catalunya 2024 y director de La Guía de Vinos de La Vanguardia.
Las sesiones técnicas, mesas redondas y catas comentadas permitieron, además, trasladar estas reflexiones al terreno práctico. La degustación de albariños procedentes de cepas centenarias, junto a espumosos de Corpinnat, Cava y otras elaboraciones singulares, sirvió para ilustrar una idea que atraviesa hoy buena parte del debate vitivinícola europeo: la innovación y la tradición no constituyen conceptos opuestos, sino elementos complementarios de una misma estrategia de futuro.
El sector vitivinícola y enoturístico de O Salnés acaba de recibir un nuevo impulso gracias al apoyo de la Xunta de Galicia. El director de Turismo de Galicia, Xosé Merelles, anunció en Meis la concesión de cerca de 800.000 euros en ayudas para diez empresas de la comarca, dentro del Plan Territorial de Sostenibilidad Turística (PSTD) Enogastronomía de Galicia 2023-2025, dotado con 34,5 millones de euros y cofinanciado por la Unión Europea a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.
La experiencia desarrollada en Meis deja, en definitiva, una conclusión relevante para el conjunto del sector agroalimentario gallego: en un mundo cada vez más globalizado e incierto, el valor diferencial puede encontrarse precisamente en aquello que no puede deslocalizarse, esto es, el territorio, la cultura, el conocimiento y la identidad. @mundiario