Antes de que empezara el Mundial, la portería era uno de los debates más repetidos alrededor de la selección española. Unai Simón partía como favorito para Luis de la Fuente, pero no necesariamente para una parte de la prensa ni para muchos aficionados. David Raya y Joan García llegaban con argumentos suficientes para discutirle el puesto.
El seleccionador, sin embargo, nunca pareció tener dudas. Su apuesta era Unai Simón. Por confianza, por continuidad y por jerarquía dentro del grupo. Mientras fuera de la selección se abría la comparación, dentro el orden parecía mucho más claro.
Tres partidos después, el debate ha desaparecido. España empató contra Cabo Verde, goleó a Arabia Saudí y ganó por la mínima a Uruguay. Cerró el Grupo H como primera y, sobre todo, lo hizo sin encajar un solo gol. Tres encuentros, tres porterías a cero.
El dato tiene valor. En un Mundial con más selecciones, más partidos y muchas fases de grupos abiertas hasta el último día, no recibir goles no es una anécdota. México también cerró su grupo sin encajar y Argentina llegó a la última jornada en la misma situación. España, al menos en ese apartado, está en una lista muy reducida.
Pero conviene no confundir el dato con una conclusión definitiva. Unai Simón no ha necesitado hacer un Mundial de paradas imposibles. No ha sostenido a España en partidos rotos ni ha salvado eliminatorias. La portería a cero existe, pero la exigencia real todavía ha sido limitada.
Cabo Verde apenas castigó a España en el debut. Arabia Saudí no tuvo nivel para discutir el partido. Uruguay, que llegaba envuelta en ruido interno y con problemas evidentes de juego, tampoco fue capaz de convertir su necesidad en ocasiones claras. España defendió bien, sí, pero sus rivales no demostraron una enjundia suficiente para medir de verdad al portero.
Por eso el debate no se ha cerrado tanto como se ha aplazado. Nadie puede decir que Unai Simón haya dado motivos para cambiar. Tampoco que haya despejado todas las dudas con actuaciones decisivas. Simplemente, el Mundial ha llevado la conversación hacia otros lugares.
Ahora se habla del juego. De la falta de ritmo. De las posesiones demasiado planas. De los problemas para generar peligro cuando el rival se cierra. De las posibles lesiones de Nico Williams y Jeremy Pino. De la falta de extremos naturales. De los cambios de Luis de la Fuente y de quién debe jugar en determinadas posiciones.
La portería, mientras tanto, ha quedado en silencio. Y eso, para un guardameta, casi siempre es una buena noticia. Unai Simón no ha sido protagonista, pero tampoco ha sido un problema. En una selección que está encontrando más preguntas en ataque que en defensa, eso ya tiene cierto valor.
España llega a las eliminatorias con la portería intacta y con el debate guardado en un cajón. No porque se haya demostrado de forma definitiva que Unai Simón era la única respuesta posible, sino porque, por ahora, no ha habido una pregunta lo bastante fuerte como para volver a abrir la discusión. @mundiario