
Una vez que deje de rodar el balón y sin representación de los países latinoamericanos en el campeonato mundial de futbol, los ojos volverán a Venezuela.
Los noticieros han dado más relevancia a los goles de Messi y Ronaldo que a la tragedia que vive el pueblo venezolano, azotado por dos desastres: uno natural, el otro (el peor) político.
La tragedia desnudó al régimen chavista, al incompetente y corrupto Nicolás Maduro y a su cómplice, Delcy Rodríguez, premiada por Donald Trump por haber facilitado la captura de conductor de trailer convertido en presidente.
El gobierno venezolano no cuenta con las herramientas para hacer frente a la desgracia; carece de la maquinaria más indispensable para la remoción de escombros a tal grado que ahora depende de la benevolencia del mundo.
El terremoto exhibió cómo las columnas y castillos que debían sostener construcciones hechas por el chavismo estaban rellenas de unicel, es decir, eran de cartón, por lo que a la primera sacudida de la tierra cayeron como naipes.
Hay una desorganización total denunciada por los grupos de ayuda voluntaria que incluso han sido impedidos de trabajar por la llamada Guardia Bolivariana.
La Presidenta se sigue comportando como lo hizo Maduro: como dictadora pero ahora con un agravante: a diferencia de su exsocio preso, ella cuenta con el respaldo de Donald Trump, que es muy distinto a decir que la respalda Estados Unidos.
La caída de Maduro no le ha significado un gran cambio a la vida de millones de venezolanos, como mucho se esperaba, porque Trump, a cambio de los contratos petroleros, dejó que los socios del extrailero continuaran con el poder.
No todos los presos políticos han sido liberados; la censura en los medios de comunicación se mantiene y siguen operando el siniestro Diosdado Cabello, acusado por Estados Unidos de narcoterrorista y por el cual existe una recompensa de 25 millones de dólares.
Cuando pudo capturarlo, el gobierno trumpista no lo hizo y ahora hace como que lo busca sin quererlo encontrar.
Trump no impulsó una transición democrática en Venezuela, como se esperaba, sino que utilizó a quienes detentaban el poder a cambio de no apresarlos para favorecer sus intereses económicos.
La premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, quien malamente quiso ganarse el favor de Trump ofrendándole su premio, fue impedida de entrar a Venezuela después del terremoto a pesar de que su presencia podría unificar a un país en crisis.
Por ahora, el número de muertos sigue creciendo a diario al igual que el de los heridos; de los desaparecidos, estimados en 50,000 al día siguiente del siniestro, ya ni se habla por la cifra podría ser más espeluznante.
El país que alguna vez fuera rico entre los ricos productores de petróleo, ahora sufre a la espera de que lleguen tractores, bulldozers y retroexcavadoras para rescatar, de sus ruinas, los restos de sus ciudadanos.
Qué pena.
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Al cierre de este espacio aún no iniciaba el partido entre México e Inglaterra, para el cual las autoridades de la capital habían preparado un dispositivo especial.
Se había limitado el acceso a la zona del Ángel de la Independencia a solo 25,000 personas, un número infinitamente menor al de los aficionados que se habían congregado después del partido vs. Ecuador.
Se dispusieron vallas y puestos de acceso, que fueron rebasados por las hordas de fanáticos dispuestos a celebrar el pedido milagro.
Independientemente del resultado, lo deseable es que no se registrara, otra vez, saldo rojo.
@adriantrejo