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Mundiario 18 Jul, 2026 09:40

Los patios también educan

Hay imágenes que hemos normalizado durante décadas y que, sin embargo, deberían hacernos reflexionar. Basta asomarse al recreo de muchos colegios para encontrar una inmensa explanada de hormigón o asfalto, apenas unos pocos árboles y escasos lugares donde sentarse. Durante años hemos visto como algo natural.

Hoy sabemos que no lo es. El patio escolar no es un espacio secundario. Es una prolongación del aula. En él se aprende a convivir, a cooperar, a respetar la naturaleza, a resolver conflictos y a descubrir el mundo. Si queremos una educación adaptada a los desafíos del siglo XXI, también debemos transformar los espacios donde esa educación se desarrolla

Menos hormigón y más naturaleza

Las ciudades llevan años intentando recuperar zonas verdes para hacer frente a la contaminación, al calor y a la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, muchos centros educativos siguen siendo auténticos desiertos de cemento. Resulta paradójico que, mientras enseñamos a los niños la importancia de cuidar el medio ambiente, los recreos transcurran en espacios donde apenas existe contacto con la naturaleza.

Los patios necesitan más árboles, jardines, arbustos, huertos escolares, superficies permeables y bancos bajo la sombra. Los árboles no solo refrescan el ambiente; también enseñan el paso de las estaciones, atraen aves e insectos beneficiosos y ayudan a comprender que la naturaleza forma parte de nuestra vida cotidiana.

No todo debe resolverse con hormigón o con pavimentos artificiales. En los últimos años se ha extendido el uso de superficies continuas de caucho, especialmente las fabricadas con granulado procedente del reciclaje de neumáticos. Aunque reducen el impacto de las caídas, diversas investigaciones científicas han detectado la presencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), metales y otros compuestos potencialmente preocupantes cuya exposición a largo plazo continúa siendo objeto de estudio. Sin caer en alarmismos, el principio de precaución aconseja priorizar, siempre que sea posible, materiales naturales y soluciones ambientalmente más sostenibles.

Patios que sean refugios climáticos

El cambio climático ya forma parte de nuestra realidad. Cada verano las temperaturas baten nuevos récords y las olas de calor son más frecuentes. Los patios escolares pueden convertirse en una herramienta extraordinaria para adaptarnos a esta nueva situación. Numerosos proyectos europeos demuestran que la renaturalización de los colegios consigue reducir significativamente la temperatura del entorno, mejorar la calidad del aire y aumentar el bienestar del alumnado.

Un patio lleno de árboles puede llegar a registrar varios grados menos que una gran explanada de asfalto. No es solo una cuestión de confort; también es una cuestión de salud. Además, estos espacios pueden convertirse fuera del horario lectivo en auténticos refugios climáticos para el barrio, ofreciendo sombra y frescor a toda la comunidad durante los episodios de calor extremo.

Patios inclusivos donde todos encuentren su lugar

Pero un buen patio no solo debe ser verde. También debe ser inclusivo. Durante décadas se han organizado los recreos alrededor de una gran pista deportiva, normalmente ocupada por un partido de fútbol. Ese modelo ha terminado concentrando buena parte del espacio en una única actividad, mientras muchos otros niños y niñas buscaban un rincón donde conversar, leer, jugar de otra manera o simplemente descansar.

La inclusión no consiste en eliminar el deporte. Consiste en ofrecer oportunidades para todos. Un patio bien diseñado dispone de diferentes ambientes: espacios deportivos, zonas tranquilas, jardines, lugares de encuentro, rincones de lectura, recorridos naturales, juegos cooperativos, áreas accesibles para alumnos con discapacidad y mobiliario pensado para distintas edades. Cuando todos encuentran su espacio, disminuyen los conflictos, mejora la convivencia y el recreo deja de ser un momento de exclusión para convertirse en una experiencia educativa.

En Galicia ya existen colegios que avanzan en esta dirección, demostrando que transformar un patio no significa únicamente cambiar un pavimento, sino construir una escuela más participativa, más igualitaria y más humana. Aulas saludables y climatizadas con energías renovables

La adaptación al cambio climático no termina cuando los alumnos regresan al aula. De poco sirve disponer de patios agradables si después las clases se desarrollan en espacios mal ventilados o con temperaturas que dificultan la concentración. La calidad del aire interior influye directamente en el bienestar, la salud y el rendimiento académico.

Es necesario garantizar una ventilación adecuada durante todo el año y sistemas de climatización eficientes capaces de mantener unas condiciones de confort tanto en invierno como en verano.

Pero esa climatización no puede seguir dependiendo de combustibles fósiles. En algunos colegios gallegos, el gasto en gasóleo para calefacción llega a representar alrededor del 20 % del presupuesto anual destinado a gastos de funcionamiento. Es un dinero que deja de invertirse en actividades educativas, material didáctico o mejoras para el propio centro.

La solución pasa por acelerar la implantación de energías renovables: aerotermia, geotermia, biomasa sostenible o energía solar fotovoltaica que alimente bombas de calor de alta eficiencia. Galicia ya está dando pasos importantes mediante el Plan de Nova Arquitectura Pedagóxica, con actuaciones de rehabilitación energética y proyectos de energías renovables en numerosos centros educativos. Cada euro que dejamos de gastar en combustibles fósiles puede convertirse en una inversión para mejorar la educación.

Las escuelas deben dar ejemplo

Los colegios son probablemente el edificio público donde más tiempo pasan nuestros hijos después de su propia casa. También son el lugar donde aprenden los valores que marcarán su vida como ciudadanos. Por eso, las escuelas deberían ser el mejor ejemplo de sostenibilidad de nuestros pueblos y ciudades.

No tiene sentido explicar en clase la importancia de reducir las emisiones de carbono mientras el edificio funciona con gasóleo. Tampoco resulta coherente enseñar el valor de la biodiversidad cuando el paisaje cotidiano del alumnado es una enorme superficie de cemento sin apenas un árbol.

Los niños aprenden observando. Aprenden del ejemplo mucho más que de los discursos. Un colegio con árboles, patios inclusivos, energía renovable, buena ventilación y espacios saludables transmite cada día un mensaje mucho más poderoso que cualquier libro de texto: que cuidar del planeta es posible y que las administraciones públicas también deben asumir esa responsabilidad.

Transformar nuestros centros educativos no es un capricho arquitectónico ni una moda pasajera. Es una inversión en salud, en igualdad, en sostenibilidad y en calidad educativa. Es preparar las escuelas para el clima del futuro y, al mismo tiempo, preparar a los ciudadanos que tendrán que vivir en él. Porque los patios escolares también educan. Y ha llegado el momento de que empiecen a hacerlo mejor. @mundiario

 

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