Chihuahua.- La muerte de una mujer desplazada de la región serrana de Guadalupe y Calvo volvió a poner sobre la mesa una de las consecuencias menos visibles del desplazamiento forzado: la imposibilidad de regresar a la tierra de origen, incluso para dar el último adiós a un familiar.
La mujer falleció en la ciudad de Chihuahua tras enfrentar complicaciones derivadas de una enfermedad crónica. De acuerdo con sus familiares, padecía diabetes y, con el paso del tiempo, desarrolló un daño renal que finalmente provocó su fallecimiento, pese a la atención médica que recibió en un hospital de la capital.
Desde hace tres años, la familia reside en una colonia al oriente de la capital del estado, donde se estableció después de abandonar su comunidad en el municipio de Guadalupe y Calvo. Según relataron, la decisión de salir de la sierra estuvo motivada por las condiciones de inseguridad que impedían llevar una vida tranquila.
Sin profundizar en los hechos que originaron su desplazamiento, los familiares señalaron que las circunstancias en su comunidad ya no les permitían permanecer ahí, por lo que optaron por dejar atrás su hogar y comenzar una nueva vida en Chihuahua capital.
Ahora, además del duelo por la pérdida, enfrentan otra realidad dolorosa: no podrán sepultar a su familiar en el lugar donde nació y vivió durante buena parte de su vida.
Durante la entrevista, los familiares explicaron que el cuerpo será entregado para ser trasladado con otros parientes, pero descartaron que pueda ser llevado a su comunidad de origen, ya que las condiciones que los obligaron a salir continúan siendo un obstáculo para regresar.
La situación refleja una de las afectaciones que viven cientos de familias desplazadas por la violencia en distintas regiones de Chihuahua. Para muchas de ellas, el desplazamiento no solo implica perder su vivienda, su patrimonio o sus actividades productivas, sino también romper los vínculos con su comunidad, sus tradiciones y los espacios donde descansan sus seres queridos.
Respecto a la atención médica, la familia reconoció que la mujer recibió los cuidados necesarios durante su estancia en el hospital de la ciudad. Explicaron que, aunque era conocida su condición de diabetes, fueron las complicaciones renales las que agravaron su estado de salud.
Indicaron que el personal médico brindó la atención correspondiente mientras permaneció hospitalizada en la capital, aunque finalmente no fue posible evitar el desenlace.
La despedida se realizará en la ciudad de Chihuahua, donde permanecen la mayoría de sus familiares cercanos que también fueron desplazados. Algunos otros parientes recibirán el cuerpo, pero la familia reconoce que el deseo de darle sepultura en su lugar de origen quedará pendiente debido a que no existen condiciones para regresar.
El caso evidencia que las consecuencias del desplazamiento forzado se extienden más allá del momento en que las familias abandonan sus comunidades. Años después de haber dejado sus hogares, continúan enfrentando limitaciones que afectan aspectos profundamente humanos, como despedir a un ser querido en el lugar que consideraban su hogar.
Para quienes viven esta realidad, el exilio involuntario no termina al encontrar una nueva vivienda. También significa cargar con la incertidumbre de no saber cuándo podrán volver y, en algunos casos, aceptar que incluso los rituales de despedida deberán realizarse lejos de la tierra que los vio crecer.