La nueva fase de tensión entre Estados Unidos e Irán ha situado bajo los focos un lugar que hasta hace poco permanecía prácticamente desconocido para la opinión pública internacional: la denominada Montaña Pico (K?h-e Kolang Gaz L?), una gigantesca fortaleza excavada bajo roca maciza que, según analistas occidentales, podría albergar algunas de las instalaciones más sensibles del programa nuclear iraní.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha elevado la presión al señalar públicamente este complejo como uno de sus próximos objetivos militares. Sus declaraciones reflejan el cambio de prioridades de Washington tras los ataques contra otras instalaciones nucleares iraníes y evidencian que la atención se dirige ahora hacia aquellos enclaves que permanecen prácticamente intactos.
"Vamos a atacar la Montaña del Pico. Díganles a los iraníes que estén preparados", afirmó Trump durante una entrevista televisiva. Más tarde insistió en la misma idea al asegurar: "No vemos ninguna actividad allí. No les va bien con su programa nuclear. Cada vez que oímos hablar de ello, lo hacemos explotar. No les gusta hablar del tema. Pero probablemente intentaremos atacar la montaña relativamente pronto".
A diferencia de otras instalaciones nucleares conocidas, Pico no es una planta convencional situada en superficie. Se trata de un enorme complejo subterráneo construido en la provincia iraní de Isfahán, muy cerca del centro de enriquecimiento de uranio de Natanz, una de las piezas fundamentales del programa nuclear de la República Islámica.
Su principal característica es precisamente aquello que la hace especialmente relevante desde el punto de vista militar: la profundidad. Diversos análisis basados en imágenes satelitales sostienen que las galerías principales han sido excavadas entre 80 y 100 metros bajo roca granítica, aunque algunas estimaciones elevan incluso esa cifra. Esa profundidad supera la de otras instalaciones fortificadas iraníes, como Fordow, considerada durante años la joya del programa de enriquecimiento de uranio.
Las imágenes obtenidas por satélites comerciales muestran una compleja red de túneles, múltiples entradas y una infraestructura que continúa ampliándose mediante trabajos de excavación iniciados hace varios años.
La respuesta iraní a años de sabotajes
Durante la última década, las instalaciones nucleares de Natanz fueron objeto de diversas operaciones de sabotaje atribuidas por numerosos analistas a Israel y, en algunos casos, coordinadas con Estados Unidos. Entre ellas destacan explosiones internas, ciberataques y acciones encubiertas destinadas a ralentizar el desarrollo del programa nuclear iraní.
Tras esos episodios, Teherán decidió trasladar parte de sus actividades más sensibles hacia instalaciones mucho más protegidas. Las propias autoridades iraníes reconocieron hace años que estaban construyendo nuevas instalaciones "en el corazón de la montaña" con el objetivo de garantizar la continuidad de la producción de centrifugadoras incluso si las plantas superficiales eran destruidas.
Oficialmente, Irán sostiene que Pico funciona como un “centro de ensamblaje de centrifugadoras para uso civil” dentro de su programa nuclear. Sin embargo, servicios de inteligencia occidentales consideran posible que el complejo tenga un alcance mucho mayor y que pueda albergar futuras instalaciones de enriquecimiento de uranio o depósitos de material nuclear altamente enriquecido.
Precisamente esa enorme protección convierte a Pickaxe en uno de los objetivos militares más complejos que ha afrontado Estados Unidos.
La bomba antibúnker más potente del arsenal estadounidense, la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator (MOP), fue diseñada para destruir instalaciones profundamente enterradas. No obstante, distintos expertos consideran que incluso esta munición tendría enormes dificultades para alcanzar las cámaras principales si realmente se encuentran a más de 80 o 100 metros bajo granito compacto.
Mientras la capacidad máxima de penetración estimada para este tipo de armamento ronda varias decenas de metros de roca antes de detonar, la profundidad atribuida a Pico superaría ampliamente ese margen. Por ello, numerosos especialistas sostienen que un ataque aéreo podría destruir las entradas, provocar derrumbes parciales o inutilizar infraestructuras exteriores, pero no garantizar la destrucción completa del complejo subterráneo.
En términos militares, el búnker representa precisamente aquello que Irán ha perseguido durante años: una instalación cuya neutralización resulte extraordinariamente costosa.
Donald Trump has threatened to strike Pickaxe Mountain, an underground nuclear-related complex near Iran’s Natanz facility.
— Al Jazeera English (@AJEnglish) July 14, 2026
Al Jazeera’s @avawarrinerr
looks at what we know about the site, and what the threat suggests about Washington’s earlier claims of victory. pic.twitter.com/QT2vsJE76r
¿Por qué Trump la ha convertido en prioridad?
Las amenazas del presidente estadounidense responden a un contexto de creciente confrontación con Teherán, donde, tras los ataques sobre otras instalaciones nucleares y el deterioro de los intentos diplomáticos, Washington considera prioritario impedir que Irán pueda mantener capacidades de enriquecimiento protegidas frente a futuras operaciones militares. En este sentido, Trump ha insistido en que Estados Unidos no permitirá que Irán conserve la posibilidad de desarrollar armamento nuclear bajo la protección de instalaciones consideradas prácticamente inexpugnables.Mientras Natanz, Fordow e Isfahán han protagonizado buena parte de las operaciones militares anteriores, el Pico simboliza la capacidad iraní para reconstruir y proteger su infraestructura nuclear incluso después de sufrir importantes daños. Neutralizar ese enclave supondría, desde la perspectiva estadounidense, reducir significativamente la capacidad de recuperación del programa nuclear iraní.
Pero, a pesar del intenso seguimiento mediante satélites, la información disponible sigue siendo limitada. Irán no permite inspecciones internacionales en el complejo ni ha ofrecido detalles precisos sobre las actividades que se desarrollan en su interior.
Algunos analistas consideran que todavía no está plenamente operativo y que continúa en fase de construcción, mientras que otros sostienen que podría convertirse en el principal centro de enriquecimiento del país si otras instalaciones resultaran destruidas. Asimismo, persisten dudas sobre el destino de parte del uranio enriquecido iraní, ya que diversos expertos consideran que una cantidad significativa del material enriquecido al 60 % podría no haber sido destruida durante los ataques anteriores y seguir almacenada en instalaciones subterráneas cuya ubicación exacta continúa siendo desconocida. @mundiario