El debate sobre la seguridad en Europa está pasando de preguntarse si Rusia podría enfrentarse a la OTAN a analizar qué poca fuerza necesitaría Moscú para exponer las fisuras internas de la alianza.
Reportes recientes de inteligencia estadounidense indican que Vladimir Putin podría autorizar una operación limitada contra territorio de la OTAN entre ahora y 2029, posiblemente dirigida a Polonia o a los países bálticos. Los escenarios van desde el sabotaje cibernético y acciones encubiertas de desestabilización hasta una breve incursión territorial diseñada para obligar a los aliados a decidir si un ataque ambiguo justifica la defensa colectiva del Artículo 5.
Esta preocupación aumentó después de que un dron cargado de explosivos burlara la seguridad del aeropuerto de Leipzig-Halle, un centro logístico alemán utilizado por la OTAN, DHL y aeronaves ucranianas. Según informes, funcionarios estadounidenses vinculan el dispositivo con la inteligencia rusa, mientras que Berlín ha evitado culpar formalmente a Moscú. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, afirma que Alemania se enfrenta a una guerra híbrida “diaria” y planea duplicar su número de especialistas federales en sistemas antidrones hasta alcanzar los 300. Rusia niega cualquier implicación.
La vulnerabilidad política es tan importante como la militar. Washington está reduciendo su despliegue de tropas en Europa, Donald Trump ha presionado repetidamente a los aliados sobre el reparto de la carga de defensa y las reservas de interceptores de EE. UU. se han visto reducidas por el conflicto con Irán. La OTAN intenta transformar el aumento del gasto en fuerzas operativas listas para cualquier escenario, mientras sus miembros se han comprometido a destinar el 5% de su PIB a defensa para 2035.
En tanto, Ucrania atacó la infraestructura naval rusa en Novorosíisk con misiles y drones aéreos y marítimos, mientras Moscú lanzó otra oleada de drones y misiles contra Ucrania. Kiev también sostiene que Putin podría estar preparando otra movilización masiva tras las elecciones parlamentarias rusas de septiembre. La diplomacia, por su parte, avanza en paralelo. Volodímir Zelenski afirmó esta semana que Ucrania ha enviado a Washington una propuesta para poner fin a la guerra, aun cuando las negociaciones permanecen estancadas.
El peligro para la OTAN es una provocación calibrada: suficiente presión para generar una crisis, pero tal vez sin la magnitud necesaria para garantizar una respuesta unificada. La ventaja de Moscú residiría en las dudas de la OTAN, no en una superioridad militar.