La tensión entre Estados Unidos e Irán no solo está teniendo consecuencias geopolíticas. También está alterando el equilibrio del mercado energético internacional, donde las principales compañías petroleras están obteniendo beneficios extraordinarios gracias al incremento del precio del crudo.
El encarecimiento del petróleo ha repercutido directamente en el coste de los combustibles para millones de ciudadanos estadounidenses. En apenas unos meses, el precio medio de la gasolina ha aumentado de forma considerable, alimentando una preocupación creciente por el coste de la vida y la inflación.
Este escenario representa un problema especialmente delicado para Donald Trump. El presidente estadounidense afronta unas elecciones legislativas de mitad de mandato en un contexto donde el bolsillo de los votantes vuelve a convertirse en una de las principales preocupaciones. El aumento del precio de la energía amenaza con erosionar uno de los argumentos económicos que la Administración ha intentado defender durante los últimos meses.
Por ese motivo, Trump ha mostrado públicamente su malestar con las petroleras, a las que acusa de estar obteniendo ganancias excesivas mientras los consumidores pagan cada vez más por llenar el depósito de sus vehículos. Aunque tradicionalmente se ha mostrado favorable al libre mercado, en esta ocasión ha criticado abiertamente el elevado nivel de beneficios que están registrando estas empresas.
Beneficios récord para las grandes compañías del sector
Los resultados financieros publicados por las principales multinacionales del petróleo reflejan con claridad el impacto del conflicto sobre el negocio energético.
La empresa saudí Aramco, considerada la mayor petrolera del mundo, anunció un fuerte incremento de sus ganancias durante el segundo trimestre del año, impulsada por unos precios internacionales más elevados y por una estrategia centrada en exportar productos refinados con mayor valor añadido, como el diésel.
El fenómeno no afecta únicamente a Oriente Próximo. Las estadounidenses ExxonMobil y Chevron también han presentado resultados muy superiores a los registrados un año antes, mientras que la británica Shell ha firmado uno de los mejores trimestres de toda su historia reciente.
Este comportamiento responde a un patrón que suele repetirse cada vez que se produce una crisis internacional que amenaza el suministro energético. Cuando existen riesgos para la producción o el transporte del petróleo, los mercados reaccionan elevando los precios ante el temor de posibles interrupciones del abastecimiento.
No es una situación inédita. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, el entonces presidente Joe Biden también criticó los beneficios extraordinarios de las compañías energéticas e incluso llegó a plantear la posibilidad de imponer un impuesto especial sobre esas ganancias.
Las rutas del petróleo siguen bajo presión
Uno de los factores que más incertidumbre genera es la seguridad de las principales vías marítimas utilizadas para transportar petróleo. El estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los puntos más sensibles del planeta para el comercio energético. Las dificultades para el tránsito de buques han reducido el flujo habitual de cargamentos, alimentando la volatilidad de los precios internacionales.
Arabia Saudí ha intentado reducir esa dependencia desviando parte de sus exportaciones hacia el mar Rojo. Sin embargo, esta alternativa tampoco ofrece plena seguridad. Los ataques y amenazas de los hutíes, grupo respaldado por Irán, han convertido el estrecho de Bab el-Mandeb en otro foco de riesgo para el transporte marítimo.
Según diversos analistas del sector, las exportaciones saudíes por esa ruta ya se han reducido de forma significativa debido al incremento de los ataques contra embarcaciones comerciales.
Los expertos consideran además que el actual nivel de beneficios podría no mantenerse indefinidamente. Parte de las ganancias recientes responden al uso de reservas acumuladas y a circunstancias excepcionales derivadas del conflicto. Si las tensiones disminuyen o el suministro recupera la normalidad, los precios del petróleo podrían moderarse.
Hasta que eso ocurra, las grandes petroleras seguirán beneficiándose de un mercado marcado por la incertidumbre, mientras la Administración Trump intenta contener el impacto político que supone el encarecimiento de la energía para millones de familias estadounidenses. @mundiario