La crisis de Ceuta ha dejado de ser únicamente un problema de seguridad, inmigración y relaciones con Marruecos. También se ha convertido en un pulso institucional entre el Gobierno y el Senado, con la ausencia de Fernando Grande-Marlaska como nuevo punto de fricción. El ministro no acudió este miércoles a la Comisión de Interior de la Cámara Alta, pese a haber sido citado por una comisión convocada con carácter extraordinario a iniciativa del PP.
En consecuencia, los populares anunciaron que estudiarán todas las vías disponibles para que el incumplimiento de la comparecencia “tenga consecuencias”. Los senadores del PP se fotografiaron detrás de la mesa de la comisión, dejando en primer plano la silla vacía reservada para Marlaska. Sobre ella permanecía el cartel de “compareciente”, que uno de los senadores sugirió que sea reemplazado por uno que ponga “incompareciente”.
El presidente de la Comisión de Interior, Fernando Martínez-Maíllo, abrió la sesión señalando directamente la ausencia del ministro. Marlaska, sostuvo, estaba incumpliendo “una obligación constitucional y legal” y protagonizando un “acto de desobediencia deliberado”. El senador popular fue todavía más lejos al advertir de que la Cámara adoptará “las decisiones políticas y legales” necesarias para evitar que el episodio quede sin respuesta.
Los servicios jurídicos del PP ya estudian las posibilidades de recurrir la decisión del Ejecutivo. Entre las opciones que manejan los populares figura plantear un conflicto de atribuciones ante el Tribunal Constitucional, una vía utilizada en los otros choques que ha tenido la Cámara Alta con el Congreso.
Desde la Mesa del Senado tampoco se descartan otras alternativas jurídicas. La cuestión de fondo es determinar hasta dónde llega la obligación de un ministro de acudir a una comisión del Senado cuando ha sido formalmente requerido y si la decisión del Gobierno de trasladar sus explicaciones al Congreso puede justificar su ausencia de la Cámara Alta.
La silla vacía de Marlaska no es un problema de agenda, es la prueba de la cobardía y la incompetencia de este Gobierno.
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Marlaska responde que no existe voluntad de incumplir
El ministro, por su parte, ha defendido una interpretación radicalmente distinta. Mientras se celebraba la comisión, Marlaska se encontraba en Madrid coordinando el dispositivo de protección civil relacionado con el eclipse solar. Ante los medios, justificó su ausencia por las circunstancias de la jornada y recordó que está previsto que comparezca en el Congreso de los Diputados el 28 de agosto para explicar la crisis migratoria de Ceuta.
“No hay voluntad de incumplimiento”, sostuvo, sino la intención de continuar ejerciendo las responsabilidades del Ejecutivo y cumpliendo con sus obligaciones parlamentarias. El Gobierno argumenta que hacer comparecer a los ministros en ambas cámaras sobre los mismos asuntos generaría una duplicidad innecesaria. Esa es precisamente la tesis trasladada al presidente del Senado, Pedro Rollán, por el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas.
El PP no acepta ese argumento. Para los populares, comparecer posteriormente en el Congreso no elimina la obligación de responder ante el Senado cuando la Cámara Alta ha solicitado formalmente la presencia de un ministro.
Robles y Albares, las siguientes piezas del pulso
La sesión extraordinaria duró unos 40 minutos y tuvo una asistencia reducida. Además de los senadores del PP, acudieron representantes de Vox y Junts. No hubo ministro al que interrogar, pero sí un desfile de reproches. La senadora popular por Ceuta, Cristina Díaz, puso el foco en la situación que atraviesa la ciudad autónoma y defendió que la gravedad de la crisis impedía aplazar las explicaciones.
Vox anunció que volverá a solicitar la comparecencia de Marlaska y planteó incluso la posibilidad de promover su reprobación en el Pleno. Junts aprovechó su turno para criticar tanto al Gobierno como al PP y volvió a situar sobre la mesa su reivindicación de transferir a Cataluña competencias en materia de inmigración. El resultado fue una comisión sin compareciente pero con un claro mensaje político: el Senado no considera cerrado el asunto.
El episodio con Marlaska es solo el primer capítulo. El calendario diseñado inicialmente por el PP contemplaba las comparecencias de Margarita Robles, ministra de Defensa, y José Manuel Albares, titular de Asuntos Exteriores, además de la del ministro del Interior. La estrategia del Gobierno ha sido rechazar el calendario extraordinario planteado por el Senado y concentrar las explicaciones en el Congreso a finales de agosto.
Pero la situación de Robles es particular. La ministra habría negociado inicialmente un cambio de fecha para acudir a la Cámara Alta, aunque posteriormente la Moncloa dejó en suspenso el compromiso y anunció que fijaría su posición. En el caso de Albares, el PP da prácticamente por hecho que tampoco acudirá. Si se cumplen sus previsiones, la fotografía de la silla vacía podría convertirse en un motivo recurrente durante los próximos días.
Marlaska tenía la obligación de venir hoy al Senado a dar explicaciones a los españoles tras lo sucedido en Ceuta.
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Ni siquiera ha alegado problemas de agenda, no ha venido porque no ha querido.
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El Constitucional aparece de nuevo en el horizonte
El Senado, controlado por el PP gracias a su mayoría absoluta, pretende defender sus competencias de control parlamentario frente a un Ejecutivo que entiende que las comparecencias pueden organizarse evitando duplicidades entre las dos cámaras. La eventual llegada del conflicto al Constitucional elevaría todavía más la tensión entre ambas instituciones.
No sería, además, un episodio aislado. Las relaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la mayoría parlamentaria del Senado ya han generado anteriores controversias sobre las facultades de la Cámara Alta y los límites de la acción del Ejecutivo. Ahora, la crisis de Ceuta añade una dimensión especialmente sensible: seguridad nacional, inmigración, integridad territorial y relaciones con Marruecos. Por eso el PP considera que la ausencia de Marlaska no puede tratarse como un simple desencuentro de agenda. @mundiario