“Lo que los hombres valoran más en este mundo no son los derechos sino los privilegios”.
H.L. Mencken
La reforma electoral, dice la presidenta Sheinbaum, busca reducir privilegios, bajar el costo de las elecciones y fortalecer la revocación de mandato. La realidad, sin embargo, es otra. El objetivo de la iniciativa, ahora en su segunda versión, el plan B, es fortalecer a Morena y construir las bases de un nuevo sistema de partido de Estado.
Ayer la mandataria comentó que, si el Partido del Trabajo se atreve a desafiar al gobierno y rechaza la iniciativa, enfrentará problemas con los electores: “No creo que vayan a votar en contra de eliminar privilegios”. Sin embargo, la presidenta no ha aclarado cuáles son esos privilegios que dice que quiere eliminar. Lo que vemos más bien ahora es que la iniciativa quiere empatar la revocación de mandato con las elecciones intermedias y permitirle a la presidenta hacer campaña para influir en los electores. Es una medida que favorecería a Morena.
Ni el expresidente López Obrador ni la presidenta Sheinbaum estuvieron nunca interesados en hacer una reforma que corrigiera los problemas de fondo del sistema electoral. No se acercaron a los partidos de oposición, a pesar de que todas las reformas hasta ahora se hicieron en acuerdos con los opositores. La comisión que Sheinbaum creó para redactar la iniciativa original estaba formada solo por morenistas. Nadie más tenía derecho a opinar sobre las nuevas reglas electorales. La iniciativa se hizo para reforzar los privilegios de Morena y del régimen.
Morena no solo no buscó el punto de vista de la oposición, sino tampoco el de sus aliados, el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Por eso la primera versión de la reforma fue rechazada en la Cámara de Diputados. Los verdes y petistas sabían que eliminar los legisladores plurinominales y reducir los recursos de los partidos favorecería a Morena y pondría en riesgo a sus propias organizaciones. Estas medidas ya han sido eliminadas del plan B. La disputa ahora se centra en la decisión de llevar a cabo la revocación de mandato junto a las elecciones intermedias y permitirle a la presidenta hacer campaña. El propósito no es solo debilitar a los partidos de oposición, sino también a los satélites de Morena.
¿Reducir gastos? Tampoco se ve claro. Recortar los sueldos de algunos funcionarios del INE no representa un gran ahorro. La idea de poner límites al número de regidores no tiene sentido cuando se obligaría a muchos municipios a aumentarlos porque tienen menos.
Dice la iniciativa que “El objetivo es acabar con las prebendas y la corrupción de la alta burocracia, pues el gobierno no debe ser una carga para el pueblo y las personas servidoras públicas no deben tener ventajas a cargo del presupuesto”. La reforma, sin embargo, parece buscar exactamente lo contrario. Hoy más que nunca prevalece la corrupción en la alta burocracia y el gobierno se ha convertido en una carga para el pueblo.
Los servidores públicos y legisladores buscan sacar constantemente provecho de sus cargos. Una generación de nuevos ricos ofrece un despliegue de riqueza ofensiva a pesar de haber ocupado solo cargos públicos.
La única vacuna eficaz contra los privilegios radica en tener una verdadera democracia que permita la alternancia en el poder. Un funcionario corrupto no dejará de incurrir en la corrupción porque escucha discursos políticos. Solo lo hará si sabe que los abusos pueden ser identificados y denunciados por quienes se encuentran en la oposición.
Yo no fui
“No sabía. Fue un análisis técnico del SAT”, dijo la presidenta Sheinbaum ayer. Aprovechó para repetir la cantaleta de AMLO de que Mexicanos Unidos contra la Corrupción es realmente Mexicanos por la Corrupción. Curioso análisis técnico que quita la autorización de donatarias a cientos de organizaciones, pero se la da por la vía rápida a Humanidad con América Latina, cuyo propósito es dar ayuda a la dictadura cubana.
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