El sistema de pensiones mexicano estuvo diseñado para un país que ya no existe. Prestaciones enormes para burócratas y sus sindicatos, así como edades tempranas de jubilación cuando la esperanza de vida era baja por debajo de los setenta años. Pero aumentó la longevidad y el País pasó y pasa por crisis estructurales económicas y financieras, que ya no permiten el pago de tantas pensiones y programas sociales. Además, en los últimos años, el subsidio a Pemex, a las megaobras del gobierno federal, así a como los programas sociales universales, anuncian un colapso que no se puede evitar. El asunto es cuándo será esta explosión.
La crisis de las pensiones en México se agrava, además, por la alta informalidad laboral, el envejecimiento de la población y los bajos ahorros históricos en las cuentas individuales de las Afores. Esto deja a gran parte de los trabajadores sin una jubilación digna y genera una enorme presión financiera para el gobierno. Más de la mitad de los trabajadores en el país laboran en la informalidad, no cotizan en el IMSS o el ISSSTE y no acumulan semanas ni fondos para el retiro. Las aportaciones obligatorias históricas en las Afores fueron muy bajas por lo que muchos adultos mayores reciben montos menores al salario básico. Hay menos trabajadores activos jóvenes y una cantidad mayor de adultos mayores.
Así, la proporción para sostener las jubilaciones se desequilibra cada vez más por lo que el pago de pensiones del Estado consume una porción muy grande de los recursos fiscales de los gobiernos federales y locales. Los institutos de seguridad social para trabajadores del Estado y de los estados arrastran déficits financieros graves también.
El punto crítico y cúspide de presión fiscal para las finanzas públicas será entre los años 2032 y 2034, es decir, a la mitad del tercer sexenio que gobierne Morena. Durante este periodo se llegará al pico máximo debido al retiro masivo de la última generación de trabajadores bajo la Ley 73 del IMSS, cuyas pensiones son financiadas directamente por el Estado, aunque el sistema ya se encuentra en una fase de crisis activa. Cuando termine la presidenta Sheinbaum, el gasto total en pensiones absorberá hasta el 7.8 % del PIB nacional, limitando drásticamente el presupuesto para salud, educación e infraestructura, que ya tenemos actualmente, pues el pago de pensiones absorbe actualmente alrededor del 22 % del gasto neto total del presupuesto público federal en México.
Las pensiones contributivas (IMSS, ISSSTE, Pemex y CFE), rondan el 18% del gasto neto; el porcentaje restante se destina a programas de pensiones no contributivas, como la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores.
En Europa y en países de América Latina como Chile, las pensiones reventaron las finanzas. La única manera de aliviar, fue aumentar la edad de jubilación y formalizar los trabajos para que haya en la pirámide, jóvenes que den aportaciones al sistema de pensiones. En México requerimos una reforma fiscal integral que ayude con mayor recaudación.
Veamos: Morena seguro ganará la elección del 2030; seguirá su alianza con el narco, meterán millonarios recursos a la campaña presidencial con dinero sucio y crecerán los programas sociales universales, aunque ya no habrá mega obras sin rentabilidad, ni reservas o fideicomisos. Pero volverán a ganar. Así, que al próximo Presidente varón morenista, le reventará la crisis, pues los niveles de deuda pública serán ya insostenibles.
Aunque hoy el sistema de pensiones en México no se sostiene con deuda pública, -lo que pondría en riesgo la estabilidad macroeconómica y la calificación crediticia del país-, la brecha financiera actual obliga al gobierno federal a recurrir a déficits fiscales y al uso de deuda para cubrir el gasto corriente ineludible, incluidas las pensiones.
La deuda pública ya ronda el 51 % del Producto Interno Bruto (PIB) y financiar el gasto de pensiones mediante endeudamiento continuo, elevaría los intereses a pagar (costo financiero y calificación crediticia), restando aún más dinero a los rubros de inversión. Dado que las pensiones no se pueden suspender por ley, el dinero tomado de la deuda o de la recaudación, seguirá reduciendo el presupuesto disponible para salud, educación e inversión en infraestructura, deteniendo el crecimiento del PIB.
Las matemáticas no fallan; las cuentas nacionales son objetivas: el sistema de pensiones se acerca a su crisis a mitad del próximo, el tercer sexenio morenista.