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Mundiario 01 Aug, 2026 05:22

Un estudio revela una diferencia clave entre hombres y mujeres al salir de la anestesia

Durante décadas, la anestesia ha sido uno de los grandes misterios de la medicina moderna. Cada día, millones de personas atraviesan ese estado en el que el cuerpo queda inmóvil, la conciencia desaparece y el cerebro parece desconectarse temporalmente del mundo exterior. Sin embargo, un nuevo estudio apunta a que ese viaje de ida y vuelta hacia la consciencia no ocurre igual en todos los pacientes: el sexo biológico podría marcar una diferencia clave en la forma en la que el cerebro vuelve a activarse.

La investigación, publicada en la revista Science Advances, demuestra por primera vez que la recuperación tras la anestesia con ketamina sigue caminos distintos en machos y hembras. El trabajo ha sido realizado por científicos del Instituto Austriaco de Ciencia y Tecnología (ISTA), en colaboración con el Instituto Allen de Estados Unidos, y abre una nueva ventana para comprender por qué algunas personas recuperan antes la capacidad de responder al entorno después de una intervención quirúrgica.

Para observar ese proceso, los investigadores estudiaron el cerebro de ratones mediante una pequeña ventana craneal que permitió analizar en directo la actividad neuronal durante el despertar anestésico. Los resultados fueron claros: las hembras recuperaban antes la capacidad de interactuar con los estímulos externos y reorganizaban con mayor rapidez sus redes cerebrales.

“Las hembras recuperan con mayor rapidez su capacidad de respuesta a los cambios del entorno y, como consecuencia, reorganizan antes su red cerebral”, explica Sandra Siegert, investigadora del ISTA y autora principal del estudio. El hallazgo supone una pieza inesperada en un rompecabezas que la neurociencia lleva años intentando resolver: cómo exactamente el cerebro reconstruye su actividad después de quedar temporalmente alterado por una sustancia anestésica.

La microglía, la pieza que cambia el despertar del cerebro

El equipo de Siegert, según señala El País, ya había detectado en 2017 que machos y hembras reaccionaban de forma diferente ante la ketamina, pero desconocían qué ocurría exactamente durante la recuperación. Ahora han identificado un protagonista inesperado: la microglía, un conjunto de células inmunitarias del cerebro que funciona como sistema de vigilancia y mantenimiento del tejido neuronal.

En las hembras, estas células se activan con intensidad tras la anestesia y desencadenan una fase de “plasticidad sináptica”. Es decir, un periodo en el que las neuronas reorganizan sus conexiones para recuperar su funcionamiento habitual. En los machos, en cambio, esa respuesta no aparece de la misma manera.

Los investigadores señalan que el origen de esta diferencia podría estar relacionado con la corticosterona, una hormona vinculada al estrés. En las hembras, el aumento de esta sustancia activa el gen Fkbp5, presente también en humanos, y pone en marcha la respuesta de la microglía. Cuando los científicos eliminaron la fuente de esa hormona mediante la retirada de las glándulas que la producen, el mecanismo desapareció.

El descubrimiento no significa que el cerebro femenino sea simplemente “más resistente” o que la microglía responda siempre mejor al estrés. Amanda Sierra, investigadora del Centro Vasco de Neurociencia Achucarro especializada en microglía fagocítica, advierte de que se trata de un mecanismo concreto relacionado con el despertar tras la anestesia y que todavía es necesario comprender todas las fases de esta compleja cadena biológica.

Un aviso para una medicina que durante años estudió más a los hombres

Uno de los aspectos que más llama la atención del estudio es la falta de datos específicos sobre cómo responde el cerebro femenino a la ketamina. Sandra Siegert explica que, al revisar investigaciones previas, encontraron muy pocos trabajos centrados en mujeres, incluso en el ámbito de los tratamientos con ketamina para la depresión resistente.

La consecuencia es un viejo problema de la investigación biomédica: durante años, muchos ensayos clínicos han utilizado mayoritariamente participantes masculinos, lo que ha dejado lagunas sobre cómo pueden variar los efectos de determinados fármacos según el sexo biológico.

La ketamina, además, ya no pertenece únicamente al quirófano. Aunque continúa utilizándose como anestésico, su derivado esketamina se ha incorporado como tratamiento para algunos pacientes con depresión resistente. Por eso, entender las diferencias entre hombres y mujeres podría tener implicaciones más allá de las operaciones.

Los investigadores plantean incluso una posibilidad que deberá ser confirmada con nuevos estudios: si las mujeres activan mecanismos de recuperación más eficientes, quizá algunos tratamientos basados en ketamina podrían requerir dosis diferentes o estrategias personalizadas.

El siguiente gran desafío será comprobar si este fenómeno también ocurre en humanos. Tanto Siegert como otros expertos consideran imprescindible analizar muestras y pacientes reales para determinar si esta diferencia cerebral observada en ratones puede traducirse en una nueva forma de entender la anestesia y los tratamientos psiquiátricos. @mundiario

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