El momento previo a la comparecencia presidencial quedó marcado por las imágenes del jefe de Estado saludando a los asistentes, sonriendo y enviando besos antes de abordar una tragedia que ya dejaba decenas de fallecidos y miles de afectados. Para varios sectores críticos, esos gestos contrastaron con el ambiente de duelo nacional y transmitieron una sensación de distancia frente al sufrimiento de las comunidades golpeadas.
Las reacciones no tardaron en aparecer. Algunos dirigentes y figuras públicas cuestionaron que el presidente mantuviera una actitud similar a la utilizada durante sus actos de campaña, cuando buscaba conectar con sus seguidores en escenarios políticos. Ahora, con la responsabilidad de dirigir la respuesta estatal ante una catástrofe, sus detractores consideran que el contexto exigía una postura más solemne.
El periodista Melquisedec Torres resumió una de las críticas más repetidas: “Hay que ubicarse, ya es el presidente de la República”. Otros opositores, como la representante Jennifer Pedraza, señalaron que la escena reflejaba una supuesta desconexión con el dolor de las víctimas.
La emergencia pone a prueba el liderazgo del nuevo Gobierno
Más allá de la controversia por las formas, el terremoto representa el primer gran desafío de gestión para un mandatario que apenas había asumido el cargo días antes. El sismo provocó daños graves en departamentos como Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas, con edificios afectados, carreteras deterioradas y comunidades obligadas a buscar refugio.
De la Espriella declaró la emergencia nacional y aseguró que su administración concentraría todos los recursos disponibles en la atención de los damnificados. El Gobierno anunció la instalación de centros de coordinación para organizar las labores de rescate, asistencia humanitaria y recuperación de las zonas afectadas.
Durante su intervención, el presidente pidió unidad nacional y afirmó que el Estado acompañaría a quienes perdieron familiares, viviendas o fuentes de ingreso. Sin embargo, sus mensajes quedaron parcialmente opacados por la polémica sobre su lenguaje corporal y la percepción de falta de empatía que expresaron sus críticos.
En una crisis de esta magnitud, la comunicación presidencial se convierte en una herramienta clave. La ciudadanía no solo evalúa la capacidad técnica del Gobierno para responder, sino también la cercanía emocional de sus líderes en momentos de incertidumbre.
Un terremoto que obliga a cambiar los planes económicos
El impacto del desastre también altera la hoja de ruta económica con la que De la Espriella llegó al poder. Su propuesta inicial estaba centrada en una política de austeridad, reducción del gasto público y control del déficit fiscal. Sin embargo, la reconstrucción de las zonas afectadas exigirá una fuerte movilización de recursos.
La emergencia obliga al Gobierno a priorizar inversiones en vivienda, infraestructura, salud y atención social, incluso si eso significa retrasar algunos de sus compromisos económicos iniciales. Los daños materiales y las necesidades de recuperación podrían aumentar la presión sobre unas cuentas públicas que ya enfrentaban dificultades.
Frente a la adversidad que hoy golpea a nuestro pueblo, el Estado no se dobla ni titubea. Este Gobierno asume con carácter, total disposición y compromiso absoluto la atención integral de las víctimas y la reconstrucción de las zonas afectadas por esta tragedia natural. Por ello,… pic.twitter.com/dPa63oFNIH
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) August 10, 2026
El Ejecutivo tendrá que equilibrar dos objetivos: responder con rapidez a la emergencia sin deteriorar aún más la situación fiscal del país. Entre las alternativas aparecen el uso de recursos extraordinarios, la reasignación presupuestaria y posibles mecanismos de financiación externa.
La tragedia también supone un reto político. De la Espriella llegó a la Presidencia con un discurso basado en autoridad y transformación del Estado, pero ahora enfrenta la demanda ciudadana de un Gobierno presente, capaz de proteger y reconstruir.
El terremoto no solo dejó edificios destruidos y comunidades afectadas; también modificó el escenario en el que comienza una administración que deberá demostrar si puede convertir la crisis en una prueba de liderazgo. @mundiario