Japón vuelve a enfrentarse a uno de esos episodios que recuerdan por qué el archipiélago vive bajo la amenaza permanente de la actividad sísmica. El terremoto de magnitud 7,1 registrado en la prefectura de Kumamoto ha dejado al menos 18 fallecidos, centenares de heridos, miles de evacuados y una región sumida en una carrera contrarreloj para rescatar a quienes permanecen atrapados entre los escombros.
Aunque el país cuenta con algunas de las infraestructuras antisísmicas más sofisticadas del planeta, la violencia del movimiento telúrico y las continuas réplicas han demostrado que incluso la preparación más avanzada tiene límites cuando la naturaleza libera semejante cantidad de energía.
El seísmo principal alcanzó una magnitud de 7,1 y una intensidad máxima de 7 en la escala sísmica japonesa (Shindo), el nivel más alto del sistema empleado por la Agencia Meteorológica de Japón para medir el impacto real sobre la superficie. A diferencia de la escala Richter, que cuantifica la energía liberada, la escala Shindo refleja cómo se percibe el movimiento y el daño potencial sobre edificios e infraestructuras. Alcanzar el nivel máximo implica sacudidas extremadamente violentas, capaces de provocar derrumbes incluso en construcciones preparadas para soportar terremotos.
El epicentro se situó en la prefectura de Kumamoto, una región que ya conoce bien este tipo de tragedias tras la devastadora secuencia sísmica de 2016, que causó más de 200 fallecidos y dejó profundas cicatrices tanto materiales como emocionales.
Por su parte, el balance humano continúa empeorando conforme avanzan las labores de rescate. Las autoridades han confirmado al menos 18 fallecidos, aunque la cifra podría aumentar debido a que varios equipos siguen buscando personas desaparecidas bajo los edificios derrumbados.
Uno de los escenarios más dramáticos se encuentra en un centro comercial de la cadena Aeon, donde parte de la estructura colapsó antes de producirse una explosión que agravó los daños. Varias personas continúan desaparecidas mientras los equipos especializados trabajan entre estructuras inestables.
Otro de los puntos más afectados es la planta de Nippon Paper Industries en Yatsushiro, donde el derrumbe de una gran chimenea provocó varias de las víctimas mortales. A ello se suma un elevado número de heridos, algunos de gravedad, que está poniendo bajo enorme presión a los hospitales de la región. Diversos centros sanitarios han advertido de que sus camas comienzan a resultar insuficientes debido al constante ingreso de pacientes con fracturas, traumatismos y otras lesiones provocadas por la caída de muebles o el derrumbe parcial de edificios.
Las réplicas complican el rescate
Si algo preocupa especialmente a los especialistas es la intensa actividad sísmica posterior, ya que en apenas unas horas se han registrado decenas de réplicas de intensidad considerable. Entre ellas destaca una de magnitud 5,8 que volvió a sacudir Kumamoto cuando los servicios de emergencia aún trabajaban entre los escombros del terremoto principal. Por ello, la Agencia Meteorológica japonesa mantiene la alerta ante la posibilidad de nuevos temblores de gran intensidad durante los próximos días, ya que estas réplicas representan uno de los mayores peligros para los equipos de rescate.
Las consecuencias del terremoto no se limitan a los inmuebles derrumbados; de hecho, carreteras agrietadas, edificios debilitados y taludes inestables pueden colapsar en cualquier momento, dificultando tanto el acceso de los servicios de emergencia como la supervivencia de quienes permanecen atrapados.
Miles de hogares permanecen sin suministro eléctrico, mientras numerosas carreteras presentan importantes daños estructurales. También se han visto afectadas instalaciones industriales y hospitales, algunos de los cuales han tenido que reorganizar completamente su actividad tras perder el suministro eléctrico.
Fabricantes como Toyota y Honda han paralizado temporalmente parte de su producción para evaluar el estado de sus fábricas y de la cadena de suministros, una muestra de cómo un gran terremoto puede extender sus consecuencias mucho más allá de la zona directamente afectada.
¿Por qué Japón sigue sufriendo terremotos tan potentes?
La explicación se encuentra bajo sus pies: Japón está situado sobre el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una inmensa franja donde confluyen varias placas tectónicas responsables de aproximadamente el 90% de la actividad sísmica mundial. En este entorno, las placas del Pacífico, Filipina, Euroasiática y Norteamericana interactúan de forma constante, acumulando tensiones que periódicamente se liberan mediante terremotos de enorme intensidad.Precisamente por esa realidad geológica, Japón ha invertido durante décadas en sistemas de alerta temprana, normas de construcción extremadamente estrictas y protocolos de evacuación que figuran entre los más avanzados del mundo. Sin embargo, cuando un seísmo alcanza magnitudes como la registrada en Kumamoto, incluso esas medidas encuentran dificultades para evitar completamente las pérdidas humanas y materiales.
El éxito de las operaciones de búsqueda depende de que se actúe antes de que transcurran demasiadas horas desde el derrumbe de los edificios, un periodo crítico para encontrar supervivientes. Sin embargo, la evolución de las réplicas continúa condicionando cada movimiento de los equipos de rescate y eleva el riesgo de nuevos colapsos.
Mientras tanto, miles de personas permanecen en centros de evacuación, numerosas infraestructuras siguen siendo inspeccionadas y las autoridades mantienen desplegados miles de militares, policías y bomberos en una operación que vuelve a demostrar la enorme capacidad de respuesta japonesa, pero también la extraordinaria vulnerabilidad de cualquier sociedad frente a uno de los fenómenos naturales más destructivos que existen. @mundiario