Durante años, los antibióticos han sido una de las grandes herramientas de la medicina moderna, pero su uso excesivo ha convertido a las resistencias bacterianas en una amenaza sanitaria mundial. En España, sin embargo, los últimos datos dibujan un cambio de tendencia: el consumo de estos medicamentos ha vuelto a reducirse y recupera la senda positiva que se había visto alterada durante la pandemia de Covid-19.
Según los datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), recogidos dentro del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), el consumo de antibióticos descendió un 5,1% en 2025 respecto al año anterior. El indicador se sitúa ahora en 22,94 dosis diarias definidas (DHD) por cada 1.000 habitantes, frente a las 24,26 registradas en 2024.
La cifra supone un regreso a los niveles de mejora que España había mantenido antes de la crisis sanitaria. Durante la pandemia, el consumo de antibióticos experimentó un repunte relacionado con distintos factores asistenciales y con el aumento de determinadas prácticas médicas. Ahora, los datos muestran que el país vuelve a avanzar en una estrategia clave: utilizar estos fármacos solo cuando son necesarios y de la manera más adecuada.
La evolución refleja también un cambio más profundo en la relación de la sociedad y los profesionales sanitarios con los antibióticos. Desde 2015, cuando España alcanzó su máximo histórico con 28,2 DHD, el consumo ha caído un 18,8%. Una reducción impulsada especialmente por el descenso en el uso de penicilinas, el grupo de antibióticos más empleado en el país y que concentra más de la mitad del consumo total.
El reto pendiente: llegar al objetivo europeo de 2030
Aunque la tendencia es positiva, las autoridades sanitarias recuerdan que el camino todavía no ha terminado. La AEMPS señala que España debe seguir reduciendo el consumo hasta alcanzar el objetivo europeo fijado para 2030: situarse en 18,2 DHD.
La Atención Primaria continúa siendo el ámbito donde se concentra la mayor parte del uso de antibióticos, debido al elevado número de infecciones tratadas en consultas médicas. En los hospitales, en cambio, el consumo mantiene una evolución más estable, aunque sigue siendo un punto clave de vigilancia por la complejidad de los tratamientos y la presencia de bacterias más resistentes.
No solo importa cuánto se consume, sino qué antibióticos se utilizan
Uno de los aspectos más relevantes de los nuevos datos del PRAN es que la mejora no se limita a la cantidad de antibióticos empleados. También se observa una evolución positiva en la calidad de la prescripción.
La clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que divide los antibióticos según su impacto en la aparición de resistencias, muestra que España está avanzando hacia un uso más responsable. Los medicamentos considerados del grupo “Access”, recomendados como primera opción para muchas infecciones habituales, aumentaron un 1,6%.
Al mismo tiempo, disminuyó un 2,8% el consumo de antibióticos incluidos en el grupo “Watch”, aquellos que requieren mayor precaución porque tienen un mayor riesgo de favorecer resistencias bacterianas.
Este cambio es especialmente importante porque la resistencia a los antibióticos no es un problema del futuro, sino una amenaza presente. Cuando una bacteria deja de responder a un tratamiento, infecciones que hoy se consideran fáciles de tratar pueden convertirse en problemas médicos mucho más complejos.
El papel del PRAN en una batalla sanitaria a largo plazo
El Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), impulsado por la AEMPS, nació precisamente para afrontar este desafío mediante la vigilancia, la formación y la promoción de un uso responsable de estos medicamentos.
La estrategia no busca únicamente reducir cifras de consumo, sino preservar la eficacia de los antibióticos disponibles para las próximas generaciones. La pérdida de eficacia de estos tratamientos podría afectar desde intervenciones quirúrgicas hasta terapias contra enfermedades graves en las que estos fármacos resultan imprescindibles. @mundiario