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Ciudad y poder 11 Aug, 2026 17:50

Anaya ¿candidato a gobernador?

Una imagen comenzó a circular, quizá como ocurrencia, quizá como globo de ensayo: “Ricardo Anaya, gobernador de Querétaro”. En política pocas cosas aparecen porque sí. A veces se lanza un nombre simplemente para medir reacciones, escuchar silencios, provocar caras largas o descubrir quién se pone nervioso. Y por eso vale la pregunta: ¿Ricardo Anaya podría ser candidato del PAN al Gobierno de Querétaro en 2027?

Poder para intentarlo tiene. Eso es indiscutible.

Anaya sigue siendo uno de los políticos queretanos con mayor peso dentro de Acción Nacional. Tiene relaciones nacionales, conoce perfectamente la estructura partidista, conserva cuadros políticos en Querétaro y sabe operar como pocos. Es inteligente, disciplinado, posee una memoria extraordinaria, construye buenos argumentos y entiende la política como un tablero en el que cada movimiento tiene consecuencias.

Probablemente ningún político ligado a Querétaro de su generación llegó tan lejos. Fue dirigente nacional del PAN, diputado federal, protagonista del Pacto por México y candidato a la Presidencia de la República.

El problema de Ricardo Anaya nunca ha sido la falta de talento.

Su problema es otro: los votos.

Una cosa es controlar estructuras, construir acuerdos, mover piezas y ganar internas. Otra, completamente distinta, es pararse frente al ciudadano y conseguir que ese ciudadano quiera votar por ti.

Ahí está su principal debilidad.

Anaya nunca ha sido un político particularmente carismático. Tiene discurso, preparación y capacidad para debatir, pero difícilmente genera esa conexión emocional que sí tienen otros perfiles panistas. Agustín Dorantes la tiene. Felifer Macías también. Incluso políticos con menores capacidades técnicas que Anaya poseen algo indispensable en una elección constitucional: cercanía.

Porque las elecciones no se ganan solamente con inteligencia.

Se ganan gustándole a la gente.

Y el antecedente de 2018 pesa. Ricardo Anaya fue candidato presidencial y perdió ampliamente frente a Andrés Manuel López Obrador. Más importante aún para esta discusión: tampoco consiguió convertir a Querétaro en aquella fortaleza electoral personal que hubiera podido esperarse de quien tenía aquí buena parte de su historia política.

Eso no significa que sea irrelevante. Todo lo contrario.

Anaya tiene una enorme capacidad para construir candidaturas. Puede colocar piezas, generar condiciones, articular grupos y participar decisivamente en la definición del candidato panista a gobernador. Incluso podría tener suficiente fuerza interna para intentar convertirse él mismo en candidato.

Pero poder ser candidato y poder ganar una elección son dos cosas distintas.

Además está su historia dentro del PAN. Ricardo Anaya siempre ha sido un político de alta intensidad. Sus adversarios internos lo acusan desde hace años de una máxima muy sencilla: cuando compite, compite para ganar todo. No suele dejar espacios para medias tintas.

Su ascenso nacional explica mucho.

Fue cercano a Francisco Garrido, posteriormente creció dentro del panismo nacional, llegó a posiciones relevantes durante el gobierno de Felipe Calderón y encontró con Gustavo Madero una plataforma fundamental. Después terminó disputándole el poder al propio grupo que lo había impulsado.

Así es Anaya.

Un extraordinario jugador de ajedrez político.

El problema aparece cuando el ajedrecista tiene que convertirse en candidato.

Si hoy alguien dentro del PAN quisiera impulsar aquella leyenda de “Ricardo Anaya, gobernador”, tendría argumentos internos para hacerlo. Tiene trayectoria, estructura, relaciones, conocimiento y poder político.

Lo que tendría que demostrar es algo mucho más complicado: que puede transformar todo eso en votos.

Porque Querétaro en 2027 no será necesariamente el mismo Querétaro de elecciones anteriores. Morena ha crecido, la competencia será mucho más cerrada y el PAN necesitará un candidato capaz de conservar a sus electores tradicionales, pero también de seducir a quienes no votan exclusivamente por unas siglas.

Y ahí es donde aparece la interrogante.

¿Anaya sería capaz de hacerlo?

Puede operar una candidatura. Puede construirla. Puede influir decisivamente en quién será el candidato. Incluso puede tener fuerza suficiente para ponerse él mismo en la boleta.

Pero llegar a la boleta es apenas la primera parte.

Después vienen los ciudadanos.

Y esos no se nombran desde ninguna comisión permanente.

Analisis de Juan Carlos Olvera y Luis Gabriel Osejo en La Operación Dragón, de Lunes a viernes de 1 a 3 pm y de 7 a 9 de la noche por RadioCiudadyPoder.Mx

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