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Mundiario 11 Jul, 2026 00:01

N'Golo Kanté y Lucas Hernández: los campeones olvidados por Deschamps en 2026

El fútbol de élite tiene una memoria sumamente corta y los altares del éxito pasado no garantizan la continuidad en el presente más inmediato. N'Golo Kanté, uno de los grandes pilares sobre los que se edificó el campeonato del mundo conquistado por Francia en Rusia 2018, vive hoy una realidad competitiva diametralmente opuesta.

Aquel incansable centrocampista que formó un tándem legendario de destrucción y creación junto a Paul Pogba ha pasado de ser un indiscutible para Didier Deschamps a convertirse en un actor secundario sin protagonismo en las rondas decisivas.

Tras perderse la cita de Qatar 2022 por una inoportuna lesión y emprender una nueva etapa profesional en el balompié de Arabia Saudí, su regreso a los planes internacionales a finales de 2025 parecía abrirle una nueva oportunidad de redención.

El seleccionador decidió incluir al veterano pivote de 35 años en la expedición definitiva hacia tierras norteamericanas para aportar experiencia al vestuario. Sin embargo, la teoría de los galones no se ha traducido en realidades sobre el césped, donde el mediocentro vive un inesperado ostracismo.

La prueba definitiva de su pérdida de peso en la rotación se escenificó en el decisivo compromiso de cuartos de final ante Marruecos. A pesar de los problemas físicos que arrastraba Aurélien Tchouaméni en las horas previas, Deschamps prefirió apostar por la juventud de Manu Koné en lugar de recurrir al oficio del exjugador del Chelsea. La jugada le salió a la perfección al técnico de los Bleus, ya que el futbolista de la Roma cuajó una actuación soberbia en el doble pivote junto a Adrien Rabiot, que de paso terminaron secando a una de las revelaciones como Ayyoub Bouaddi. 

Lucas Hernández vive una situación similar 

El caso de Kanté no es, ni mucho menos, un expediente aislado dentro de la actual configuración de la plantilla del subcampeón del mundo. La transición generacional es un proceso tan natural como implacable en el fútbol de élite, donde el peso de la historia reciente suele claudicar ante el estado de forma del presente. En el seno del combinado galo, la nostalgia no juega partidos ni suma puntos en el casillero.

Lucas Hernández, otro de los grandes héroes de la estrella conseguida en Moscú y pieza fija en los esquemas nacionales hasta su grave lesión de rodilla en el pasado torneo de Oriente Medio, experimenta hoy una situación de olvido idéntica. El polivalente defensor del Paris Saint-Germain no ha disputado ni un solo minuto de acción en lo que va de certamen. Su ausencia en el verde no se debe a la falta de galones, sino a la realidad de una feroz competencia interna que no entiende de pasados gloriosos.

La pizarra del seleccionador ha encontrado una solidez incuestionable que reduce al mínimo el margen para las rotaciones por motivos meramente sentimentales. La exigencia del torneo obliga a colocar sobre el césped un bloque de hormigón armado, donde cada pieza debe funcionar a la perfección. En este ecosistema de rendimiento inmediato, los códigos de lealtad hacia la vieja guardia se supeditan estrictamente a la búsqueda de la eficiencia colectiva.

En el carril izquierdo de la retaguardia, las preferencias técnicas se han decantado firmemente por el despliegue dinámico de Theo Hernández y la experiencia de Lucas Digne, mientras que la zona central de la zaga parece propiedad exclusiva de la imponente pareja formada por William Saliba y Dayot Upamecano. Este muro infranqueable ha dejado sin espacio a los antiguos estandartes, obligándolos a asumir un rol secundario desde la sombra del banquillo.

Es así como se escribe el destino de las grandes potencias futbolísticas. Los viejos campeones, aquellos que alguna vez tocaron el cielo con las manos, aceptan ahora el silencioso sacrificio de la suplencia, transformando su veteranía en el combustible anónimo que empuja a los nuevos talentos hacia la gloria. Al final, el fútbol no se detiene por nadie: la vieja guardia se retira con honor para que la nueva generación empiece a esculpir su propia leyenda.  @mundiario

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