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Mundiario 22 Jul, 2026 11:44

Cinco años del 11-J en Cuba: el día que el hartazgo rompió el silencio

Hace cinco años, miles de cubanos protagonizaron las mayores protestas populares desde el triunfo de la Revolución de 1959. Las manifestaciones del 11 de julio de 2021 fueron la expresión del hartazgo de un pueblo exhausto por la escasez, los apagones, la falta de libertades y la ausencia de expectativas y dejaron al descubierto el desgaste de un modelo incapaz de ofrecer prosperidad y libertad a sus ciudadanos.

Cuba se desangra lentamente, atrapada en un modelo político colapsado que llevó al país a una situación límite y al régimen a aceptar alternativas económicas que durante décadas calificó como un delito contra la revolución y hoy presenta como necesarias.

El escritor Leonardo Padura lo ha expresado con lucidez demoledora: ha sido necesario que la sociedad cubana descendiera a “la más tenebrosa crisis general” para que aquello que durante años fue considerado condenable pase a ser conveniente. La realidad ha derrotado a la ideología. En esa misma línea, el economista Julio Carranza reclama medidas urgentes y eficaces para transformar una economía incapaz de ofrecer unas condiciones de vida dignas a la población.

Que voces de la sociedad cubana reconozcan la necesidad de cambios profundos constituye la constatación del fracaso del modelo revolucionario, aunque la dictadura siga negándose a admitirlo.

Pero la paradoja es evidente. El régimen comienza a rectificar en la economía mientras se niega a la apertura política y al respeto de los derechos ciudadanos. Como denuncia la escritora Zoé Valdés, los cubanos críticos con el régimen son detenidos, interrogados y amenazados. Igual que las generaciones anteriores que desde 1959 han conocido la cárcel, la persecución, la censura, la confiscación de sus bienes y el exilio por pensar de manera diferente. Así, Cuba terminó convertida en una inmensa cárcel donde las libertades quedaron subordinadas a la fidelidad al régimen.

Por eso resulta inevitable hacerse algunas preguntas. Si el modelo comunista se abre ahora a la iniciativa privada y al mercado para evitar el colapso, ¿de qué sirvió condenar a todo un pueblo a tanto sufrimiento, tanta pobreza y tanta falta de libertad? ¿Cómo se repara a quienes perdieron su patrimonio, fueron encarcelados, torturados o empujados al exilio? ¿Creen los jerarcas del régimen que, como decía su fundador, “la historia les absolverá”? El precio pagado por millones de cubanos resulta sencillamente insoportable.

Cuba necesita recuperar la economía y las libertades para que sus ciudadanos puedan pensar sin miedo, discrepar sin ser perseguidos, trabajar sin tutela ideológica y elegir libremente a sus gobernantes. Solo entonces podrá decirse que Cuba, parafraseando a Celso Emilio, ha comenzado a salir de la “longa noite de pedra” que empezó en 1959. @mundiario

 

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