El fútbol turco vuelve a acaparar los focos del panorama internacional. Tras un periodo alejado de las portadas principales, el campeonato otomano se ha convertido en el destino estrella del mercado de pases gracias a la llegada de contrataciones de renombre. El caso más reciente es el de Dušan Vlahovi?, quien sonó de forma recurrente como el relevo de Robert Lewandowski en el FC Barcelona y terminó sorprendiendo al acordar su fichaje con el Be?ikta?.
El delantero serbio, agente libre tras finalizar su contrato con la Juventus, representa solo una parte de esta nueva ola de figuras que desembarcan en la competición. El entorno futbolístico otomano ha conseguido cautivar a futbolistas consolidados en las grandes ligas de Europa, demostrando que sus clubes vuelven a contar con la liquidez económica y la convicción deportiva necesarias para plantar cara en la élite.
El movimiento más impactante de esta ventana lo protagoniza Mohamed Salah. Tras marcar una época dorada en Anfield a base de goles y desborde, todo apuntaba a que el atacante egipcio optaría por un retiro dorado en la liga de Arabia Saudí. Sin embargo, en un giro inesperado para la prensa global, prefirió asumir el liderazgo del ambicioso proyecto del Trabzonspor.
Como era de esperarse, el traspaso ha generado bastante ruido en Inglaterra. Exfiguras de la Premier League como Jamie Carragher expresaron su disconformidad en el podcast Football Ramble. Pese a que el egipcio acaba de cumplir 34 años y viene de participar directamente en 22 anotaciones durante su último curso como Red (12 tantos y 10 asistencias), el exdefensa inglés sostiene que el tercer máximo realizador histórico del Liverpool conservaba la jerarquía suficiente para seguir en un torneo de mayor envergadura.
Esta combinación de juventud y veteranía estelar confirma la ambición renovada de la Superliga de Turquía. Con la suma de nombres como Vlahovic y Salah, el torneo no solo multiplica su atractivo televisivo y comercial, sino que vuelve a consolidarse como una alternativa altamente competitiva frente a los gigantes del continente.
¿Y qué decir de Greenwood?
Ciertamente, ni Vlahovic ni Salah pasan por el mejor momento de su carrera; sin embargo, la situación cambia de forma radical con el traspaso de Mason Greenwood desde el Olympique de Marsella.
El canterano del Manchester United, que fue defenestrado de la Premier League tras el terrible episodio de violencia doméstica que protagonizó, mostró buena parte de lo mejor de su fútbol en el Getafe. Con los azulones demostró que sus condiciones para este deporte son incuestionables, hasta el punto de que grandes como el Barça y el Atlético sondearon su fichaje.
No obstante, para sorpresa de muchos, se marchó a la Ligue 1 con el club del sur de Francia, donde siguió rindiendo espectacularmente con números de crack. En total, en dos temporadas completas, Greenwood registró 81 partidos oficiales, 48 goles y 17 asistencias.
El Marsella tenía que venderlo para cuadrar sus cuentas, pero lo sorpresivo es que, con 24 años y con grandes pretendientes tras sus pasos, decidió hacer las maletas para convertirse en compañero de ataque de Marco Asensio en el Fenerbahçe a cambio de 39 millones de euros y un contrato de cuatro años a razón de poco más de 10 millones de euros.
Una combinación de pasión y mucho dinero
El caso de Mohamed Salah demuestra que el salto al fútbol turco no responde únicamente a razones económicas. Más allá de los contratos atractivos, la pasión desbordante con la que se vive el deporte en ese país resulta un imán poderoso, incluso para recalar en un club como el Trabzonspor que, si bien ostenta una gran tradición, no figura entre los gigantes de mayor músculo financiero.
El experimentado atacante egipcio tenía sobre la mesa ofertas estratosféricas de Arabia Saudí, pero optó por un proyecto que le permite seguir compitiendo en el continente europeo con aspiraciones en la Europa League. A ello se suma el fervor de una de las aficiones más apasionadas del campeonato, la cual le brindó un recibimiento multitudinario capaz de erizar la piel a cualquiera.
Esos alicientes marcan la diferencia al momento de cerrar este tipo de traspasos. Muchos futbolistas anhelan experimentar en carne propia la atmósfera de estadios efervescentes y la tensión vibrante de cada jornada. Evidentemente, ninguno de ellos compite por pura caridad, pero en el tramo final de sus ilustres carreras, varios han preferido la mística y el calor de la grada por encima del cheque más alto. @mundiario