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El Financiero 14 Jul, 2026 01:00

Fuera de la conversación

El Mundial es una conversación. El lenguaje para participar en esa charla, tan local como global, es muchas veces aprendido en casa; y en los medios (hoy las redes). De generación a generación, de narrador a narrador, de algoritmo a algoritmo, la sociedad aprende una forma de vivir y entenderse en el futbol. Algo similar se puede decir de la política; y un buen político interpreta bien ambos códigos.

El domingo pasado, por ejemplo, en Panadería San Simón, en un margen de Avándaro, Estado de México, las pastas, la cerveza, las pizzas y el vino, y ya no digamos el entorno boscoso, eran lo de menos. La gente estaba, como en todo el país, pegada a las pantallas. El Inglaterra vs. Noruega le decía mucho a un montón de mexicanos que antes del Mundial poca o nula afinidad tenían por esos equipos.

Esa magia de cada cuatro años llegará a su fin el domingo. Y al cerrarse este periodo de ensoñación social, al coronarse un usual suspect —los equipos semifinalistas ya ganaron antes un Mundial—, también se habrá cerrado en México un momento donde la comunión fue posible, donde particularmente el gobierno de la República, y en cierta medida el de la CDMX, no supieron convivir.

Morena demostró incapacidad de entender que la masa pueda tener otro eje, de no ser la causa de una motivación o expectativa. Una singular carencia política para un movimiento que se supone que pretende trascender. Padecieron el Mundial en vez de aprovecharlo, en lugar de sumarse —incluso de adueñarse— de la conversación. Punto para el futbol.

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