El ingreso de nuevos socios a la UE vuelve a estar sobre la mesa tras años de parálisis. El ataque de Rusia a Ucrania obligó a los Veintisiete a rediseñar su estrategia defensiva: ahora, ampliar las fronteras europeas ya no es un debate puramente económico, sino un escudo geopolítico para blindar la seguridad del continente.
En este nuevo contexto, Montenegro se ha situado a la cabeza del proceso de adhesión y Bruselas considera cada vez más realista la posibilidad de concluir las negociaciones antes de que finalice este año, con el objetivo de que el país balcánico pueda incorporarse a la Unión en enero de 2028.
El respaldo político mostrado por los líderes europeos refleja este cambio de ritmo. Durante el inicio de la presidencia irlandesa del Consejo Europeo, su presidente, António Costa, expresó su confianza en que el proceso llegue a buen puerto en los próximos meses. “Montenegro tiene una oportunidad muy realista de poder cerrar todos estos capítulos antes de que termine este año. Ese es nuestro objetivo”, afirmó también el primer ministro irlandés, Micheál Martin.
Costa fue igualmente optimista al señalar: “Pero me gustaría destacar el caso de Montenegro. Creo que es posible concluir las negociaciones de adhesión con Montenegro antes de que termine la presidencia irlandesa. ¡Sin presiones!”.
El procedimiento para ingresar en la Unión Europea continúa siendo uno de los más complejos del panorama internacional. Desde que Montenegro abrió oficialmente las negociaciones hace catorce años, ha debido adaptar progresivamente su legislación y sus instituciones a las normas comunitarias mediante 33 capítulos de negociación que abarcan prácticamente todos los ámbitos de gobierno, desde la independencia judicial y la lucha contra la corrupción hasta la política agrícola, el mercado interior, la competencia o la gestión presupuestaria.
Hasta la fecha, 16 de esos capítulos ya se encuentran provisionalmente cerrados. El objetivo de Bruselas es completar los 17 restantes antes de finalizar el año. Alcanzar esa meta supondría un hito político, pero no equivaldría todavía a la adhesión definitiva.
Una vez concluidas las negociaciones, deberá firmarse el Tratado de Adhesión entre Montenegro y los Estados miembros. Posteriormente, dicho tratado tendrá que ser ratificado tanto por Podgorica como por cada uno de los países de la Unión Europea siguiendo sus respectivos procedimientos constitucionales, un proceso que suele prolongarse durante meses e incluso años. La experiencia de Croacia (2013), el último país en incorporarse al bloque, demuestra que entre el cierre de las negociaciones y la entrada efectiva transcurrió aproximadamente un año y medio.
Precisamente por ello, las instituciones comunitarias trabajan ya sobre la hipótesis de una adhesión en enero de 2028. Como muestra de esa planificación anticipada, la Comisión Europea ha presentado un paquete financiero específico que estima en 3.189 millones de euros el coste de integrar a Montenegro durante el próximo Marco Financiero Plurianual correspondiente al período 2028-2034.
El documento constituye un paso decisivo para cerrar el capítulo 33, relativo a las disposiciones financieras y presupuestarias. Su objetivo es garantizar que el país pueda acceder a los fondos europeos desde el primer día de su incorporación sin generar interrupciones administrativas ni afectar a las asignaciones ya previstas para los actuales Estados miembros.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó la iniciativa como “otro paso concreto hacia el futuro de Montenegro en nuestra Unión”, subrayando que “la ampliación tiene éxito cuando es un proyecto europeo compartido, basado en el mérito, el compromiso y la confianza”.
Por su parte, la comisaria de Ampliación, Marta Kos, aseguró que el nuevo paquete demuestra que la Unión Europea cumple con sus compromisos “mientras Montenegro realiza un trabajo importante en su camino hacia la adhesión”, garantizando “la continuidad desde el primer día de la membresía”.
El plan contempla que la mayor parte de los recursos se destinen a cohesión económica, agricultura y seguridad interior. Además, Montenegro deberá preparar con antelación un plan nacional de implementación compatible con el futuro presupuesto comunitario, de forma que su integración administrativa pueda realizarse de manera prácticamente automática cuando llegue el momento de la adhesión.
Más allá del caso montenegrino, la aceleración responde a una estrategia mucho más amplia. La Unión Europea pretende demostrar que el proceso de ampliación sigue siendo creíble para el resto de países candidatos, especialmente Ucrania y Moldavia, que recientemente comenzaron también sus negociaciones de adhesión tras años de bloqueo político.
En ese sentido, Costa afirmó: “Debemos avanzar en todos los frentes trabajando más duro y más rápido con todos los candidato”, mientras que Micheál Martin reiteró la voluntad de Irlanda de abrir nuevos capítulos de negociación tanto con Ucrania como con Moldavia durante su presidencia del Consejo.
La dimensión geopolítica resulta difícil de ignorar. La adhesión de nuevos miembros ya no se interpreta únicamente como un proceso de convergencia económica o institucional, sino también como una herramienta para reforzar la estabilidad del continente frente a un escenario internacional mucho más incierto. Esa realidad explica que el debate sobre la ampliación, prácticamente paralizado durante más de una década tras las incorporaciones de Croacia, Bulgaria y Rumanía, haya recuperado un impulso que pocos preveían hace apenas unos años. @mundiario