La presión judicial sobre las grandes tecnológicas continúa creciendo en Estados Unidos. Esta vez, el foco vuelve a estar sobre Meta, la compañía propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, que deberá afrontar una sanción de 567 millones de dólares y aplicar cambios específicos en sus plataformas tras una resolución que podría tener consecuencias para todo el sector.
El fallo del tribunal estatal de Nuevo México supone un paso diferente respecto a anteriores procesos contra la compañía dirigida por Mark Zuckerberg. La decisión no se limita a establecer una compensación económica, sino que obliga a introducir modificaciones en el funcionamiento de las redes sociales cuando sus usuarios son menores de edad.
El juez Bryan Biedscheid considera que Meta provocó un “perjuicio colectivo” al no actuar de forma suficiente para proteger a los adolescentes frente a problemas como la exposición a contenidos dañinos, los riesgos de contacto con adultos desconocidos y los posibles efectos negativos sobre la salud mental.
La cantidad fijada por el tribunal se destinará a un fondo dedicado a programas de salud mental juvenil. Para calcularla, la sentencia tomó como referencia el impacto estimado de las plataformas de Meta sobre decenas de miles de adolescentes en Nuevo México.
La compañía, sin embargo, rechaza las conclusiones del tribunal y ya ha confirmado que recurrirá la resolución. Entre sus argumentos está que las redes sociales forman parte de un ecosistema más amplio y que los adolescentes utilizan muchas plataformas diferentes.
El diseño de las redes sociales, en el centro del debate
Uno de los elementos más relevantes del fallo es la comparación entre el funcionamiento de las plataformas digitales y el impacto ambiental causado por determinadas industrias. El juez sostiene que, al igual que una empresa contaminante debe hacerse responsable de los daños que genera, las compañías tecnológicas deben asumir las consecuencias sociales de sus productos.
Esta interpretación cambia el enfoque habitual del debate: la cuestión ya no se centra únicamente en si un usuario acepta o no utilizar una red social, sino en si la propia estructura de la plataforma puede favorecer comportamientos perjudiciales.
Por ello, la sentencia establece varias restricciones para los menores de 18 años. Entre ellas figura la eliminación del recuento visible de “me gusta”, la limitación de determinadas notificaciones durante la noche y en horario escolar, así como controles sobre el tiempo de uso acumulado en Facebook e Instagram.
Además, Meta tendrá que impedir que las cuentas de menores sean recomendadas a usuarios adultos con los que no mantienen conexión y limitar los mensajes entre ambos grupos cuando no exista relación previa.
Un precedente que puede cambiar la estrategia de las tecnológicas
Aunque la decisión todavía puede modificarse durante el proceso de apelación, expertos en derecho digital consideran que el caso puede convertirse en una referencia para futuras demandas contra las plataformas.
La diferencia frente al modelo europeo resulta especialmente significativa. Mientras la Unión Europea apuesta por un sistema de supervisión basado en la evaluación de riesgos de las propias compañías bajo el marco del Reglamento de Servicios Digitales, Estados Unidos está avanzando mediante decisiones judiciales que imponen obligaciones concretas.
El impacto de la sentencia podría ir más allá de Meta. Si se mantiene, otras empresas tecnológicas podrían verse obligadas a revisar sus sistemas de recomendación, sus mecanismos de interacción entre adultos y menores o sus estrategias para aumentar el tiempo de permanencia de los usuarios.
La resolución llega además en un momento de creciente preocupación internacional por la relación entre redes sociales y salud mental juvenil. Meta mantiene abiertos otros frentes legales en Estados Unidos, incluyendo demandas colectivas impulsadas por familias, instituciones educativas y varios estados.
La batalla judicial aún no ha terminado, pero el mensaje lanzado desde Nuevo México es claro: los tribunales empiezan a exigir que las plataformas digitales no solo respondan por sus beneficios, sino también por las consecuencias sociales del diseño de sus productos. @mundiario