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Mundiario 15 Jul, 2026 18:54

No se puede elevar una ocurrencia a categoría de “cuestión de Estado”

El Mundial de fútbol tiene una virtud o un defecto: trasciende el deporte. Durante unas semanas todo gira alrededor del balón. Los aficionados se convierten en seleccionadores, los comentaristas en estrategas y los políticos, cómo no, aprovechan cualquier ocasión para saltar al terreno de juego. Incluso a veces un comentario acaba teniendo más recorrido que un buen partido.

Eso ha ocurrido con la expresión de Rajoy sobre la selección francesa: “Tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”. Una ocurrencia que unos interpretaron como una ironía sobre el carácter multicultural del equipo galo y otros como una prueba irrefutable de racismo y xenofobia.

La frase es desafortunada, puede ser de mal gusto e incluso resultar ofensiva. Pero entre un comentario torpe y una acusación de xenofobia y racismo media un abismo. El racismo es demasiado serio para convertirlos en etiqueta automática cada vez que alguien mete la pata. Si todo es racismo, xenofobia o discurso de odio, esas palabras terminan perdiendo la gravedad que se debería reservar para quienes hacen de la exclusión una forma de pensar y de actuar.

Tan llamativas como la frase de Rajoy fueron las reacciones. Condenas desde Francia y desde España 7 ministros compitiendo en severidad impostada, peticiones de rectificación… y la increíble exigencia del ministro de Exteriores de que Feijóo desautorice al expresidente que ejerce de comentarista deportivo por su cuenta. Como si Rajoy hiciera una declaración solemne de política exterior. Hasta algún periódico tituló a cuatro columnas.

Naturalmente, los miembros del Gobierno, como cualquier político, tienen derecho a censurar unas declaraciones que consideren impropias. Pero más impropio es elevar un comentario futbolístico a la categoría de incidente casi diplomático. Da la impresión de que la política necesita polémicas para desviar la atención de asuntos que están en la conversación pública, como la corrupción.

Son polémicas que llenan titulares, tertulias y redes sociales mientras asuntos más relevantes, como la vivienda, esperan turno para ser abordados. Es un recurso tan antiguo como la política y la forma de proceder habitual de gobiernos y oposiciones.

En definitiva, Rajoy tuvo una salida de tono o utilizó una ironía burda que merece ser criticada, incluso una rectificación, si él considera necesario. Sí es desproporcionado convertir esa frase en cuestión de Estado o en la prueba de racismo del expresidente, cuya trayectoria pública es sobradamente conocida.

La polémica amenaza con despertar más pasión que el partido que España y Francia jugaron anoche, como si ambos países no tuvieran problemas más serios de que ocuparse. Es una curiosa inversión de prioridades: los partidos duran noventa minutos, pero la sobreactuación política amenaza con jugar la prórroga. @mundiario

 

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