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AM 16 Jul, 2026 06:00

De política y cosas peores: Excepciones

opinion 1

“¿Quién es el mejor hombre que ha vivido sobre la faz de la tierra?”.  Esa inquietante pregunta se hicieron los cuatro parroquianos que compartían  mesa en el Bar Ahúnda. Dijo el primero: “Es Cristo”. Su respuesta no fue  aceptada: Jesús, a más de ser hombre, era también Dios en términos de fe.  Propuso el segundo: “El mejor ejemplar de la especie humana es San  Francisco de Asís”. Opinó el tercero: “Es Gandhi”. Uno de los contertulios iba  a decir que el hecho de tener librerías no es suficiente mérito para recibir tan  elevada distinción, pero en eso intervino el cuarto comensal. Manifestó con firmeza terminante: “El mejor hombre que en el mundo ha sido es Carmelino Patané”. “¿Carmelino Patané? -repitió uno-. ¿Quién chingaos es Carmelino  Patané?”. Replicó, hosco, el declarante: “Es el difunto primer marido de mi  esposa”. (El que dijo eso era también viudo cuando casó en segundas nupcias.  Le es aplicable entonces un antiguo dicho que admite numerosas excepciones:  “El hombre que enviuda y se vuelve a casar tiene deudas con el diablo y se las  quiere pagar”). La casona es vasta y recia. Se encuentra en el centro más  céntrico de mi ciudad Saltillo, a un costado de la Catedral, ahí donde el alcalde Chema Fraustro creó un bello paseo por el que ahora pasean saltillenses y  visitantes. La finca se edificó en el siglo antepasado para servir de morada al obispo de la diócesis, pero cuando vino la Reforma fue expropiada, y en ella  habitó en un tiempo don Benito Juárez con su familia y algunos de sus más  fieles seguidores, entre ellos Guillermo Prieto, quien dejó fama imperecedera  de que nunca se bañaba. Lo digo sin ánimo de ofender. Después la casa se  convirtió en cuartel. Los mílites solían llevar ahí mujeres de la vida airada, y yogaban con ellas en el lugar mismo donde antes oraba Su Excelencia. Al  paso de los años el sitio tuvo un destino mejor. Don Óscar Flores Tapia,  gobernador de gratísima memoria, lo llamó “Recinto de Juárez”, y lo hizo  sede del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. A su  inauguración asistieron historiadores de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y  Texas. Don Óscar les dirigió un mensaje que inició así: “Señores historiadores  de las Provincias Internas de Oriente”. El público saludó la frase con un  aplauso unánime, pues tales palabras evidenciaban conocimiento de la  Historia en quien las pronunció. Ése es el único discurso que he oído aplaudir  antes de empezar. Las evocaciones que hago me sirven de prolegómeno -por  no decir que de pretexto- para decir que este pasado martes fui presentado ahí  como Decano del Colegio, del cual soy el más antiguo colegiado. Ante los  numerosos asistentes decliné ese honroso nombramiento. Dije que debería ser  otorgado no por el mero transcurso del tiempo, sino atendiendo a los méritos  de la persona, y pedí autorización para ceder el decanato a un hombre -dije- a  quien no sólo admiramos y respetamos, sino además queremos: el profesor  Arturo Berrueto González. El cálido aplauso de los miembros del Colegio, las  autoridades presentes y la concurrencia en general avaló la cesión que hice del  título. Don Arturo expresó su agradecimiento, y con espléndida memoria  recordó que su padre, don Federico Berrueto Ramón, maestro de maestros, le  dijo alguna vez hablando de mí: “Ese muchacho cabrón es un poeta”. La gente rió porque acoté: “Más cabrón que poeta”. Precioso acto fue el del martes,  lleno de calidez y de emoción. Con él dieron principio las lucidas Jornadas de  Historia que cada año lleva a cabo el Colegio, y a mí me dio ocasión de no  hablar hoy de política, lo que agradezco rendidamente desde el fondo de mi  corazón. FIN.  

Mirador

Un sino aciago persigue a los dictadores: siempre cometen algún error fatal.

Lo cometió Julio César. Lo cometió Napoleón. Lo cometió Hitler. Lo  cometió Mussolini.

Y lo cometió Mao.

Este chinesco dictador acusó a los gorriones de ser enemigos del Estado, pues se comían los granos que pertenecían al pueblo. Ordenó llevar a cabo una campaña para acabar con ellos. Todos los chinos se aplicaron a la  tarea de matar gorriones. En cuestión de días aniquilaron a miles de millones  de esos pajarillos.

Terrible yerro. Poco tiempo después se desató una hambruna que  provocó la muerte de más de 40 millones de personas. Los insectos que  comían los gorriones, ya libres de ellos, se multiplicaron y causaron plagas  que acabaron con las cosecha. Eso trajo consigo una grave falta de alimentos.

Los gorriones son las avecillas que en ciencia se conocen como Passer  domesticus, y que acá son llamadas chileros. En mi tierra se les nombraba  “carrancistas”, porque entraban a las cocinas a robar comida. El útil “Diccionario de México”, de don Juan Palomar de Miguel, define el verbo  mexicano carrancear: “Hurtar; apoderarse de lo ajeno”.

¡Hasta mañana!…  

Manganitas

 “.El arbitraje de la FIFA favorece a Argentina.”.

Un crítico muy certero

opina en forma expedita

que es porque Messi milita,

y Messi deja dinero.

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