Objet a era el término que Jacques Lacan utilizaba para referirse a la falta, esa ausencia que pone en marcha nuestros deseos: un objeto-causa más que un objeto físico. Un título igual de apropiado para la nueva película de Ann Oren sería objeto de la A a la Z, dada la vasta gama de cosas, cotidianas y oscuras, que se convierten en material fetichista en sus 95 minutos. La cinta sigue a dos brillantes cirujanos que ejercen un control absoluto en el quirófano, pero se rinden a impulsos mucho más salvajes en el dormitorio.
Objet a es la continuación de Oren a la fantasía erótica que planteó en 2022 con Piaffe, y debería conservar el culto ferviente de aquella película y sumar nuevos conversos en las salas de arte y ensayo. Oscilloscope Laboratories ya adquirió los derechos para Estados Unidos de esta rareza, estrenada, como Piaffe, en la competición principal de Locarno. Con ella, Oren se consagra como autora consolidada, de estilo y obsesiones muy distintivas, gracias también a interpretaciones de gran audacia física de las estrellas alemanas Aenne Schwarz y Louis Hofmann.
Un accidente que lo cambia todo
Ingeborg (Schwarz) y Adam (Hofmann) son dos cirujanos de mano que viven una existencia de precisión y rutina: calistenia y huevo duro cada mañana, atuendos negros impecables y rígida disciplina en el trabajo. Pero bajo esa superficie inmaculada aparecen aspectos más interesantes: Ingeborg es cleptómana, con predilección por objetos vintage robados, mientras que Adam es un sumiso que disfruta siendo objetivado por su pareja.
La pareja mantiene separadas ambas facetas de su vida hasta que un accidente las desestabiliza. Tras robar el encendedor de un hombre en el metro, Ingeborg tropieza al huir y sufre una fractura que amenaza con dejarla incapacitada durante meses. Quien presencia la caída y se ofrece a ayudar es Gaia (Simone Bucio, protagonista de Piaffe), una antigua paciente que acepta ser su asistente durante la recuperación, algo que inquieta a Adam.
Un escalofrío se instala en el dormitorio, pese al potencial erótico de la nueva prótesis ortopédica de Ingeborg, hecha a medida. El corsé, que recuerda al que lleva Rosanna Arquette en Crash, de David Cronenberg, es un artilugio de cuero y acero fabricado en una tienda llamada Objet a.
El cuerpo como ecosistema
A medida que su discapacidad despierta nuevos deseos, Gaia se convierte en una vía de escape para la pareja, y aporta sus propias obsesiones, entre ellas una conexión con la tierra que provoca que broten hongos en todo tipo de grietas hasta entonces impolutas. Adam, que al principio se siente excluido, acaba integrándose gracias al hechizo de Gaia, con su propio objeto equivalente al corsé de Ingeborg: uno de madera, curvado y adaptado a su anatomía.
Como Piaffe, también protagonizada por Bucio, Objet a no sensacionaliza sus absurdos eróticos, sino que los disfruta con sinceridad, mientras explora cómo el cuerpo humano se corresponde con el ecosistema vivo que nos rodea. Las interpretaciones físicas de Schwarz y Hofmann sirven a esa tesis, con un lenguaje corporal que vibra en el ambiente febril de la película, realzado por la fotografía en 16 mm de Juan Sarmiento G.
La obra de Oren sigue siendo positiva respecto al sexo, pero sin vaciedad; en consonancia con sus personajes, Objet a defiende que cuanto más controlamos nuestros deseos, más nos alejamos del mundo natural y de todo lo insólito que este tiene para ofrecer.