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El Imparcial 25 Mar, 2026 08:25

Reforzar privilegios

En la columna anterior hicimos referencia al reporte elaborado por Oxfam México, que, como explicamos anteriormente, es una organización que forma parte de un movimiento global para acabar con la desigualdad y que tiene presencia en más de 80 países en el mundo. Comentamos también, que derivado de las grandes diferencias entre pobres y ricos en México,

donde se encontraba en ese momento, el segundo hombre más rico del mundo, se hizo un estudio que demostraba que más de la mitad de nuestra población se encontraba en pobreza.

Ese estudio demostró que México es uno de los países más desiguales del mundo, pues el 1 % más rico de nuestra población —que es alrededor de 1.3 millones de personas— percibe el 35 % del ingreso total y posee 40 % de la riqueza privada nacional, mientras que por el lado opuesto, hay 18.8 millones de personas sin acceso a una alimentación nutritiva y de calidad y otros 38.5 millones con carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar.

Otro dato más preocupante aún, es el hecho de que la acumulación desmedida de riqueza, necesariamente lleva a acumular poder y con ello, a decidir a propia conveniencia muchos factores políticos y económicos y cuando esas decisiones quedan en manos de unos pocos, la democracia se vacía de contenido y se transforma en una oligarquía.

Hace tiempo comentamos en esta misma columna, el hecho de que el economista Thomas Piketty, mencionaba en su libro: “El capital en el siglo XXI”, que cuando las fortunas de los más ricos crecen más rápido que la economía, la desigualdad económica se profundiza y explicábamos en ese momento que la fortuna de Carlos Slim creció entre 1996 y 2024 más de 8 veces, mientras la economía mexicana ni siquiera duplicó su tamaño.

Piketty menciona que estos fenómenos hacen necesario revisar el tratamiento que se les da en las economías medias, como la de México, al manejo de esos capitales, los cuales, en muchas ocasiones evade el pago de impuestos, gracias a una intrincada red de movimientos que los pone a salvo del odioso pago de impuestos.

Esos multimillonarios, acumulan tal poder que algunos conciben la posibilidad de ser presidentes, mientras que otros se oponen a reformas legislativas que afecten sus negocios y en muchos casos, amagan a la autoridad con retirar sus inversiones del país para vetar decisiones políticas que los afectan.

Frente a ello, se requieren políticas públicas que “equilibren los cartones”, por ejemplo, otorgando un determinado porcentaje de los contratos de gobierno a empresas mexicanas PYMES y al mismo tiempo dotando de más fuerza a las autoridades encargadas de vigilar los monopolios, pero sobre todo, estableciendo impuestos progresivos a los grandes capitales.

Es necesario revisar a detalle, el papel de los grandes capitales en las bolsas de valores, para evitar que se conviertan en un vehículo para hacer riqueza sin distribuirla en la sociedad. Hoy más que nunca, en lugar de castigar la creación de empleos, a través del impuesto de nóminas, se requiere de deducciones y exenciones a las empresas que crean esas fuentes de trabajo; no al revés.

  • *- El autor es asesor empresarial en cabildeo.
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