Tras el éxito internacional de Interview With the Vampire llega The Vampire Lestat.
La serie recupera a Sam Reid y Jacob Anderson como Lestat y Louis, la pareja inmortal que conquistó a crítica y público gracias a una adaptación abiertamente queer de las novelas de Anne Rice.
El proyecto forma parte del llamado Immortal Universe de AMC y confirma cómo estos personajes han redefinido la carrera de sus intérpretes.
Para Reid, convertido ya en uno de los rostros más reconocibles de la televisión fantástica contemporánea, interpretar al carismático vampiro francés supone adentrarse en una figura tan seductora como contradictoria, una estrella del rock sobrenatural cuya historia mezcla espectáculo, trauma, amor y poder.
En esta conversación, el actor Sam Reid reflexiona sobre la evolución de Lestat, la naturaleza humana de los vampiros de Rice y las referencias artísticas que han dado forma a uno de los personajes más complejos de la ficción reciente.
MWN: La nueva temporada parece tener un tono más ligero y divertido en sus primeros episodios. ¿Ha sido agradable alejarse de la oscuridad habitual de la serie?
--Depende de cuánto hayas visto. Si solo has visto los dos primeros episodios, puedo decirte que la serie se vuelve bastante miserable. Creo que Lestat, quiere que la gente se lo pase bien. No quiere sumergirse en el trauma ni convertir el sufrimiento en un espectáculo. Pero esa actitud está muy presente en los libros de Anne Rice.
Rolin Jones, Hannah Moscovitch y todo el equipo han logrado reproducir muy bien la sensación que experimentan los lectores cuando pasan de una novela a otra. Hay una especie de latigazo tonal. De repente parece que entras en un espacio mucho más irreverente. Pero la oscuridad va filtrándose poco a poco hasta que termina apoderándose de todo. Y Lestat tampoco puede escapar de ella. Es como alguien que intenta salir de una tumba mientras siguen echándole tierra encima.
MWN: ¿Qué diferencia existe entre interpretar la versión humana de un personaje y su versión vampírica?
--Hay una frase en los libros que siempre cito mal, pero que dice algo parecido a que nunca cambiamos realmente con el paso del tiempo; simplemente nos convertimos cada vez más en quienes somos de verdad. Creo que esa idea resume perfectamente la esencia de estos personajes.
Tanto los libros como la serie exploran quiénes eran estas personas cuando todavía eran humanas. En sus vidas hay complejidades sin resolver, heridas, contradicciones y preguntas pendientes. Cuando añades la inmortalidad, todo eso se amplifica. Las experiencias humanas, los problemas que marcaron sus vidas y las decisiones que tomaron adquieren una dimensión mucho mayor.
Por eso no creo que interpretemos a los vampiros como criaturas completamente distintas de los seres humanos. El vampiro es una herramienta narrativa para explorar la condición humana a una escala mucho más operística.
En realidad estamos hablando de emociones humanas. Lo que ocurre es que el marco fantástico nos permite llevar esas emociones al extremo. Cuando dos personajes discuten, pueden despedazarse físicamente y luego volver a reunirse. Es una forma exagerada de representar conflictos que siguen siendo profundamente humanos.
Los fenómenos televisivos basados en las novelas de Anne Rice dan un nuevo paso con The Vampire Lestat, el spin-off que AMC estrenó en junio. Foto: cortesía.MWN: Esta temporada también aborda cómo la opinión pública puede alterar la percepción de la verdad. ¿Cómo afecta eso a Lestat?
--Es un tema fascinante. Hay una idea que aparece ya en la primera temporada a través de Daniel Molloy. Cuando una historia se hace pública, deja de pertenecer a quien la cuenta. La audiencia la interpreta, la transforma y la convierte en algo propio.
Eso es exactamente lo que ocurre aquí. Independientemente de cómo se sienten los personajes respecto a aspectos muy íntimos de sus vidas, una vez que esa información circula públicamente, pasa a formar parte del debate colectivo. Se convierte en material para las redes sociales, las teorías, las interpretaciones y las tergiversaciones. Y entonces tienen que convivir con las consecuencias.
