Lo que en un primer momento parecía un homicidio rodeado de incógnitas se ha convertido en uno de los sucesos más impactantes de las últimas semanas en Madrid. La investigación de la Policía Nacional ha reconstruido los hechos y concluye que detrás del asesinato de Facundo Rico, un ingeniero de origen argentino, se encontraba un hombre consumido por la sospecha de que su esposa mantenía una relación con la víctima.
El presunto agresor, identificado como Alberto Juan, habría planificado el encuentro convencido de que debía enfrentarse a quien consideraba responsable de la crisis de su matrimonio. Según las pesquisas, esa obsesión fue creciendo durante meses hasta desembocar en un ataque extremadamente violento dentro de la vivienda de Facundo, situada en el barrio madrileño de Las Tablas.
Los investigadores sostienen que el sospechoso acudió al domicilio preparado para un enfrentamiento. Incluso llevaba consigo un bote de gas pimienta, un detalle que refuerza la hipótesis de que no se trató de una discusión improvisada. La pelea terminó en la cocina de la vivienda, donde el ingeniero recibió trece puñaladas, varias de ellas por la espalda, unas heridas incompatibles con la vida.
Tras el crimen, el hombre abandonó rápidamente el edificio. Las cámaras de seguridad de la urbanización y de la vía pública permitieron seguir parte de su recorrido, mientras que el testimonio del portero de la finca resultó clave para situarlo en el lugar de los hechos pocos instantes después de que varios vecinos alertaran de gritos procedentes del inmueble.
Con esas pruebas y la información aportada por personas cercanas a la víctima, la Policía centró rápidamente la investigación en un posible móvil sentimental. Todo apuntaba a que el asesino actuó convencido de que Facundo mantenía una relación con su esposa, una sospecha que, según el entorno del matrimonio, había terminado convirtiéndose en una auténtica obsesión.
El presunto homicida regresó después a una vivienda que la pareja tenía en la provincia de Ávila. Allí coincidió con su mujer, a quien únicamente comentó que había estado realizando unas gestiones en Madrid, sin revelar lo sucedido horas antes.
Sin embargo, al día siguiente, cuando la noticia del asesinato ya ocupaba titulares y comenzaron a difundirse detalles sobre la identidad de la víctima, el sospechoso tomó una decisión definitiva. Se desplazó hasta una garganta situada en las inmediaciones del municipio y se quitó la vida, poniendo fin a cualquier posibilidad de que la Justicia pudiera interrogarle o juzgarle.
La muerte del principal investigado supone también el cierre prácticamente automático de la causa penal. En el ordenamiento jurídico español, el fallecimiento del presunto responsable extingue la responsabilidad criminal, por lo que el procedimiento judicial no podrá continuar contra él.
Las pesquisas también han permitido reconstruir el contexto personal que habría desencadenado la tragedia. Según las investigaciones, la esposa del sospechoso pretendía poner fin al matrimonio y él llevaba tiempo intentando averiguar si existía otra persona en su vida. Los agentes descubrieron que la mujer y Facundo coincidían con frecuencia en el mismo gimnasio, un dato que habría alimentado las sospechas del presunto agresor, aunque no se ha confirmado públicamente que existiera una relación sentimental entre ambos.
La noticia dejó completamente devastada a la mujer, que, según fuentes próximas al caso, recibió con incredulidad la información facilitada por los investigadores. Inicialmente se negó a creer que su marido pudiera haber cometido un crimen de semejante brutalidad y, posteriormente, quedó profundamente afectada por el desenlace de los acontecimientos.
El Grupo V de Homicidios considera que la rápida recopilación de pruebas, las imágenes de videovigilancia, los testimonios de los vecinos y el análisis del entorno de la víctima permitieron esclarecer el caso en apenas unos días. No obstante, el suicidio del principal sospechoso impedirá conocer muchos detalles que solo él podría haber explicado.
El crimen de Las Tablas deja así una historia marcada por los celos, la obsesión y la violencia, un caso que ha conmocionado tanto a Madrid como a la comunidad argentina residente en España y que vuelve a poner el foco sobre las consecuencias extremas que pueden derivarse de una espiral de control y desconfianza llevada al límite. @mundiario