Estados Unidos ha celebrado los 250 años de su Declaración de Independencia en medio de la polarización. Como decíamos el viernes, tiene en su interior las semillas del totalitarismo que amenazó al mundo en el siglo XX y que Estados Unidos detuvo. Ahora tiene que hacerlo a su interior.
Llega en buen momento el nuevo libro de Ángel Jaramillo, Donald Trump y la rebelión en la granja, que tiene como subtítulo “la ideología política de la ‘nueva derecha’ norteamericana”, publicado por Aguilar. En él, Jaramillo revisa con detalle seis grupos que él identifica como las visiones ideológicas (teológicas, como veremos) que compiten por la atención de Trump, pero especialmente por instalarse en el poder.
En esta columna yo he propuesto tres grupos: los neoconservadores, es decir Republicanos más o menos tradicionales, que hoy se agrupan alrededor de Marco Rubio; los fundamentalistas, que conforman la base de MAGA y tienen un fuerte componente evangélico; y los nativistas, que ubico guiados por personajes como Peter Thiel o Elon Musk, la mafia de PayPal.
Jaramillo va más a fondo en estos dos últimos grupos. No considera al primero, o tal vez lo da por supuesto. Coincide en identificar a Peter Thiel como representante de una de las propuestas ideológicas, una especie de libertarianismo antidemocrático con el que coinciden muchos de los magnates tecnológicos, los “technobros”, como se les ha dado en llamar.
En segundo lugar, Jaramillo coloca a Steve Bannon, “populista medieval”, lo llama. Creo que la influencia de Bannon ha sido mucho menor en este segundo mandato de Trump, y así lo entiende también el autor, al que le preocupa más el tercer grupo, que ejemplifica con Curtis Yarvin. A este, aunque también lo llama libertario, Jaramillo lo ubica como la opción ideológica más peligrosa, en tanto su objetivo es la destrucción total de la Ilustración. Justo lo que ha sido la esencia de Estados Unidos.
A continuación, Jaramillo no propone una persona, sino un grupo: la escuela de Claremont. Creo que este es el capítulo más importante, en tanto que el grupo ahí analizado no sólo ha logrado instalarse en el Poder Judicial (Claremont impulsa el “originalismo” en la interpretación de la Constitución, que es justamente lo que está detrás de la Federalist Society, a la que están asociados los tres ministros que Trump ha instalado en la Suprema Corte, y 43 jueces de Circuito que ha nombrado) sino que es muy probablemente el eje detrás del Project 2025, desarrollado en la Heritage Foundation, y que se aplica con rigor en este segundo mandato de Trump. Entre otros, por Stephen Miller.
En todos los capítulos, Jaramillo insiste en que las posturas ideológicas son teológicas. Algunas en el fondo, pero otras incluso en la superficie. Es el caso de las últimas dos: la “católica” de Patrick Deneen y la evangélica, que él identifica como nacionalismo cristiano.
Donald Trump y la rebelión en la granja es un libro bien escrito, pero culturalmente denso. La razón se entiende en el epílogo, en el que Jaramillo nos confirma que este libro no es una ocurrencia, sino la condensación de una década de trabajo, que ha dado como resultado tres tomos académicos (el tercero por publicarse) titulados Trump and Political Philosophy y publicados por Palgrave. Eso explica las frecuentes referencias a la filosofía política o a la filosofía alemana, que enriquecen mucho el análisis, pero podrían dificultar la lectura. Creo que es un obstáculo menor, que además puede convertirse en un aliciente para profundizar en esos cuerpos de pensamiento. Es algo que será muy útil en los tiempos que vienen.
El libro de Jaramillo, le decía, llega en buen momento. Conviene leerlo para entender mejor el comportamiento errático del energúmeno naranja. Detrás de él están las verdaderas amenazas.