En realidad, es algo que sucede constantemente en el mundo actual. Vivimos rodeados de interpretaciones erróneas y de reacciones desproporcionadas generadas por una sola información. Creo que los vampiros son una herramienta excelente para explorar esa realidad contemporánea.
Hay un momento al principio de la temporada en el que Molloy le recuerda a Lestat que ha sido testigo de acontecimientos extraordinarios a lo largo de la historia de la humanidad. Y Lestat responde algo así como que la humanidad también está llena de personas que ganan dinero participando en concursos para comer perritos calientes o conduciendo vehículos absurdos por las ciudades.
Me parece una manera muy divertida de reflexionar sobre el mundo moderno desde la perspectiva de alguien que ha vivido siglos.
MWN: El Lestat rockero recuerda a figuras como David Bowie, Jim Morrison o Michael Hutchence. Sin embargo, el personaje nació en el siglo XVIII. ¿Qué referencias utilizó para construirlo?
--Para mí, la presencia escénica de Lestat nace realmente en el siglo XVIII. Está muy relacionada con la tradición francesa derivada de la commedia dell’arte. Ahí es donde sitúo el origen de su forma de actuar y de relacionarse con el público.
Todo lo que viene después es una extensión de esa base. Evidentemente observé a artistas como David Bowie. En particular estudié las grabaciones de la gira Cracked Actor. Pero no tanto para copiar gestos concretos, sino para recordar constantemente que Lestat no es humano. Hay algo sobrenatural en él que no debe desaparecer.
Esta temporada muestra una vulnerabilidad mucho mayor que las anteriores. Precisamente por eso era importante conservar esa sensación de ambigüedad, esa impresión de que pertenece a otra especie y a otra realidad. Bowie tenía una capacidad extraordinaria para transmitir eso.
También quería que la interpretación mantuviera un componente teatral. Al principio de la historia, Lestat está interpretando el papel de una estrella del rock. Está representando una idea. Pero a medida que avanza la temporada, esa actuación empieza a desaparecer y emerge algo más auténtico.
En ese proceso me apoyé mucho en los libros, en el trabajo de Rolin Jones y en las canciones compuestas por Daniel Hart para encontrar al personaje detrás del espectáculo.
MWN: En esta temporada también interpreta a Jarda Klapka, un personaje diferente de Lestat. ¿Cómo abordó ese trabajo?
--Fue un proceso fundamentalmente físico. Teníamos muy poco tiempo para diferenciarlos y la pregunta principal era cómo lograr que el público viera inmediatamente a otra persona.
Inicialmente el personaje era sueco. Rolin incluso lo llamaba en broma “Swedestat”. Empecé a trabajar con el entrenador de dialectos e investigué cómo hablaría un hombre sueco de esa época. Llegué a la conclusión de que probablemente habría recibido formación militar y tendría un inglés bastante correcto. Cuando le mostré el resultado a Rolin, me dijo que sonaba demasiado limpio y que quería algo más marcado.
Así fue como el personaje terminó convirtiéndose en checo. Pasó a ser “Czechstat”, por decirlo de alguna manera, y eso nos permitió trabajar con un acento mucho más fuerte.
Después vino toda la transformación física. Junto a la maquilladora Tami Lane le añadimos una ceja unida, utilizamos unas prótesis dentales antiguas de las pruebas de la primera temporada y eliminamos los colmillos. Como las piezas eran un poco grandes, le daban un ligero aspecto de dientes prominentes. Incluso pintamos un pequeño hueco dental. También llevábamos varias pelucas superpuestas.
Todo contribuía a construir una figura distinta. Mi principal objetivo era hacerlo más terrenal, más contenido y menos magnético que Lestat. Había escenas en las que podía dejarme llevar mucho más con el personaje, y fueron muy divertidas de interpretar. Pero siempre intentamos mantenerlo dentro de unos límites que lo hicieran creíble dentro del universo de la serie.